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Atrapen al Gringo

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Cuando la imagen de Mel Gibson necesitaba de una limpieza urgente para eliminar del inconsciente colectivo sus escándalos mediáticos, esos que lo dejaron como un sexista y racista ante los ojos del mundo, además de ser acusado de antisemita por su descarnada versión de los últimos días de Jesucristo, entre otras situaciones poco decorosas para una gran estrella de Hollywood, había que encausar al viejo Mel al buen camino, y qué mejor que echando mano a la nostalgia y a su imagen de hombre de acción, la misma que protagonizó filmes como “Lethal Weapon” (1987) o “Mad Max” (1979), reviviendo la carrera cinematográfica del norteamericano bajo la faceta que lo hizo famoso en primer lugar. No había por dónde perderse, y en “Atrapen al Gringo” (2012) el Mel Gibson héroe de la acción ochentera, renace protagonizando un filme crudo y muy entretenido.

Gibson toma el rol de “Conductor” –nunca sabemos el nombre del protagonista–, un ladrón que después de una feroz persecución entre la frontera de Estados Unidos y México, termina por ser encarcelado en El Pueblito, una especie de pueblo/prisión donde los convictos pueden moverse por los barrios y realizar una vida “normal” bajo la atenta mira de los rifles que los resguardan. “Pueblo chico, infierno grande” y adentro de El Pueblito la corrupción y la mafia están a la orden del día, obligando a nuestro protagonista a usar sus habilidades delictuales para sobrevivir y tratar de recuperar su botín, y de paso, su libertad. Haciéndose amigo de un niño de 10 años, quien tiene un especial vínculo con el líder de la mafia, Conductor comenzará su violenta aventura mexicana.

Hay que reconocerlo, ver un filme con sabor a “vieja escuela” y protagonizado por Mel Gibson, es una delicia para los amantes de la acción tradicional, sin efectos computarizados y con mucha hemoglobina que la película no escatima en derramar. Hay violencia cuantiosa, pero lo más perturbador es el tono cruel que impregna a la película, sin asco a mostrar con lujo de detalles a un niño siendo herido de muerte o la horrible realidad que viven los habitantes de El Pueblito, la película es dura, pero al mismo tiempo contiene la diversión de una cinta de disparos y mucha comedia negra, concentrada en el carisma de Gibson, quien no sólo revive al anti-héroe de antaño, sino que también lo renueva, haciéndolo aún más egocéntrico y frío en su actuar, sin remordimientos, y con la mirada puesta en recuperar su dinero y nada más.

La película cae en los usuales estereotipos de los mafiosos chicanos, eso es cierto, pero a estas alturas esa imagen se ha transformado en una especie de código cinematográfico, y obviando un par de caricaturas, el micro universo de El Pueblito se hace creíble y muy atractivo, a pesar de su peligrosidad. Por lo demás, los enredos entre policías corruptos y mafiosos, mantienen a la trama en constante movimiento y tensión, teniendo a nuestro protagonista en medio del fuego cruzado y haciendo maromas para salvar su pellejo.

Mel Gibson hace un buen trabajo y se nota que se lo pasa muy bien volviendo al mundo de las explosiones, demostrando que a pesar de su edad, todavía tiene cuerda y está listo para formar parte del grupo de mercenarios de Sylvester Stallone (no estaría nada mal). En los secundarios más conocidos encontramos a Daniel Giménez Cacho como Javi, el líder mafioso que vive de los excesos y se encuentra en la eterna búsqueda de gente compatible que pueda “donarle” sus órganos cuando los suyos dejan de funcionar. Escapándose de “Breaking Bad”, Dean Norris tiene un pequeño papel de policía al igual que en la serie televisiva, aunque esta vez como un corrupto con honor. Kevin Hernández es el niño aliado de Gibson, dueño de un gran carisma, que hacen de su atormentado personaje uno de los grandes aciertos de la película.

La dirección de Adrian Grunberg, termina por construir un filme de ritmo trepidante y muy divertido. Gibson vuelve al terreno que tanto explotó en sus años mozos, para recordarnos que aunque no nos pueda parecer una persona muy cuerda en algunos sentidos, aun guarda en su interior la chispa que tantos buenos momentos nos hizo pasar.

