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Atómica

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En la última década, las novelas gráficas han sido material de inspiración para una camada de exitosas adaptaciones cinematográficas. Desde “Watchmen” (2009) hasta “Scott Pilgrim vs The World” (2010), pasando por “Persepolis” (2007) y “Surrogates” (2009), el cine se ha alimentado del noveno arte para solventar su parrilla y, de cuando en cuando, conseguir golpear la pantalla grande con aciertos de taquilla o sorprendentes piezas audiovisuales. Así, en medio de esta efervescente tendencia, aparece “Atómica”. Basada en la novela gráfica “The Coldest City” de Antony Johnston, el filme se presenta como un vistoso thriller de espías plagado de conspiraciones, música pop, luces de neón y una buena dosis de disparos.

En los últimos días del Muro de Berlín, Lorraine Broughton (Charlize Theron), una agente de elite del MI6, es enviada a la dividida capital germana a recuperar una “lista” donde están nombrados todos los agentes occidentales en activo infiltrados en la Unión Soviética y, de paso, eliminar al misterioso agente Satchel, quien le ha vendido información a los rusos durante mucho tiempo. En Berlín, la rubia se encuentra con el agente David Percival (James McAvoy), su principal contacto en suelo alemán. La KGB rápidamente les cae encima y Lorraine descubre una red de mentiras que se teje bajo sus pies, mientras a sus espaldas el Muro de Berlín amenaza con ser derrumbado.

“Atómica” no da respiro alguno al espectador. Desde el inicio, la narrativa galopa con furiosa velocidad y dispara a mansalva una serie de personajes, situaciones y redes de relaciones que conseguimos comprender fácilmente. Si bien, la trama no goza de una gruesa complejidad, se desarrolla con tal velocidad y dinamismo, que sus baches narrativos pueden pasar desapercibidos.

Los personajes, planos y poco profundos, no gozan de muchas dimensiones y están orquestados arquetípicamente en pos de la historia. Aun así, la historia genera constantes escenas de vertiginosa tensión que se resuelven con creativas y bien logradas secuencias de acción, las cuales encajan en perfecta sintonía con el núcleo narrativo del filme, el cual se presenta como un thriller de espías y consigue cumplir, con una precisión de manual con las convenciones del género. La trama no tiene grandes pretensiones narrativas más allá de entregar una historia coherente y con el suspenso suficiente para mantener el interés del espectador.

El apartado audiovisual se roba la película. La fotografía consigue sumergirnos en los suburbios de la RDA y, al mismo tiempo, crear una atmósfera fluorescente que recuerda a la decadencia urbana de “Blade Runner” (1982); mucho neón, mucha oscuridad y mucho humo. El tratamiento de cámara está marcado por el vértigo y la velocidad, con sendos planos secuencia que nos vuelven protagonistas de la acción y los combates. Hay que destacar el trabajo de cámara conseguido por Jonathan Sela, uno de los puntos más altos del filme. Asimismo, las coreografías de las luchas destacan por su soberbia fluidez, y cómo no, si su director, David Leitch, habiendo sido doble de acción de Brad Pitt y Jean-Claude Van Damme por varios años, se siente en casa cuando se trata de coreografiar este tipo de secuencias.

El montaje baila en sintonía con la fotografía y la banda sonora, quedando a disposición total de estas dos herramientas audiovisuales. Sobre esta última, destaca la utilización de una variada e infalible mezcla de canciones ochenteras. El manejo de la música –por momentos antojadizo– intenta vendernos una dudosa mirada occidental de la época. El departamento de arte realiza un trabajo impecable y consigue darle vida al sórdido mundo de la Guerra Fría, el cual se vuelve un vívido telón de fondo en medio de esta historia de espías y traiciones.

Tal como se dijo en un principio, “Atómica” se nos presenta como un estilizado thriller y, gracias a los colores, la música y la soberbia fotografía, este cometido se cumple. Si bien, la trama es sosa y sus giros carecen de toda sorpresa, las contundentes escenas de acción logran dotar a la narrativa de atractivo dinamismo. No se puede negar que los personajes son estampas estereotipadas de arquetipos del género que, en una inocencia narrativa, caen en lugares comunes sin mayor profundidad; aun así, la complejidad de la trama es digerible por todos y no peca de pretensiones. El deleite visual que decora al filme lo convierte en una obra refrescante y ligera, cruda en su visualidad y fluorescente en su estética. Dinámica y divertida, “Atómica” es un vistoso thriller pintado con neones y pólvora, pop ochentero y humo de cigarrillo.

