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Balada Triste de Trompeta

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El noveno largometraje del español Álex de la Iglesia, es una de esas películas que se aman o se  odian. Los fanáticos del director, no saldrán decepcionados al encontrarse con un filme que repite todos los tópicos del cineasta, llevándolos hasta su punto más extremo, en la que él mismo ha declarado, como su mejor película hasta la fecha. Para el resto de los espectadores, se recomienda ir a verla con conocimiento de causa, ya que “Balada Triste de Trompeta” es una oda al exceso, bordeando el límite entre el mal gusto y lo meramente morboso. No sólo en lo crudo y violento de sus imágenes, sino que también, en una historia retorcida y trágica, donde la sed de venganza, dirigen al protagonista a la locura absoluta.

La película comienza en plena guerra civil española, donde una función de circo es interrumpida por los militares, quienes reclutan a los trabajadores del lugar para luchar contra los rebeldes. Javier, hijo de uno de los payasos del circo, tiene que sufrir las penurias de la guerra, mientras su padre es prisionero de la milicia. Con el sueño de seguir el legado de su progenitor, Javier decide convertirse en payaso. El único problema es que él no hace reír a los niños, debido a que nunca pudo sentirse como uno, haciéndose llamar “El Payaso Triste”. En el circo conocerá a Natalia, practicante de tela y novia de “El Payaso Feliz”, con quien comenzará una sangrienta contienda por el corazón de la chica.

Muchos han querido entregar una serie de lecturas sobre el verdadero significado de la película. Desarrollada en plena dictadura franquista, los protagonistas vendrían a ser una metáfora de la España de aquellos años. No por nada uno de los personajes, durante la secuencia final, enuncia: “No somos nosotros, es este país que no tiene remedio”, en una de las cuantas alusiones a la situación que vivía España durante esa época. A decir verdad, estas interpretaciones pueden ser válidas en un análisis más acabado de la cinta, ya que lo que se nos entrega a primera vista dista mucho de la metáfora, que se supone, se esconde detrás de la trama.

El relato brilla por su exceso, en situaciones donde la verosimilitud de lo que estamos viendo, depende meramente del compromiso del espectador con la película. Es difícil entrar en el juego del director, cuando la trama avanza a ratos, sin una dirección concreta. Muchos podrán alegar que el estilo y estampa del español es sólo apreciable por unos pocos, pero la verdad es que, al terminar su visionado, este servidor sólo tuvo sentimientos encontrados.

Por una parte, la puesta en escena es magnífica. El trabajo de arte y cinematografía, se luce cuando toca retratar a la España de los años treinta. El diseño de los personajes y locaciones, son de lo mejor de la película. Las actuaciones también se mantienen en buen nivel; a pesar de que los personajes puedan resultar estereotípicos -o hasta caricaturizados-, cumplen. El gran problema está en la construcción de la trama. Una especie de sangrienta comedia romántica, donde dos hombres se harán pedazos – literalmente- por el amor de Natalia, quien cumple el rol de femme fatale. La trama se mueve por los celos, deseos y fantasías de los personajes, en un constante “quiero y no puedo”, que da como resultado un filme que nunca logra establecerse en un tono. Tampoco ayuda el hecho de que la empatía por el personaje principal, sea prácticamente nula, convirtiéndose en una suerte de “ángel vengador” sesgado por la venganza y la locura, sobre todo en el tramo final, donde la exageración de la propuesta llega a caer en el completo absurdo.

Álex de la Iglesia firma una película cuya máxima virtud reside en la libertad absoluta que se siente detrás de cada fotograma, que pueden gustar o no, pero definitivamente confirman que ésta es la película más personal del realizador. Si son capaces de entrar en su juego, y son aficionados al cine del español, disfrutarán “Balada Triste de Trompeta”, para todos los demás, se recomienda acercarse con cautela.

Por Sebastián Zumelzu

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Andrés González

    10-May-2012 en 2:50 pm

    Esta película la vi el fin de semana pasado… Me gustó mucho, como CASI toda la filmografía de A. de la Iglesia.
    Saludos!!!

