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Ant-Man: El Hombre Hormiga

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Cerrando lo que se ha denominado como la fase número dos dentro del universo cinematográfico de Marvel, es momento para que Ant-Man –parte de Los Vengadores originales en los cómics, pero quien, hasta ahora, no ha hecho su aparición en las cintas que reúnen a los superhéroes estrella de la ANT-MAN 02franquicia- tenga su proyección en la pantalla grande. El largometraje, inicialmente concebido en 2006, cuando el director Edgar Wright propuso a la famosa casa editorial hacer la versión en celuloide para el microscópico personaje (Wright sería después descartado como realizador de la película por Disney, que, en el proceso, adquirió todos los derechos sobre la firma de Stan Lee) llega para volcar los asuntos marvelianos hacia un lugar que se ubica justo entre la acción y la comedia.

Scott Lang (Paul Rudd) es un ingeniero eléctrico que decide renunciar a la carrera criminal que ha llevado hasta ahora, para poder estar más cerca de su pequeña hija. Sin embargo, en su último asalto, el hábil ladrón se encuentra en el camino a Hank Pym (Michael Douglas), un brillante físico que, por largo tiempo, ha desarrollado una tecnología capaz de reducir el tamaño de las cosas hasta el porte de una hormiga. Lang será reclutado por el científico para poner freno a los maliciosos planes de Darren Cross (Corey Stoll), un antiguo discípulo que ve en el invento de Pym la posibilidad de convertirse en un hombre poderoso y multimillonario.

ANT-MAN 03Es importante que la conclusión sobre cualquier película dentro de la sustancia Marvel se haga a partir de las credenciales individuales de cada una, y no desde el interés que despierte el constante crossover dispuesto entre la multiplicidad de sus historias. Y es que, si a una cinta no se le asigna identidad única, el valor de la misma puede ser dislocado por los errores del relato macro, más que por sus virtudes. En ese sentido, “Ant-Man: El Hombre Hormiga” arranca desde una ventajosa posición, al encontrarse soltera del hilo argumental establecido hasta el minuto con las entregas anteriores de la causa Avengers, cuyos elementos a veces se sienten muy dependientes entre sí. No, esto no pasa con la hormiga, que no se embarra más de lo necesario con otras líneas ya cursadas, aunque su propuesta tenga más de una referencia al universo del cual, innegablemente, es parte.

Lo anterior se puede configurar en gran medida gracias al humor que hay presente en el título, llegando a incluso representar un alivio al vértigo expresado en su predecesora cronológica, “Avengers: Age Of Ultron” (2015), y un cambio con respecto a la solemnidad histórica de la excelente “Captain America: Winter Soldier” (2014). Claro, la intención de “Ant-Man: El Hombre Hormiga” apunta hacia otro flanco, espacio donde precisamente radica el interesante aspecto que tiene la película.

ANT-MAN 01El largometraje dirigido por Peyton Reed –quien siempre estuvo cerca de la comedia y que asumió luego de que a Edgar Wright lo fueran– se toma el tiempo necesario para trazar los motivos de sus personajes, nivelando en un punto intermedio con la falta de consistencia en lo que se muestra como la personalidad de los últimos. Algo similar ocurre con el relato, que comprende un par de ideas difíciles de emparejar (que perfectamente podrían pasar como situaciones sinsentido), pero que se ven compensadas por la eficiencia narrativa que se extiende, por pasajes, a un ritmo demoledor. En aquel compás, el filme tiene la capacidad para compactarse al medio a través de una unión de secuencias que afirman la historia luego de una introducción dilatada, y que sirven, simultáneamente, como la transición necesaria que otorga el envión para que la cinta complete, sin premura, sus 117 minutos de duración.

El detalle gráfico de la producción también es un ítem para destacar. Sin ser el 3D un formato excluyente para el visionado de la película, la misma se puede estimar sobre todas las instancias que muestran la riqueza de sus recursos audiovisuales, un punto bien complementado por movimientos de cámara que provocan el vértigo que sugiere ver una filmación a escala, considerando las escenas ANT-MAN 04de acción que funden de muy buena manera este tipo, y el tamaño real. Por otra parte, como si se tratase de Scorsese dirigiendo, la idea de incluir algunos pasajes planteados a una movilidad frenética, entregando un dato por segundo, resultan en una apertura y un cierre divertidísimo para el título. El gran contra de lo anterior –detestable, inclusive- es continuar reforzando el estereotipo del personaje latino como la figura ridícula.

En definitiva, “Ant-Man: El Hombre Hormiga” sabe ocupar el lugar que le corresponde, formándose con aquello un largometraje que termina siendo muy entretenido. En tanto los diálogos podrían estar sujetos al tedio por los tecnicismos científicos y/o tecnológicos que ocupa, el filme los remata a tiempo para no llamar al aburrimiento del público. Tan equivalentes como distantes, la película podría acercar posturas con “The Incredible Shrinking Man” (1957), sin embargo, la hormiga no pretende hacer verborrea y no le da para reflexionar tan profundamente. Por último, y como siempre cuando hablamos de Marvel, hay que estar atentos a los post créditos.

Por Pablo Moya

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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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