Por Sebastián Zumelzu

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Star Wars: Los Últimos Jedi

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Star Wars: Los Últimos Jedi

Enfrentarse al desafío de continuar el legado de la magnánima franquicia de Star Wars, es un reto que no sólo debe tomarse con precaución, sino también con valentía. “Star Wars: Los Últimos Jedi” se posiciona en la cartelera con el camino bien pavimentado. Tras la sorpresiva aparición de “The Force Awakens” (2015) y el arrollador éxito de “Rogue One” (2016), el episodio ocho tiene por desafío mantener (y elevar) la barra de calidad que sus dos antecesoras han cimentado. Así como sus protagonistas tienen la responsabilidad de hacerse cargo del lado luminoso y oscuro de La Fuerza, esta película tiene como meta no sólo entretener y dar taquilla, sino cambiar el paradigma con el cual la saga se ha abordado en sus cuarenta años de historia.

La película retoma donde nos dejó el episodio VII. La primera orden ha destruido a la nueva República y, a pesar de haber perdido la base Starkiller, su superioridad militar respecto a la resistencia deja a los rebeldes al borde de la desaparición. Por otro lado, la chatarrera sensible a La Fuerza, Rey (Daisy Ridley), intenta traer de vuelta a la resistencia al legendario y deprimido Jedi, Luke Skywalker (Mark Hamill). La paz en la galaxia pende de un hilo y las fuerzas de ambos bandos se jugarán todas sus cartas en un choque inevitable, del cual uno de los dos no saldrá bien parado.

La trama de “Los Últimos Jedi” no deja espacios para respirar. Juega a tres bandas argumentales que consiguen conjugarse con la armoniosa astucia que sólo Disney parece conocer: la tensa acción, la sensible introspección y la rápida comedia. Porque sí, “Los Últimos Jedi” encaja perfectamente en la efectiva fórmula de las películas de Marvel; un equilibrio eficaz entre el vértigo, la intimidad y el cómodo drama, todo condimentado con amplias dosis de risas fáciles. Gracias a esto, la trama planteada por el director y guionista, Rian Johnson, consigue avanzar rápidamente y no deja muchos momentos para la discusión (aunque después del análisis ciertas cosas no cuadran mucho). Aun así, la historia se hilvana perfectamente con la línea editorial planteada en “The Force Awakens”, o más bien consigue madurar esas directrices y las empuja hacia los límites que su cinética narrativa permite. El guion avanza en tres líneas narrativas que progresan con una lógica aceptable y que consigue sumergirnos en el suspenso, la intriga y, sobre todo, la sobretonal emoción que la película pretende ostentar.

Los personajes se dividen en dos grupos claramente definidos: la nueva generación y las antiguas leyendas. Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), rostros habituales, encabezan cada uno un arco argumental cargado de tensión y contratiempos. Finn juega un papel fundamental en el desarrollo de la trama entre la resistencia/primera orden y, aunque sus acciones se delimiten más por el azar que por mérito propio, consigue desarrollar una historia funcional y sin vueltas muy complejas. Dameron, por otro lado, finalmente protagoniza la trama que se le debía desde el episodio pasado y, como comandante de la resistencia, se enfrenta a decisiones morales que conllevan a enfrentar un tópico recurrente en el universo Star Wars: la impetuosa juventud versus la sabiduría que da la experiencia ¿Qué es más necesario, mártires o líderes? Una reflexión que la franquicia había obviado y que, por fin, se materializa con orgánica eficacia en la trama del piloto más hábil de la resistencia.

