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Aquí No Ha Pasado Nada

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Desde su anuncio, allá por febrero del año pasado, lucía simultáneamente prometedor y peligroso que el director de joyas como “Huacho” (2009) y “Matar A Un Hombre” (2014) se atreviese a hacer una película en torno a un caso judicial reciente y polémico, que desnudó los tentáculos de la elite y dejó nuevamente cuestionada a la justicia chilena. Lo frágil de la apuesta tenía relación con que, en cierto sentido, basarse en una historia real y muy conocida puede condicionar y llegar a limitar los engranajes de la narración, en cuanto una serie de acontecimientos concretos –no siempre todos los que el director quisiese contar– son incrustados en una ficción que debe tener consistencia propia. Sin embargo, partir desde ese lugar también abre la posibilidad de calar más hondo en la audiencia. Que eso quedara en manos de un director como Alejandro Fernández Almendras, que reflexionó vigorosamente en torno a la impunidad en su anterior cinta, podía ser una gran noticia para el cine local, progresivamente más acostumbrado a recoger escandalosos sucesos nacionales.

AQUÍ NO HA PASADO NADA 01El filme se emplaza en un balneario en época estival, con Vicente (Agustín Silva) conociendo en la playa a dos muchachas, Francisca (Geraldine Neary) y Anna (Isabella Costa), que no se sabe muy bien qué relación llevan, pero que dada la buena onda generada lo invitan a un carrete, donde se encuentra con Manuel Larrea (Samuel Vicuña) y otros jóvenes representantes de la clase que veranea en Cachagua. La noche tiene muchas paradas y al alcohol como permanente acompañante, enturbiándose rápidamente todo y concluyendo con un accidente fatal. En ese momento, entrará en acción la maquinaria de quien realmente conducía y Vicente deberá intentar probar su inocencia.

Explorar mundos que no son los propios, para desde ahí proyectar discursos provocadores o atingentes, es uno de los bellos desafíos que tiene para ofrecer el cine. En parte, es lo que se puede apreciar en esta película, que se interna y circula en torno a una clase con códigos bien demarcados. La cinta se zambulle directamente al corazón de lo más opulento de la sociedad chilena, con un protagonista algo impávido y aletargado que soporta con solvencia ser el centro de la trama (amén, hay que decirlo, de una cumplidora actuación de Silva). Cuidando no caer en exageraciones, el recorrido al que nos lleva Vicente, si bien no llega a ser sorprendentemente revelador ni demasiado novedoso, tiene un tratamiento que expresa algo entre difuso y encandilante, una mixtura bien personal que captura la atención. Con fotografía del renombrado Inti Briones, el director teje momentos intensos, como es indudablemente la escena en el baño entre Francisca y Vicente, un seductor trozo de estudio de personajes que da soporte a lo que se avecina.

AQUÍ NO HA PASADO NADA 02Es principalmente a lo largo del primer tercio del filme cuando más se juega con las texturas (discursivas y visuales), con las apreciaciones más delicadas, con las tensiones entre personajes. Eso no impide, por cierto, que se cuele más de alguna referencia social repetida hasta el hartazgo o que, de un modo no muy limpio, se use frecuentemente y bien en bruto un recurso a esta altura tan tradicional, como el de los mensajes de texto figurando en pantalla.

Acaecido el hecho central, la película, pese a que no se despega de su protagonista, se empecina en otorgar un tratamiento bastante más corriente, dando paso a lo que se podría sospechar ocurrió detrás de una historia que escandalizó al país hace tres años: maquinaciones, silencios, sabotajes; en fin, la perversa ejecución de todo ese conjunto de instrumentos al que un mínimo porcentaje de Chile tiene acceso para salir del aprieto que sea. La cinta no aborda íntegramente eso, pero queda la sensación de que, a partir de ahí, todo se desarrolla demasiado sujeto al devenir original del caso, con el uso de gráficas –entre ellas, una innecesaria cita literaria que se toma la pantalla– y la serie de particularidades propias de lo judicial.

AQUÍ NO HA PASADO NADA 03Por suerte queda lo otro, probablemente lo más significativo y peculiar: la manera en que reacciona el protagonista. Ver eso expresado en pantalla es potente. Sin embargo, el costo que tiene ello es que se desestabiliza el eje de la película: Vicente termina siendo un puching ball, molido por la historia original y por la visión del director. Su vacío y su insensatez, que se podían sospechar desde el arranque, estallan sin muchas sutilezas, y ahí el filme tiende a decaer, propagándose un discurso poco pulido, como para que inmediatamente se arrime la galería completa.

Aunque a grandes rasgos la cinta sigue funcionando, por un deterioro de su tejido más minucioso la obra se va volviendo bastante plana, incluyendo en el acercamiento a ese mundo juvenil que, con apuntes interesantes de por medio, cae en la redundancia, como quedándose sin ideas. Fernández Almendras busca, en definitiva, facturar un retrato íntimo que, al mismo tiempo, dé cuenta de los pormenores y el desarrollo del caso, y en ese intento, entre otras cosas, se priva de generar confusiones o disyuntivas morales. El drama lo vive Vicente y es poco factible que el espectador se sienta implicado. Apartada de la lobreguez de “Matar A Un Hombre” –que con agallas acompañaba hasta las últimas consecuencias los actos de un hombre que cometía un crimen–, “Aquí No Ha Pasado Nada” por momentos suelta a su protagonista, lo deja como un pobre tipo, evaporándose las intenciones de consumar una obra realmente atrevida e incómoda.