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Cine

Star Wars: Los Últimos Jedi

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Star Wars: Los Últimos Jedi

Enfrentarse al desafío de continuar el legado de la magnánima franquicia de Star Wars, es un reto que no sólo debe tomarse con precaución, sino también con valentía. “Star Wars: Los Últimos Jedi” se posiciona en la cartelera con el camino bien pavimentado. Tras la sorpresiva aparición de “The Force Awakens” (2015) y el arrollador éxito de “Rogue One” (2016), el episodio ocho tiene por desafío mantener (y elevar) la barra de calidad que sus dos antecesoras han cimentado. Así como sus protagonistas tienen la responsabilidad de hacerse cargo del lado luminoso y oscuro de La Fuerza, esta película tiene como meta no sólo entretener y dar taquilla, sino cambiar el paradigma con el cual la saga se ha abordado en sus cuarenta años de historia.

La película retoma donde nos dejó el episodio VII. La primera orden ha destruido a la nueva República y, a pesar de haber perdido la base Starkiller, su superioridad militar respecto a la resistencia deja a los rebeldes al borde de la desaparición. Por otro lado, la chatarrera sensible a La Fuerza, Rey (Daisy Ridley), intenta traer de vuelta a la resistencia al legendario y deprimido Jedi, Luke Skywalker (Mark Hamill). La paz en la galaxia pende de un hilo y las fuerzas de ambos bandos se jugarán todas sus cartas en un choque inevitable, del cual uno de los dos no saldrá bien parado.

La trama de “Los Últimos Jedi” no deja espacios para respirar. Juega a tres bandas argumentales que consiguen conjugarse con la armoniosa astucia que sólo Disney parece conocer: la tensa acción, la sensible introspección y la rápida comedia. Porque sí, “Los Últimos Jedi” encaja perfectamente en la efectiva fórmula de las películas de Marvel; un equilibrio eficaz entre el vértigo, la intimidad y el cómodo drama, todo condimentado con amplias dosis de risas fáciles. Gracias a esto, la trama planteada por el director y guionista, Rian Johnson, consigue avanzar rápidamente y no deja muchos momentos para la discusión (aunque después del análisis ciertas cosas no cuadran mucho). Aun así, la historia se hilvana perfectamente con la línea editorial planteada en “The Force Awakens”, o más bien consigue madurar esas directrices y las empuja hacia los límites que su cinética narrativa permite. El guion avanza en tres líneas narrativas que progresan con una lógica aceptable y que consigue sumergirnos en el suspenso, la intriga y, sobre todo, la sobretonal emoción que la película pretende ostentar.

Los personajes se dividen en dos grupos claramente definidos: la nueva generación y las antiguas leyendas. Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), rostros habituales, encabezan cada uno un arco argumental cargado de tensión y contratiempos. Finn juega un papel fundamental en el desarrollo de la trama entre la resistencia/primera orden y, aunque sus acciones se delimiten más por el azar que por mérito propio, consigue desarrollar una historia funcional y sin vueltas muy complejas. Dameron, por otro lado, finalmente protagoniza la trama que se le debía desde el episodio pasado y, como comandante de la resistencia, se enfrenta a decisiones morales que conllevan a enfrentar un tópico recurrente en el universo Star Wars: la impetuosa juventud versus la sabiduría que da la experiencia ¿Qué es más necesario, mártires o líderes? Una reflexión que la franquicia había obviado y que, por fin, se materializa con orgánica eficacia en la trama del piloto más hábil de la resistencia.

