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Apuesta Maestra Apuesta Maestra

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Apuesta Maestra

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Aaron Sorkin llega a la pantalla grande de la mano de este filme biográfico que aborda la vida de Molly Bloom, reina de las partidas de póker de celebridades y una anti heroína digna del sueño americano. Sorkin moldea una historia tan fantástica como increíble y, con la precisión que caracteriza su trabajo, crea un dinámico relato capaz de sumergirnos en la peculiar personalidad de una doliente protagonista. “Apuesta Maestra” se presenta como eso, un desafío al azar en la carrera de un realizador prolífico y que de una buena vez aterriza en las salas comerciales.

Molly Bloom (Jessica Chastain) sufre un accidente que la obliga a apartarse de su carrera como deportista olímpica. A causa de esto, queda a la deriva y decide empezar desde cero garzoneando en Los Angeles. Así, termina inmiscuida en una serie de eventos clandestinos en el que se convocan a diversas estrellas de Hollywood en partidas de póker de grueso calibre. Molly ve una oportunidad única y rápidamente se vuelve la organizadora de dichas partidas, forrándose de dinero y llenándose de problemas.

Sorkin teje una narración envolvente y orgánica, enérgica y acelerada. Valiéndose de la voz de la propia Molly Bloom, el director desarrolla una historia imparable y cuya cinética se precipita en caída libre a medida que esta se desarrolla. La glamorosa decadencia humana se toma la pantalla y se desnuda ante nosotros, no sólo mostrándonos la peor faceta de una mujer solitaria que se ve en la deriva, sino que desmenuzando un relato deprimente sobre lo bajo que puede llegar una persona y cómo hacer para sobrellevarlo. Mezclando diversos géneros, la película salta del policial al drama de personajes, todo condimentado con buena comedia negra y personajes que, aunque mínimos al lado de la tremenda Molly, dan vida y verosimilitud a un universo que pareciera sacado de una ficción de los Coen.

La interpretación de Chastain es sólida e impecable. Las capas que cubren al personaje de Molly quedan perfectamente delineadas en la carne de esta sólida actriz y, a pesar de encarnar a la perfección a una mujer dura, independiente e indomable, también deja espacios para la culpa, el llanto, la soledad y la miseria. Chastain, bella y derrochadora de talento, se lleva todos los aplausos. La actriz marca su nombre en el escenario contemporáneo y, llevando en sus hombros el peso de todo el filme, logra darle vida a una mujer imposible.

El entrenamiento que significan éxitos televisivos como “The West Wing” (1999) se hace ver en la pericia con la que Sorkin narra su historia. La fluidez del relato televisivo se palpa en pantalla, así como también la pausa propia del lenguaje cinematográfico. Sorprende gratamente el tino con que Aaron Sorkin ha puesto la cámara y ha dirigido la visualidad del filme, el cual es bastante refrescante y atractivo, convirtiendo a toda la visualidad de “Apuesta Maestra” en un acompañamiento adecuado para el vertiginoso relato que presenta.

La historia de Molly Bloom es única en su género y, en tiempos donde la batalla por la igualdad de género está en boga, viene a engrosar la fila de películas que colocan a la mujer en la posición empoderada que merece. Crítica e implacable, “Apuesta Maestra” no es sólo la historia de una muchacha que se vio sola contra el mundo, sino también es la manifestación concreta del fracaso del sistema especulativo, el azar y los excesos. Molly no es una emprendedora, sino una sobreviviente, y así lo es su película, la cual consigue sobreponerse a un contexto cinematográfico que toma pocos riesgos. “Apuesta Maestra” es, como dice su nombre, un satisfactorio y refrescante salto de fe.


Título Original: Molly’s Game

Director: Aaron Sorkin

Duración: 140 minutos

Año: 2017

Reparto: Jessica Chastain, Idris Elba, Kevin Costner, Michael Cera, Samantha Isler, Chris O’Dowd, Graham Greene, Jeremy Strong, Bill Camp, Brian d’Arcy James, Claire Rankin, J.C. MacKenzie


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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