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Avengers: Infinity War Avengers: Infinity War

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Avengers: Infinity War

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Un total de 2.299 minutos –más de 38 horas– repartidas a lo largo de 10 años conforman uno de los experimentos cinematográficos masivos más grandes y ambiciosos que se hayan completado, a menos en parte en nuestro tiempo. Con el establecimiento del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU), que comenzó oficialmente en 2008 con “Iron Man“, se cumple una década en que, a través de 18 películas de diferentes realizadores –la mayoría con la casa Disney por detrás–, han retratado en pantalla grande parte del vasto cosmos y otorgado de particulares estilos a los personajes creados por Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y otros genios de la tinta y el papel de historietas.

Con una fiel camada de fans alrededor del globo y un primer acercamiento en “Captain America: Civil War” (2016) a lo que sería tener tanto personaje en pantalla, la expectación creada ante un clímax apoteósico que auguraba la línea cronológica de los cómics (es necesario recordar que el MCU se desligo hace bastante de ese canon), la película más larga hasta la fecha nos entrega un goce visual para quienes siguen las historias de superhéroes hace años; un retorno quimérico en que cada escena post-crédito cobra sentido, y una experiencia insaciable de un viaje que es en realidad sólo la primera parte de algo mucho, mucho más grande.

Dos años después de los eventos de “Captain America: Civil War”, Thanos (Josh Brolin) emprende la búsqueda de las seis Gemas del Infinito: Poder, Realidad, Espacio, Tiempo, Alma y Mente, las que si son juntadas le otorgan al poseedor poder omnipotente. Esta empresa lo llevará a diferentes planetas, incluida la Tierra, lugar donde Los Vengadores y otros superhéroes deberán unir fuerzas para combatir al villano y salvar no sólo a la humanidad, sino que a todo el universo.

Tras una larga espera tan satisfactoria como completar un rompecabezas, pero a la vez tan desesperante como no encontrar las últimas piezas que faltan para armar la imagen completa, “Avengers: Infinity War” es una máquina de emociones alimentada por cada una de las cintas predecesoras en la cronología, que avanzan a través de cuatro y cinco historias simultáneas en las cuales los personajes que ya conocemos se van encontrando y en diferentes situaciones.

Esto le permite trabajar segura, con un balance ideal entre acción, drama y comedia, característica que no todas las cintas de este estilo han podido cultivar, pero que en esta penúltima entrega de la llamada Fase 3 del MCU se logra perfectamente. Los hermanos Russo, ya con bagaje en este mundo, la hacen funcionar orgánicamente y, pese a los temores de un aparente desorden, la veintena de personajes principales y secundarios célebres se rinden ante un protagonista inesperado, firme y completamente fascinante.

El suspenso que se crea desde la primera escena, cargada de un oscuro, sombrío y a ratos lúgubre tinte, señala que la madurez de los temas fundamentales desarrollados son consecuencia de todas las pequeñas acciones que ocurrieron previamente. Cada una de ellas tienen grandes derivaciones en la historia y, a pesar de que otras parecieron importantes en su momento y que acá pierden su peso, esta ficción es clara muestra de una obra construida con esmero, pensando en su pasado y, por supuesto, en su futuro.

Un gozo ‘ñoño’ especialmente exquisito para los fanáticos del MCU, que prácticamente han crecido junto a Marvel Studios y que ven cómo sus personajes favoritos ya están asentados, más maduros, pero no con menos energía. Y si hay una palabra que describe –al menos en parte– esta entrega, es: enérgica. De inicio a fin, incluso en las escenas más lentas y profundas, está la esencia indiscutible que hizo de las películas de superhéroes Marvel lo que son hoy. Dejando de lado las leves fallas y los lugares comunes de storytelling en los que siempre recaen, es la naturaleza de una épica inigualable la construcción de una fiereza que nos hace parte como espectadores, la que mantiene viva la llama en cada una de las historias y las que finalmente producen un frustrante y esperanzador deleite de principio a fin.

Hay escenas que recuerdan a las más legendarias batallas de la trilogía fantástica de Peter Jackson, y que llenan de un orgullo y un poder ajeno capaz de producir escalofríos o poner la piel de gallina. Y es esto precisamente el gran triunfo de esta cinta, que es capaz de crear expectación y construir un suspenso y una acción inigualables, a la vez que trabaja profundamente y desde diferentes prismas temáticas sobre el amor y la pérdida, todo en un mix balanceado con momentos hilarantes, junto a acción palomitera de la buena.

“Avengers: Infinity War” no escatima en utilizar los recursos visuales para completar una experiencia increíble; un caos ordenado de tomas delicadas y batallas con efectos del mayor nivel. Thanos, que gracias a Brolin y a la construcción física de su personaje infunde misterio y temor, va más allá de satisfacer las expectativas del villano, otorgándole además una tridimensionalidad imprevista, lo que es un gran acierto para el desarrollo del relato.

Para quienes no han seguido la línea de las cintas anteriores va a costar agarrar el tono de esta ficción, pues hay elementos esenciales que ya han aparecido, que explican la realización de las diferentes líneas argumentales, e incluso personajes veteranos que regresan del olvido. Porque, pese a la duración de su ejecución, no hay mucho tiempo para explicar lo que ya ha sido construido con antelación.

Puede sonar cursi y pretencioso, pero la magia que el MCU ha edificado a punta de ensayo, error y –digámoslo– repetición de lo que funciona, ha sido capaz de crear una épica fantástica de acción innegablemente trascendente. Es cierto que su objetivo macro es más taquilla que una reflexión posterior, pero la intensidad de su incuestionable legado le ha permitido llegar al punto donde está hoy en la cultura pop. Es así como una amalgama de emociones contradictorias y frenéticas se producen durante las 2 horas y 40 minutos en que todo se comienza a juntar, en la que los imprevistos son parte del juego y que, poco a poco, nos llevan a un clímax insospechado y conmovedor con todas sus letras. Poca ciencia detrás de un armado estándar, pero sí con reveses extraordinarios que no temen adentrarse a un lado oscuro y en algunos momentos desalentador.

Una prueba a la paciencia del fan, esta sinfonía épica de drama y acción –un gusto concedido, disfrute hermoso y terrible a la vez– no es el fin de una era como ilusamente creemos: es sólo el intermedio de un viaje que todavía no está hilado completamente. La única escena al final de todos los créditos no otorga explicaciones, sino que abre el portal hacia las dos últimas cintas que culminarán esta parte de la crónica fantástica para dar paso, de una vez por todas, al esperado final en la cuarta película de Los Vengadores prevista para 2019.


Título Original: Avengers: Infinity War

Director: Anthony Russo y Joe Russo

Duración: 149 minutos

Año: 2018

Reparto: Robert Downey Jr., Chris Evans, Scarlett Johansson, Chris Hemsworth, Chris Pratt, Samuel L. Jackson, Josh Brolin, Elizabeth Olsen, Jeremy Renner, Tom Holland, Benedict Cumberbatch, Tom Hiddleston


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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