Por Roberto Núñez

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El Llamado Salvaje

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El Llamado Salvaje

El CGI (Computer Generated Imagery) en el cine es a menudo un tema controversial al ser a veces mal utilizado, o ser técnicamente deficiente. A veces el efecto que genera es simplemente espantoso, como en el caso de “Cats” (2019), en otras busca ser casi lo único valioso en una película, más que historia o personajes, como en el caso de “Avatar” (2009). Esto se debe en gran medida a que es un recurso relativamente nuevo en la historia del cine, y las capacidades técnicas de los efectos especiales siempre están evolucionando. Algo notable de “El Llamado Salvaje” desde un principio es el uso de CGI para generar personajes casi en su totalidad, lo que es definitivamente una apuesta arriesgada. Sin embargo, el resultado, a pesar de no ser perfecto, es un buen camino a seguir para la industria en el futuro.

La historia sigue a Buck, un perro grande y afable, criado por una acaudalada familia en California, que es secuestrado y vendido durante la Fiebre del Oro, y enviado a Yukon, al norte de Canadá. Ahí vivirá diversas aventuras y conocerá a diferentes perros y personas que lo acercarán a su lado más salvaje, lo que finalmente lo llevará a su destino.

“El Llamado Salvaje” es una sólida película de aventuras, en gran medida porque el personaje principal es profundamente querible. Pese a que puede ser sumamente difícil generar empatía con un protagonista que no habla, por lo que se vuelve difícil entrar en su mundo interior, el film toma las decisiones adecuadas de utilizar una voz en off que a menudo nos dice lo que piensa, y hacer uso del CGI para darle al animal un gran rango de emociones y personalidad. Inmediatamente somos capaces de conectarnos con Buck, y además de entender su relación con los otros animales que conoce, los que también son sumamente expresivos.

Y ese es uno de los grandes aciertos de la película. El uso que le da al CGI tiene más que ver con construir personajes expresivos y queribles que con buscar un fotorrealismo que sea técnicamente sorprendente, o con generar un mundo de fantasía que sea el gancho de la cinta. A diferencia de “The Lion King” (2019), acá los personajes caninos están llenos de expresividad y personalidad, incluso a pesar de no tener voz, y esto es casi en su totalidad a lo efectivo del CGI.

Aunque, claro, la falta de prolijidad técnica en la animación de los personajes se siente, y en algunas escenas casi llega a distraer de la historia. Hay momentos en que estos no alcanzan a mezclarse bien con su ambiente y se sienten como personajes de videojuego, moviéndose por un ambiente de manera desconectada. Sin embargo, el film completo genera una sensación de fantasía y plasticidad que se complementa bien con este aspecto.

Básicamente, todo es un poco plástico, pero al menos de manera coherente. Se siente como un film animado, tanto por su textura visual como por su puesta en escena, lo que tiene sentido, considerando que es la primera película live action del director Chris Sanders, famoso por “Lilo & Stitch” (2002) y “How To Train Your Dragon” (2010) y “The Croods” (2013). Esto lleva a que los momentos en que el CGI falla se vuelvan menos choqueantes y nunca lleguen a ser más llamativos que la historia en sí.

“El Llamado Salvaje” no es una película perfecta, tiene algunas falencias de guion, algunos de sus personajes (particularmente los villanos) son algo caricaturescos y el final se vuelve sobre explicativo, alargándose y siendo innecesariamente cursi. Sin embargo, al igual que el viaje de Buck, es una película con altos y bajos: una vez terminada, es un viaje que valió la pena tomar. Y no sólo eso, es también un buen ejemplo de las posibilidades narrativas que puede tener el uso de CGI en el cine, si dejamos de centrarnos en el aspecto técnico y volvemos a concentrarnos en la historia y los personajes.


Título Original: The Call Of The Wild

Director: Chris Sanders

Duración: 105 minutos

Año: 2020

Reparto: Harrison Ford, Dan Stevens, Bradley Whitford, Karen Gillan, Omar Sy, Jean Louisa Kelly, Terry Notary, Cara Gee, Colin Woodell, Wes Brown, Anthony Molinari, Brad Greenquist


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