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Cine

Ataque a la Casa Blanca

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Han pasado más de dos lustros y la paranoia estadounidense de verse nuevamente atacados en su propio país no cesa, especialmente como recurso para explotar nuevas ideas en la pantalla grande. Mientras hechos recientes como el atentado en la maratón de Boston alimentan la demencia y filtraciones como las del caso Snowden nos revelan que Estados Unidos sospecha de todo y de todos, varios se preguntan cuál sería el flanco más débil de la autodenominada nación más poderosa. Tomando en cuenta que el centro de su poder político y militar se encuentra radicado en la figura de su Presidente, no pocos se han preguntado: ¿Qué ocurriría si la Casa Blanca fuera objeto de un OLYMPUS HAS FALLEN 01ataque? ¿Cómo podrían hacerlo? ¿Qué repercusiones tendría, a nivel global, un hecho de esa magnitud? Esa es la premisa de “Ataque a la Casa Blanca”, dirigida por Anton Fuqua.

Durante un encuentro entre el Presidente de los Estados Unidos (Aaron Eckhart) con el Primer Ministro de Corea del Sur, la Casa Blanca es atacada y sitiada por un grupo terrorista de origen norcoreano. El agente del Servicio Secreto y ex miembro de la guardia personal del Presidente, Mike Banning (Gerard Butler), logra entrar al edificio y sobrevivir a la masacre, convirtiéndose en la última esperanza para salvar al mandatario y su hijo, de quien se desconoce su paradero, mientras el vocero Allan Trumbull (Morgan Freeman) toma el puesto de Presidente activo, y debe confiar en las habilidades de Banning y en su propia capacidad para tomar decisiones y así evitar un desastre aún mayor.

Al ver el nombre de Antoine Fuqua en la silla de director, uno tiende a darle algo más de crédito a esta propuesta. Fuqua tiene oficio a la hora de narrar historias movidas por la violencia, como lo ha venido demostrando desde “Trainning Day” (2001), y aquí logra, hasta cierto punto, imprimir su sello en la construcción del relato, manteniendo la tensión y sacrificando rápidamente sub-tramas que poco y nada aportan a la estructura final. Sin embargo, son tantas las cosas que no funcionan en esta película, que este atributo se diluye rápidamente entre un mar de clichés del género y una historia que paulatinamente comienza a transformarse de una cinta de acción a algo más cercano a una parodia.

OLYMPUS HAS FALLEN 03Esa percepción puede también estar condicionada por la escasa originalidad de la propuesta. Los villanos pueden venir de otro país, sus motivaciones pueden ser más simples, la amenaza puede estar cada vez más cerca, pero esta película ya la hemos visto varias veces: la historia del ejército de un solo hombre que lucha contra el enemigo de la nación más poderosa (sean rusos, vietnamitas, uno que otro traidor, terroristas europeos o, como en esta ocasión, norcoreanos) con un par de balas o sus puños, si fuera necesario. Lo esencial en muchas de esas propuestas era que no se tomaban demasiado en serio a sí mismas y no tenían mayor intención que entregar al público un producto de entretención, aún cuando siempre fueran usadas como vehículo de propaganda para las ideas estadounidenses sobre libertad y democracia. Pero “Ataque a la Casa Blanca” busca algo más que sólo entretener, y falla en su intento.

La película busca advertir a su propio país a no relajarse, a no bajar la guardia, que el peligro es real, latente, y no producto de la imaginación de un par de locos. Que el mundo está esperando que Estados Unidos caiga para hacer lo que les plazca. La cinta está llena de escenas, discursos, one-liners que glorifican al país sin nombre y sus ideales, que buscan que el espectador al menos salga OLYMPUS HAS FALLEN 02silbando “The Star-Spangled Banner” al terminar la función. Un discurso que ya no entusiasma como antes a buena parte de su población y que, por cierto, puede provocar risas en otros públicos.

Obviando el chovinismo excesivo, la cinta se puede disfrutar tanto como otra más del género de acción. Las balas y desmembramientos están a la orden del día y el ritmo no decae. Otro punto bajo son los efectos: de los más baratos que se hayan podido ver últimamente en el cine. El elenco sí está a la altura, con un Morgan Freeman que vuelve a su rol de “Presidente Freeman” y un Gerard Butler que cumple y convence con en su papel de duro agente del Servicio Secreto, aún cuando ello implique dedicarse sólo a apretar el gatillo y patear traseros norcoreanos. Una película con una prometedora premisa y defectuosa ejecución, pero que en algunos niveles funciona y puede entretener a los adictos a las balas.

Por Rodrigo Garcés

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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