Pero todo esto no es más que un acompañamiento para lo realmente interesante, Rey y Kylo Ren (Adam Driver), quienes se roban toda la atención del filme al ser, quizás, los personajes de la franquicia fílmica que mayor conexión tienen con La Fuerza. En este punto, Johnson consigue un sorprendente manejo del suspenso y la inmersión. Nos mantiene capturados durante toda la película en espera a ver cómo se resuelven las dudas planteadas en el episodio anterior y consigue cosechar un crecimiento, si bien no sobresaliente, al menos creíble de sus nuevos héroes. El manejo del misterio y la intriga en la trama de los dos sensibles a La Fuerza es el punto más destacado de esta historia, la cual no termina por sorprender, pero si consigue coherencia y solidez respecto a los personajes que construye. Rey evoluciona, con sentido y razón, pero sigue siendo un personaje plano y bidimensional, mientras que Kylo Ren no hace más que avanzar, a veces desde la puberta hipérbole, como el gran protagonista de la nueva franquicia.  Ambos son los indiscutibles líderes de esta nueva camada de películas, quienes, en distinta medida, mantienen con vida la ambigüedad que implica La Fuerza, la luz y el lado oscuro; lo correcto y lo necesario.

Por otra parte, es imposible obviar a las leyendas Luke Skywalker y Leia Organa (Carrie Fisher). La princesa cumple su rol como general y personaje de apoyo, mientras que Luke, en esta faceta decaída y cabizbaja, entrega una interesante interpretación como último y decadente maestro Jedi. En este punto vale la pena detenerse, pues Disney parece no tener escrúpulos en volver evidente su divorcio con el legado de George Lucas y continuar con su insípido manejo de los personajes clásicos. Los hermanos Skywalker tienen limitados momentos propios a lo largo del filme, pero, por cómo se les aborda, pareciera que cuarenta años de legado súbitamente han desaparecido en provecho de los nuevos protagonistas. Asimismo, los secundarios “de antaño” han desparecido casi por completo y sus participaciones son limitadas a la comedia y los gags. Una lástima.

En lo técnico la película es un acierto en todas sus áreas. Fotográficamente, la madurez de la saga salta a la vista. Diversos fotogramas nos entregas variadas metáforas visuales que nos hablan del mundo interno de los personajes, como la frustración que siente Luke o la soledad que rodea a Rey y Kylo. La música, a cargo del maestro John Williams, se empareja con el montaje y levantan escenas enteras, entregándonos un espectáculo de vértigo, suspenso y emociones.

Visualmente el filme es un éxito en justa regla. La brutal pericia de la post producción demostrada por LucasFilm en las dos entregas anteriores alcanza su peak en este momento, dando vida a mundos llenos de detalles (el caso de los planetas) y dotando de espectacularidad toda la marcialidad de la Nueva Orden. En terrenos espaciales, las batallas están logradas bastante bien y, aunque limitadas, divierten dentro de lo posible. En general los combates, espaciales y terrestres, no son el plato fuerte del filme (en comparación con la suprema “Rogue One”), no así las coreografías e intrépidas batallas de sables láser y similares, las cuales deslumbran gratamente. Esta es una película que visualmente envejecerá muy bien y cuyos méritos en ese apartado no pasan solamente por la solidez de sus efectos especiales, sino también por la clara sensibilidad detrás de su visión fotográfica y su armado de montaje.

“Los Últimos Jedi” finalmente se libera de la mochila que implica cargar con ocho películas en su espalda y, a la velocidad de la luz, emprende vuelo propio en pos de la nueva generación, tanto de héroes como de espectadores. Los tiempos han cambiado y así mismo lo han hecho las audiencias y los realizadores, por lo que es obvio que la narrativa de Star Wars mute hacia la sintonía de Disney y sus otras patentes: comedia fácil, villanos planos y héroes bidimensionales que coexisten en una trama de manual escrita por talentosos guionistas. Si “The Force Awakens” fue un evidente tributo a la trilogía original, “Los Últimos Jedi” toma limitados y puntuales elementos de la saga, les da identidad propia y consigue entregarnos algo jamás visto, nuevo y propio. Quienes esperen revisionar “The Empire Strikes Back” (1980), acá no la van a encontrar. La saga ha tomado su propia ruta y, salvo puntuales momentos, delimita un nuevo camino por el que continuará la franquicia; no hay vuelta atrás. El filme es el heredero perfecto para la línea editorial planteada en el episodio VII, la hija prodigio de la space opera de J.J. Abrams. Sea esto bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá.


Título Original: Star Wars: The Last Jedi

Director: Rian Johnson

Duración: 152 minutos

Año: 2017

Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Óscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong’o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis


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