Pero todo esto no es más que un acompañamiento para lo realmente interesante, Rey y Kylo Ren (Adam Driver), quienes se roban toda la atención del filme al ser, quizás, los personajes de la franquicia fílmica que mayor conexión tienen con La Fuerza. En este punto, Johnson consigue un sorprendente manejo del suspenso y la inmersión. Nos mantiene capturados durante toda la película en espera a ver cómo se resuelven las dudas planteadas en el episodio anterior y consigue cosechar un crecimiento, si bien no sobresaliente, al menos creíble de sus nuevos héroes. El manejo del misterio y la intriga en la trama de los dos sensibles a La Fuerza es el punto más destacado de esta historia, la cual no termina por sorprender, pero si consigue coherencia y solidez respecto a los personajes que construye. Rey evoluciona, con sentido y razón, pero sigue siendo un personaje plano y bidimensional, mientras que Kylo Ren no hace más que avanzar, a veces desde la puberta hipérbole, como el gran protagonista de la nueva franquicia.  Ambos son los indiscutibles líderes de esta nueva camada de películas, quienes, en distinta medida, mantienen con vida la ambigüedad que implica La Fuerza, la luz y el lado oscuro; lo correcto y lo necesario.

Por otra parte, es imposible obviar a las leyendas Luke Skywalker y Leia Organa (Carrie Fisher). La princesa cumple su rol como general y personaje de apoyo, mientras que Luke, en esta faceta decaída y cabizbaja, entrega una interesante interpretación como último y decadente maestro Jedi. En este punto vale la pena detenerse, pues Disney parece no tener escrúpulos en volver evidente su divorcio con el legado de George Lucas y continuar con su insípido manejo de los personajes clásicos. Los hermanos Skywalker tienen limitados momentos propios a lo largo del filme, pero, por cómo se les aborda, pareciera que cuarenta años de legado súbitamente han desaparecido en provecho de los nuevos protagonistas. Asimismo, los secundarios “de antaño” han desparecido casi por completo y sus participaciones son limitadas a la comedia y los gags. Una lástima.

En lo técnico la película es un acierto en todas sus áreas. Fotográficamente, la madurez de la saga salta a la vista. Diversos fotogramas nos entregas variadas metáforas visuales que nos hablan del mundo interno de los personajes, como la frustración que siente Luke o la soledad que rodea a Rey y Kylo. La música, a cargo del maestro John Williams, se empareja con el montaje y levantan escenas enteras, entregándonos un espectáculo de vértigo, suspenso y emociones.

Visualmente el filme es un éxito en justa regla. La brutal pericia de la post producción demostrada por LucasFilm en las dos entregas anteriores alcanza su peak en este momento, dando vida a mundos llenos de detalles (el caso de los planetas) y dotando de espectacularidad toda la marcialidad de la Nueva Orden. En terrenos espaciales, las batallas están logradas bastante bien y, aunque limitadas, divierten dentro de lo posible. En general los combates, espaciales y terrestres, no son el plato fuerte del filme (en comparación con la suprema “Rogue One”), no así las coreografías e intrépidas batallas de sables láser y similares, las cuales deslumbran gratamente. Esta es una película que visualmente envejecerá muy bien y cuyos méritos en ese apartado no pasan solamente por la solidez de sus efectos especiales, sino también por la clara sensibilidad detrás de su visión fotográfica y su armado de montaje.

“Los Últimos Jedi” finalmente se libera de la mochila que implica cargar con ocho películas en su espalda y, a la velocidad de la luz, emprende vuelo propio en pos de la nueva generación, tanto de héroes como de espectadores. Los tiempos han cambiado y así mismo lo han hecho las audiencias y los realizadores, por lo que es obvio que la narrativa de Star Wars mute hacia la sintonía de Disney y sus otras patentes: comedia fácil, villanos planos y héroes bidimensionales que coexisten en una trama de manual escrita por talentosos guionistas. Si “The Force Awakens” fue un evidente tributo a la trilogía original, “Los Últimos Jedi” toma limitados y puntuales elementos de la saga, les da identidad propia y consigue entregarnos algo jamás visto, nuevo y propio. Quienes esperen revisionar “The Empire Strikes Back” (1980), acá no la van a encontrar. La saga ha tomado su propia ruta y, salvo puntuales momentos, delimita un nuevo camino por el que continuará la franquicia; no hay vuelta atrás. El filme es el heredero perfecto para la línea editorial planteada en el episodio VII, la hija prodigio de la space opera de J.J. Abrams. Sea esto bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá.


Título Original: Star Wars: The Last Jedi

Director: Rian Johnson

Duración: 152 minutos

Año: 2017

Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Óscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong’o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis


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