Atómica

jueves, 31 de agosto de 2017 | 12:11 am | No hay comentarios

Título original:

Atomic Blonde

Dirigida por:

David Leitch

Duración:

115 minutos

Año:

2017

Protagonizada por:

Charlize Theron, James McAvoy, Eddie Marsan, John Goodman, Toby Jones, James Faulkner, Roland Møller, Sofia Boutella, Bill Skarsgård, Sam Hargrave, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Til Schweiger, Barbara Sukowa

En la última década, las novelas gráficas han sido material de inspiración para una camada de exitosas adaptaciones cinematográficas. Desde “Watchmen” (2009) hasta “Scott Pilgrim vs The World” (2010), pasando por “Persepolis” (2007) y “Surrogates” (2009), el cine se ha alimentado del noveno arte para solventar su parrilla y, de cuando en cuando, conseguir golpear la pantalla grande con aciertos de taquilla o sorprendentes piezas audiovisuales. Así, en medio de esta efervescente tendencia, aparece “Atómica”. Basada en la novela gráfica “The Coldest City” de Antony Johnston, el filme se presenta como un vistoso thriller de espías plagado de conspiraciones, música pop, luces de neón y una buena dosis de disparos.

En los últimos días del Muro de Berlín, Lorraine Broughton (Charlize Theron), una agente de elite del MI6, es enviada a la dividida capital germana a recuperar una “lista” donde están nombrados todos los agentes occidentales en activo infiltrados en la Unión Soviética y, de paso, eliminar al misterioso agente Satchel, quien le ha vendido información a los rusos durante mucho tiempo. En Berlín, la rubia se encuentra con el agente David Percival (James McAvoy), su principal contacto en suelo alemán. La KGB rápidamente les cae encima y Lorraine descubre una red de mentiras que se teje bajo sus pies, mientras a sus espaldas el Muro de Berlín amenaza con ser derrumbado.

“Atómica” no da respiro alguno al espectador. Desde el inicio, la narrativa galopa con furiosa velocidad y dispara a mansalva una serie de personajes, situaciones y redes de relaciones que conseguimos comprender fácilmente. Si bien, la trama no goza de una gruesa complejidad, se desarrolla con tal velocidad y dinamismo, que sus baches narrativos pueden pasar desapercibidos.

Los personajes, planos y poco profundos, no gozan de muchas dimensiones y están orquestados arquetípicamente en pos de la historia. Aun así, la historia genera constantes escenas de vertiginosa tensión que se resuelven con creativas y bien logradas secuencias de acción, las cuales encajan en perfecta sintonía con el núcleo narrativo del filme, el cual se presenta como un thriller de espías y consigue cumplir, con una precisión de manual con las convenciones del género. La trama no tiene grandes pretensiones narrativas más allá de entregar una historia coherente y con el suspenso suficiente para mantener el interés del espectador.

El apartado audiovisual se roba la película. La fotografía consigue sumergirnos en los suburbios de la RDA y, al mismo tiempo, crear una atmósfera fluorescente que recuerda a la decadencia urbana de “Blade Runner” (1982); mucho neón, mucha oscuridad y mucho humo. El tratamiento de cámara está marcado por el vértigo y la velocidad, con sendos planos secuencia que nos vuelven protagonistas de la acción y los combates. Hay que destacar el trabajo de cámara conseguido por Jonathan Sela, uno de los puntos más altos del filme. Asimismo, las coreografías de las luchas destacan por su soberbia fluidez, y cómo no, si su director, David Leitch, habiendo sido doble de acción de Brad Pitt y Jean-Claude Van Damme por varios años, se siente en casa cuando se trata de coreografiar este tipo de secuencias.

El montaje baila en sintonía con la fotografía y la banda sonora, quedando a disposición total de estas dos herramientas audiovisuales. Sobre esta última, destaca la utilización de una variada e infalible mezcla de canciones ochenteras. El manejo de la música –por momentos antojadizo– intenta vendernos una dudosa mirada occidental de la época. El departamento de arte realiza un trabajo impecable y consigue darle vida al sórdido mundo de la Guerra Fría, el cual se vuelve un vívido telón de fondo en medio de esta historia de espías y traiciones.

Tal como se dijo en un principio, “Atómica” se nos presenta como un estilizado thriller y, gracias a los colores, la música y la soberbia fotografía, este cometido se cumple. Si bien, la trama es sosa y sus giros carecen de toda sorpresa, las contundentes escenas de acción logran dotar a la narrativa de atractivo dinamismo. No se puede negar que los personajes son estampas estereotipadas de arquetipos del género que, en una inocencia narrativa, caen en lugares comunes sin mayor profundidad; aun así, la complejidad de la trama es digerible por todos y no peca de pretensiones. El deleite visual que decora al filme lo convierte en una obra refrescante y ligera, cruda en su visualidad y fluorescente en su estética. Dinámica y divertida, “Atómica” es un vistoso thriller pintado con neones y pólvora, pop ochentero y humo de cigarrillo.

Por Roberto Núñez

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