AQUÍ NO HA PASADO NADA 04Una representación como esa puede funcionar como comentario brutal sobre la clase alta, pero aun así es un poco decepcionante que no se mantenga una mayor ambición fílmica y se derroche la oportunidad de trenzar algo rotundamente devastador. Es posible que, al tomar ese punto de vista en una historia como esta, no había márgenes para establecer mayores grises; sin embargo, es la ruta que escogió la película y en base a eso hay que juzgarla.

Dicho eso, no son para desmerecer los méritos que tiene la película; ante la moral Chilevisión que reina en la cobertura mediática de estos casos, es un correcto aporte desde el cine, pues, no obstante sus descuidos, el filme entrega miradas dignas de considerar y analizar. Es, a fin de cuentas, una cinta necesaria que, no siendo una genialidad, merece ser vista y se aferra a ocupar un lugar en la memoria.

Por Gonzalo Valdivia

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Omar Saldias

    01-Sep-2016 en 8:41 pm

    que no se mantenga una mayor ambición fílmica..

    Me.quedo con eso tremendo comentario

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Milagro en la Celda 7

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Milagro en la Celda 7

Los lazos familiares y los obstáculos que estos deben sortear para mantenerse firmes, es un tema recurrente en producciones que tienen como principal objetivo conectar emocionalmente con la audiencia, generando un vínculo que apele a las sensibilidades del espectador. Sin embargo, aquel objetivo no es fácil de alcanzar si no se cuenta con personajes que logren representar con honestidad las complejidades de las relaciones familiares.

“Milagro en la Celda 7” es el remake turco de “7-Beon-Bang-Ui Seon-Mul”, una cinta surcoreana estrenada con gran éxito en el año 2013. La historia se centra en la vida de Memo (Aras Bulut Iynemli), un hombre con discapacidad intelectual, y su hija Ova (Nisa Sofiya Aksongur), quienes ven cómo su apacible vida cambia cuando él es acusado de asesinar a una niña y, teniendo todo en contra, deberá demostrar su inocencia.

La primera y principal característica que resalta en “Milagro en la Celda 7” es la entrañable relación entre padre e hija, siendo cada una de sus interacciones el corazón de una historia que no pretende ser más de lo que está relatando en pantalla. En ambos se puede ver el compromiso que existe hacia el bienestar del otro y lo que están dispuestos a sacrificar (dentro de sus posibilidades) para poder estar juntos. El fuerte vínculo que los une es el motor que los mantiene firmes una vez que deben estar separados, y es así cómo el relato hace lo posible para poder resaltar aquellos momentos.

Para alcanzar tal objetivo y que resulte con naturalidad, la actuación de ambos actores interpretando a sus protagonistas logra la complicidad necesaria para hacer de su relación un vinculo creíble y capaz de enternecer la mirada de la audiencia. La dinámica de ambos juega a favor cuando quieren mostrar con total espontaneidad la relación que se ha construido, pero, además, en el momento en el que se ven distanciados, cada uno logra destacar en el entorno en el que se ven expuestos. De esta forma, logran crear personajes verosímiles y capaces de trascender a la historia en la que se ven insertos.

Por otra parte, la cinta es lo suficientemente honesta consigo misma al momento de plantear sus objetivos y lo que quiere generar en el espectador. Por lo tanto, utilizará todos los recursos necesarios para encausar y mantener el relato en el drama y, aunque a veces existen momentos de respiro para sus protagonistas, estos vuelven rápidamente a sumergirse en obstáculos que pretenden impedir esos momentos de calma. En ese sentido, su construcción narrativa está apuntando constantemente en enfatizar las dificultades que les ha tocado atravesar, donde la compasión y la empatía se vuelven esenciales para acompañarlos.

Utilizando recursos que a ratos podrían parecer insistentes, su relato se arma con el propósito de conmover a quien está viendo una cinta que no niega de su melodrama. Y aunque las técnicas utilizadas empujan con fuerza hacia las lágrimas, la sinceridad con la que se sostiene pide que esos elementos sean aceptados como las piezas que le dan el corazón a su narración.

Considerando que dicho melodrama permea cada rincón de la película, esta característica se acentúa no tan sólo con su guion, sino que también a través del montaje y la música, características que podrían poner en riesgo la complicidad con la que se ha trabajado la relación entre el relato y el espectador. Sin embargo, dichos elementos están incluidos para empujar la aflicción y lograr su principal finalidad: conmover a su público.

Con todo a su favor para lograr su propósito, “Milagro en la Celda 7” no es más que lo que promete ser: un drama familiar con los elementos necesarios para encontrar conflicto en cada paso que dan sus protagonistas. De esta forma, logra transformarse en una cinta honesta y directa cuando empieza a encausar su estructura y, a pesar de casi transitar en la desdicha, es capaz de entregar momentos de calidez apoyándose en la sencillez e ingenuidad de sus protagonistas.


Título Original: Yedinci Kogustaki Mucize

Director: Mehmet Ada Öztekin

Duración: 132 minutos

Año: 2019

Reparto: Aras Bulut Iynemli, Nisa Sofiya Aksongur, Deniz Baysal, Celile Toyon Uysal, Ilker Aksum, Mesut Akusta, Yurdaer Okur, Sarp Akkaya, Yildiray Sahinler, Deniz Celiloglu


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