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Assassin’s Creed

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El primero de los juegos de Assassin’s Creed apareció a fines de la década del 2000, y tanto su premisa como su modalidad resultaron tan novedosas como atractivas. Se volvió rápidamente uno de los más populares, recibiendo incluso elogios que no suelen ir asociados al mundo de los videojuegos por su muy acabada, detallista y totalmente interactuable reconstrucción de ciudades famosas de la antigüedad. A pesar de este gran logro en su área artística, lo que separaba a Assassin’s Creed de otros juegos de factura similar era que venía nivelado con una jugabilidad tan emocionante como adictiva. Esto, a su vez, servía para ocultar los aspectos más gruesos de su historia, cuya narrativa a veces pecaba de demasiado estrambótica. Pero era un juego, y uno muy entretenido, por lo que no importaba demasiado. El problema fue asumir que esto iba a traducirse de igual manera al cine.

“Assassin’s Creed”, la película, presenta a dos facciones que llevan siglos en guerra: los templarios y los asesinos. A esta última es a la que ha estado ligado Cal Lynch (Michael Fassbender) durante toda su vida. Sin saber cómo ni por qué, esta secta lo ha marcado, obligándolo a vivir bajo su sombra. Pero será la aparición de la misteriosa doctora Sofia (Marion Cotillard) lo que causará que Cal comprenda el peso que conlleva pertenecer a los asesinos, le guste o no.

Dirigida por Justin Kurzel, quien el año pasado manejó la más reciente adaptación a la pantalla grande de Shakespeare con “Macbeth” (2015), “Assassin’s Creed” echa mano de prácticamente los mismos actores, pero con un fin totalmente distinto. Donde su apuesta con “Macbeth” era actualizar una obra que carga con un prestigio y fama intimidantes, con esta nueva película pareciera que su único mandato fuera llevar gente a las salas de cine. Prácticamente todo en la cinta está malogrado. Con la notable excepción de varias de las peleas cuerpo a cuerpo –hay que agradecer acá a los dobles de acción, los verdaderos héroes de la película–, presenta una historia básica y poco elaborada llena de personajes vacuos y poco atractivos. Esta se va desarrollando entre tirones y bostezos, todo lleno hasta el tope de efectos visuales y tomas subjetivas, que a ratos se vuelven completamente incomprensibles.  Y para colmo, algunas de las resoluciones a los conflictos más complejos que se presentan son de frentón flojas.

Para tratar de entender este naufragio, hay que diseccionar algunos de los aspectos centrales de “Assassin’s Creed”. Para empezar, la decisión de situar tres cuartos de la película en la actualidad no sólo produjo que una parte importante de la ya muy abultada duración fuera un aburrimiento, sino que es casi publicidad engañosa. Cualquier fanático de la saga (y esta es una cinta claramente pensada en ellos) comprende que el atractivo del juego está en la exploración de las ciudades antiguas y las aventuras que esto produce. Si la cinta hubiera sido en su totalidad situada en la antigüedad, quizás habría sido hasta una buena película de entretención simplona, al estilo de “Kingdom Of Heaven” (2005).

Lo pobreza del guion es otro de sus grandes agujeros. Los intercambios entre los personajes no son nunca creíbles, ni tampoco útiles de manera alguna; no logran ni hacer avanzar la historia ni provocar una reacción visceral en el público. “Assassin’s Creed” llena al espectador de jerga y mitología falsa con vagas reminiscencias místicas, para después ignorar todo eso a la hora de sacar los cuchillos. No sería raro pensar que, aunque todo esto no funcione en el cine, sí podría hacerlo en otro formato. “Assassin’s Creed” es un gran calco del juego, pero uno que ignoró completamente que los distintos géneros narrativos tienen reglas distintas. Es el mismo fenómeno que ha causado que una historia tan directa, célebre y maravillosa como la de “El Gran Gatsby” nunca haya podido ser llevada satisfactoriamente a la pantalla.

En un videojuego los diálogos deben ser simples y rápidos para que no interrumpan la acción, al mismo tiempo que su capacidad expositiva debe ser máxima para así tampoco dificultar excesivamente el progreso. En una película no tiene por qué ser así. Como el público no decide lo que ocurre, el guion puede tomarse el tiempo que necesite para plantear un tema y/o conflicto, dejando incluso algunos elementos clave fuera para resolverlos más adelante o generar dudas.

