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Argo

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La tercera incursión del actor estadounidense al mando de una gran producción cinematográfica, ha dado como resultado a “Argo”, thriller político protagonizado por el propio Affleck, quien sorprende con un filme solidísimo, dueño de un excelente montaje y sentido de la dirección, que no hace más que confirmar las facultades de Affleck como cineasta, que han conquistado a la critica, y no extrañaría que las nominaciones comiencen a caer, e incluso, una que otra estatuilla.

Es el año 1974 y en Irán la revolución llega a su punto de ebullición, cuando un grupo de militares se toma la embajada norteamericana y secuestra a 52 de sus ocupantes. La situación es delicada, pero hay esperanza para seis rehenes que lograron escapar y refugiarse en la embajada canadiense. En Estados Unidos, Tony Mendez (Ben Affleck), agente de una agencia de espionaje, es reclutado para realizar una extracción y traer de vuelta a sus seis compatriotas. Escasos de ideas, Mendez propone montar una farsa junto a los productores hollywoodenses  Lester Siegel (Alan Arkin) y John Chambers (John Goodman), llevando a cabo la producción de una película que debería servir de coartada para lo rehenes, quienes tomarán el rol de trabajadores de la industria cinematográfica. Ante la constante presión del gobierno, el riesgo de ser descubiertos y una pena interior provocada por un quiebre matrimonial, Mendez deberá mantenerse íntegro, ya que en sus manos está el destino de seis vidas.

“Argo” es una película hollywoodense que apuesta a ganador, donde cada uno de sus apartados está confeccionado para instalarse como un contendor para competir entre lo mejor del año. Tomar un episodio emblemático de la historia de los Estados Unidos para dar forma a la trama, sumado a un tratamiento desbordante, donde cada uno de los elementos fílmicos está calculado de forma precisa y con ejecución magistral bajo la dirección de un impecable Ben Affleck.

El suspenso y la tensión abundan durante las secuencias de persecuciones, aún sabiendo el desenlace de los hechos, la película se encarga de mantener el nerviosismo a flor de piel y la expectativa por cómo se irán desarrollando los hechos, ya que cada paso del plan parece acercarlos más al fracaso. En este ámbito, el montaje es esencial y hace gala de sus mejores técnicas entablando relaciones paralelas, como en la gran secuencia donde los discursos de cada país se contraponen a los diálogos ficticios de la película durante un ensayo de los actores, contraponiendo las dos realidades, y a la vez, homologándolas.

La película no sólo hace buen uso de la cinematografía, sino que también aprovecha de hablar sobre el cine y el sistema de los estudios con toda su burocracia, esa que también comparte el estado cuando le toca hacerse cargo de sus ciudadanos, tratando de tomar decisiones para cuidar su imagen más que velar por la seguridad de sus compatriotas en cautiverio. El humor negro es un gran agregado a la mezcla de ingredientes, marcando un contrapunto con el drama que viven los personajes, y usado de manera muy inteligente en intervenciones precisas.

Ben Affleck hace un muy buen trabajo como el protagonista de la función, expresando con contención la debacle emocional de su personaje, quien debe dejar de lado su propia crisis para ser el  guía de los prisioneros. Bryan Cranston, Alan Arkin y John Goodman, interpretan a los aliados de Mendez, cada uno entregando impecables interpretaciones, siendo los más destacados de un reparto que está intachable.

En definitiva, “Argo” es una película concebida para ser galardonada. Emocionante, tensa y espléndidamente realizada, instaura a Ben Affleck como un cineasta con visión para narrar grandes historias, obligando a todos sus detractores a cerrar la boca, ya que acá no encontrarán más que buen cine.

Por Sebastián Zumelzu

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El Hoyo

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El Hoyo

Tras un inexplicable recorrido en festivales, llega a Netflix la película española “El Hoyo”, un high-concept de ciencia ficción que busca hacer reflexionar con la metáfora que envuelve su premisa filosófica, y asquear con un estilo gore provocativo. Una mezcla que puede parecer mal planeada, pero que al parecer fue lo suficientemente chocante o interesante como para convertir a la producción en uno de los títulos más populares de la plataforma de streaming.

