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Cine

Belleza Inesperada

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En “Belleza Colateral” priman las mejores intenciones. Está situada en la víspera de Navidad, por lo que busca ser una de las películas que aparecen en esta época y así ofrecer el empujoncito final para terminar bien el año. El elenco se compone de una multimillonaria lista de actores de primera categoría, y además cuenta en su centro con una idea bastante atractiva, la que fue engañosamente explotada en el tráiler para generar mayor interés. A pesar de todo esto, es un naufragio. Esto no significa que no tenga sus momentos rescatables, pero la gran mayoría van de olvidables a molestos, e incluso ocasionalmente ridículos.

Howard (Willy Smith) era un emprendedor visionario e inusualmente carismático, lo que lo llevó a crear una exitosísima empresa de publicidad junto a sus amigos y socios Whit (Edward Norton), Claire (Kate Winslet) y Simon (Michael Peña). Todo esto se acaba cuando su hija de seis años muere por un cáncer. Ahora Howard no habla ni trabaja, y todo a su alrededor se está desmoronando. Dependerá de la intervención de tres carismáticos actores para hacerle volver a la vida y enfrentar sus traumas, antes de que sea demasiado tarde.

Si hubiera que resumir en una sola palabra la razón detrás del desastre de “Belleza Colateral”, esta sería “forzada”. Dejando de lado las actuaciones del elenco, que hacen un intento sincero por sacar el mayor provecho al pobrísimo material con el que les tocó trabajar, una cantidad no menor de elementos presentes en la película están agrandados y explotados a un nivel que molesta. Incluso, a ratos se siente como que uno está siendo acorralado y obligado a creer o hacer algo que no necesariamente quiere.

El primero y más grotesco de estos aspectos a la fuerza, es la seguidilla de escenas de llanto. En cerca de seis momentos aparecen personajes frente a la cámara con los ojos chorreando agua, como si bastara con esta señal para que el público hiciera lo mismo. Muchos de estos instantes aparecen de manera prácticamente fortuita, por lo que carecen de la acumulación de hechos necesaria para producir la catarsis en los espectadores.

La película también peca de querer explicarlo todo. En vez de dejar algunas cosas en el aire aprovechando que se trata de una ficción y no de un documental, la historia se va por recovecos tediosos e innecesarios con el fin de que todo quede absolutamente claro. Esto choca de frente con el par de veces en que la cinta opta por la ambigüedad, la que emerge tan anticipada que no resulta para nada interesante. Luego viene el problema de la caracterización. En un claro ejemplo de incomprensión hacia el concepto de construcción de personajes complejos, el guion presenta a los tres amigos de Howard como dominados por dos aspectos: una imagen pública dura y decidida, y un “lado oscuro” oculto. Estas dos caras de la misma moneda dictan todas sus acciones de manera completamente predecible, más que nada porque están trabajadas con tan poca sutileza, que eluden la compleja gama de grises que actúa en la psiquis humana a la hora de tomar decisiones.

A la par con esta sobre caracterización, el otro trío de personajes (los interpretados por Helen Mirren, Keira Knightley y Jacob Latimore) son abandonados como meros arquetipos. Especialmente grotesco es el personaje de Knightley, quien es presentada como una actriz “emocional”, lo que se traduce en que llora cada vez que se ve presionada y es capaz de abandonarlo todo de un momento a otro. Sin embargo, estos tres personajes son lo mejor de la película, debido a que juegan un poco más con las expectativas del público y el límite entre la realidad y la ficción.

Si “Belleza Colateral” se hubiera apegado un poco más a su antecedente más claro, “Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens, quizás hubiera podido despegar. El paralelo entre los tres espíritus de las navidades pasadas y los tres actores acá presentados es muy claro. Donde se arruina es en desaprovechar su potencial alegórico. Si la película hubiera dedicado menos tiempo al plan y las intrigas de los amigos de Howard, y más al viaje personal de este mismo –que era un poco lo que prometía el tráiler–, su premisa podría haber dado para una gran obra. Por lo mismo, si las consecuencias causadas por la negligencia del personaje de Will Smith hacia su trabajo hubieran tenido un peso real, esto a su vez podría haber entregado el riel perfecto para que se desarrolle una historia más atractiva. Pero no fue así, por lo que “Belleza Colateral” quedará como uno más de los bodrios que emergen cerca de fin de año como las callampas después de la lluvia. Lo que es una verdadera lástima, porque pudo haber sido tanto más que eso si se hubiera encontrado con manos más capaces.

Por Lucas Rodríguez

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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