Si este modo expositivo de hacer avanzar una historia fuera llevado directamente a un videojuego, este sería aburridísimo, y aquello pareciera estar más que claro para cualquier persona. Sin embargo, el proceso inverso sigue pareciendo un misterio. Mientras los guionistas no se tomen el tiempo de traducir un género narrativo a otro antes de adaptarlo, bodrios como “Assassin’s Creed” seguirán desfilando por las salas de cine de acá a muchos años más.

Por Lucas Rodríguez

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Contra Lo Imposible

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Contra Lo Imposible

Plasmar cinematográficamente acontecimientos relacionados con el deporte implica trazar una línea, aludiendo al proceso detrás de la preparación antes de enfrentarse a un gran evento, con los conflictos situados entre medio configurando la trayectoria de quienes protagonizan grandes hazañas deportivas. Una de las carreras de automovilismo más prestigiosas sirve como el escenario perfecto para situar fuerzas opuestas en medio de un conflicto de intereses donde las destrezas, el compañerismo y la determinación serán fundamentales para alcanzar el éxito. Dos años después de su exitosa “Logan”, James Mangold dirige una historia inspirada en hechos reales y que tiene al centro a dos de las grandes compañías de automóviles del mundo: Ford y Ferrari.

“Contra Lo Imposible” se centra en el visionario diseñador de autos Carroll Shelby (Matt Damon) y el corredor Ken Miles (Christian Bale). Ambos estarán encargados de diseñar y construir un auto de carreras para la compañía Ford, el que debe ser capaz de vencer a su oponente más poderoso en manos de Enzo Ferrari (Remo Girone). Juntos deberán luchar contra los intereses corporativos para, al mismo tiempo, alcanzar sus victorias personales.

La cinta aprovecha desde su inicio el concepto en el que se encuentra inmersa, pues las carreras de autos son su principal motor, y estas son representadas con una mirada intuitiva, capaz de exhibir con agilidad cada momento y componente de una carrera automovilística. Y considerando su extensión, alcanzando las dos horas y treinta minutos, el ritmo agitado se vuelve esencial para conducir un relato que realmente profundiza en su principal temática.

Las decisiones de encuadres y montaje ayudan a edificar una historia que arranca tal como lo hace un auto de carrera y debe avanzar poniendo especial atención a las curvas con las que se encuentra. Y es ahí donde las pausas son necesarias para así poder evidenciar el entramado que se teje al interior de la compañía Ford y, a la vez, aprovechando de adentrarse en la vida personal del corredor que estará a cargo de conducir el moderno automóvil.

Para poder construir una historia que intenta alcanzar un nivel épico dentro de su contexto, esta es divida en dos trayectos que avanzan a la vez y que juntan su camino en la carrera de Las 24 Horas de Le Mans. Por una parte, la compañía Ford y su lucha por competir con las grandes entidades del mundo automotriz, es el centro y detonador que empujará a sus protagonistas a enfrentarse a grandes obstáculos para alcanzar el principal objetivo. La compañía es a la vez representada como quienes instalan los inconvenientes corporativos, donde los intereses monetarios preponderan frente a la pasión que significa para los protagonistas el poder diseñar el revolucionario nuevo modelo.

Por otra parte, el encargado de conducir el nuevo automóvil es el obstinado Ken Miles, el que simboliza un espíritu agitador y con el objetivo de alterar la firmeza de la compañía. Junto a su carácter testarudo y poco apacible, Ken es el personaje que más cambios sufre a través del relato, siendo capaz de transformar su razonamiento, pero gracias a quienes lo rodean, su esposa e hijo. Sin embargo, su camino no podría completarse sin el apoyo de su amigo y socio en este negocio, Caroll Shelby. La relación de ambos es la manifestación del compañerismo y el cariño fraternal; en ellos está puesta la cuota necesaria de idealismo, la que los ayudará a continuar adelante, pese a las adversidades.

James Mangold logra crear un drama deportivo complejo y con las características de un cine algo más clásico, rememorando a producciones hollywoodenses de antaño, pero con la apariencia física de una obra moderna que cuida su tratamiento. “Contra Lo Imposible” alcanza un nivel satisfactorio, donde el mundo que retrata queda plasmado con total firmeza y es coherente con sí misma hasta el final.


Título Original: Ford v Ferrari

Director: James Mangold

Duración: 152 minutos

Año: 2019

Reparto: Matt Damon, Christian Bale, Jon Bernthal, Caitriona Balfe, Noah Jupe, Josh Lucas, Tracy Letts, JJ Feild, Ray McKinnon, Rudolf Martin, Ward Horton, Bridie Latona, Lachlan Buchanan


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