Toda la película ocurre en “el hoyo”, una prisión con cientos de niveles de pocos metros cuadrados cada uno. En cada piso, dos personas elegidas al azar deben compartir espacio por un mes, después del cual son repartidos aleatoriamente a cualquier otro piso. El giro es que cada nivel tiene en el centro un agujero por el que cada día desciende desde el piso más alto un banquete para alimentar a los presos. La comida es abundante y podría dar abasto para alimentar a todos los integrantes del hoyo, pero, por supuesto, los de arriba no se demoran en terminársela, forzando a los de abajo a luchar por restos, desnutrirse, comerse entre ellos, volverse locos o suicidarse.

Esto lo vemos desde la perspectiva de Goreng (Iván Massagué), un nuevo recluso/potencial mesías que lógicamente cuestiona este sistema. Por suerte, una serie de personajes no se molestan en explicarle todo el funcionamiento. “El Hoyo” tiene muchas reglas y, a pesar de ser molesta y constante, la sobreexposición está generalmente justificada por los requisitos de la película de construir la metáfora. “Los de arriba son los de arriba y los de abajo son los de abajo”, es la sabiduría que le transmite al protagonista Trimagasi (Zorion Eguileor), su primer compañero y desde entonces la no tan sutil comparación con el mundo exterior que la cinta está haciendo se vuelva evidente.

Si bien, el comunismo y la equitativa repartición de los recursos es lo que debería salvar el sistema, las cosas no funcionan así, y la exploración de la película de por qué esto no sucede es lo que hace avanzar la trama a medida que Goreng pasa por diferentes pisos y entendemos al revés y al derecho el funcionamiento del calabozo.

La película tiene ideas sobre lo difícil que es convencer a los privilegiados de que piensen en el resto, de cómo los desfavorecidos terminan obligados a pelear entre ellos y sobre que, finalmente, cada uno vela por sí mismo. Toda postura está representada: desde aquellos personajes que buscan el diálogo, otros que entienden que las cosas se hacen por la fuerza, los que quieren solucionar el problema para todos, aquellos que buscan sobrevivir y los que simplemente se rinden, cuyos cuerpos pisos y pisos de reclusos ven caer hasta llegar al fondo.

Esto es lo más interesante de la película, pero no viene sin reparos. “El Hoyo” ve las cosas demasiado en blanco o negro, forzando a personajes a actuar de maneras exageradas o irreales y a eventos demasiado convenientes a ocurrir para marcar el evidente punto que está probando. Es un experimento social interesante, pero nunca es sutil (al contrario), y la metáfora que tanto se esfuerza en construir no es tan inteligente o novedosa. Es una constatación de lo que muchos sabemos y sentimos, y que otras películas como “Snowpiercer” (2013) o “Parasite” (2019) ya dejaron claro antes y con mayor maestría.

Lo que sí tiene esta película son unas inagotables e inofensivas ganas de entretener, y cuando uno deja de molestarse por los argumentos filosóficos que insiste en presentar como si fueran grandes descubrimientos, puede impactarse con la cantidad de sangre que se sacan sus personajes, ya sea por defensa propia o canibalismo, sorprenderse con las peripecias de un guion hiperkinético que le saca todo el jugo a una locación limitada y regocijarse en la exageración total que supone la mera existencia de una obra como esta. “El Hoyo” no nos dice nada nuevo, y es más entretenimiento que filosofía, pero es inexplicablemente efectiva y fácil de ver, y de paso nos repite un par de cosas que están mal con el sistema que nunca está de más recordarnos.


Título Original: El Hoyo

Director: Galder Gaztelu-Urrutia

Duración: 94 minutos

Año: 2019

Reparto: Ivan Massagué, Zorion Egileor, Antonia San Juan, Emilio Buale, Alexandra Masangkay, Eric Goode, Algis Arlauskas, Miriam Martín, Óscar Oliver


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