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Amor Eterno

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La libertad, el amor, la juventud, la rebelión y la enseñanza forman parte de una etapa obligada en el crecimiento humano. Intentar representar cinematográficamente un período exótico e ineludible es una tarea que varios directores han hecho, con distintos grados de perspectivas y éxito. Guiado por un tema sumamente pueril –el amor juvenil-, y con dotes shakespearianos de amor imposible, Shana Feste adapta una historia pensada para esta década, presentando “Amor Eterno”, un remake de la película de 1981 y basada en la novela de Scott Spencer, todas del mismo nombre.

David Elliot (Alex Pettyfer) es un chico sencillo y trabajador que jamás se atrevió a hablarle a su tímida compañera Jade Butterfield (Gabriella Wilde) hasta el día de su graduación. Con un encuentro fortuito, ambos comienzan a enamorarse perdidamente, mientras descubren juntos el amor juvenil despreocupado. Sin embargo, ambos deberán enfrentarse con el impávido padre de la acaudalada familia Butterfield, Hugh (Bruce Greenwood), cuya arbitrariedad choca con el espíritu libre de los jóvenes amantes.

Lo que se nos presenta como una cinta bastante tradicional y predecible, pronto intenta alejarse de las convenciones de la típica comedia romántica y se adentra más en una especie de drama juvenil, donde las experiencias y los sentimientos del momento son aquello que le dan vida y ritmo a los sucesos. Asimismo, ocurre una aleación premeditada entre el cine masivo, acostumbrado a lo simplón y efectivo, y elementos de las producciones independientes, especialmente en aquellas escenas más cercanas a lo artístico y estilístico que a lo explicativo y conciso.

Una casi desconocida Gabriella Wilde interpreta a una chica acostumbrada a la sumisión familiar y estudiantil, poco agraciada ­–en la forma de ser, no en apariencia- e inocente, cercana al estereotipo ENDLESS LOVE 02de “inadaptado”. Sin embargo, no logra aportarle todos los elementos al personaje para hacerlo parecer fuerte y decidido, uno que debe enfrentar el cambio y las nuevas experiencias. Su juicio salta constantemente, y entre subordinación y decisión, poco se cede para descubrir la imagen fuerte y luchadora que se le intentó adjudicar.

Por otro lado, tenemos a Alex Pettyfer, conocido por sus papeles en “Magic Mike” (2012) y “Soy El Número Cuatro” (2011), quien se jacta de fórmulas probadas, así como de su seguridad, para interpretar un papel suficientemente genérico como para aceptar agregados. Pero, sin duda, el que se lleva todos los aplausos es Bruce Greenwood, quien logra sostener forzosa pero efectivamente la historia, sirviendo a la vez como personaje y eje unificador. Literalmente, es quien se roba la película, aunque esto sea algo negativo si lo pensamos en modo macro.

La dificultad con la que avanza la película deja una sensación lastimera. No es que sea poco entretenida o que deje cabos abiertos; pareciera que no se le dio el tiempo adecuado para detenerse en la naturaleza interna de los personajes y descubrir lo que los mueve realmente. En este sentido se pierde esa idea de “cine independiente”. Solamente vemos lo que es evidente: la mirada por encima del discurso “amor como motor de la vida”. Hay momentos en los cuales conocemos secretos, que algo enriquecen y explican el relato, pero la poca profundización real de los personajes produce tropiezos y saltos repentinos en la historia de cada uno.

Lamentablemente, llega un punto en el que la historia no da para más y nos transformamos en meros voyeristas de un relato adornado y lindo, con escenas y tomas que demuestran un trabajo pulcro, pero que resulta sumamente ajeno. Es una cinta autocomplaciente que no va más allá del discurso cultivado, a pesar de que alumbra sus pasos sobre una perspectiva que podría haber sido innovadora, pero que lamentablemente se mantiene, reitera, nutre y nos atiborra con eso del amor. Aunque tampoco es que el título prometa demasiado de antemano.

Por Daniela Pérez

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Deadpool 2

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Deadpool 2

Brazos, cabezas y sesos volando a través de la pantalla. Humor negro, descarnado, absurdo y completamente hilarante. Una cuarta pared hecha añicos y un interlocutor tierno y demente por partes iguales. “Deadpool” (2016) nos introdujo a uno de los más exóticos antihéroes de nuestro tiempo y, junto con él, todo un nuevo y desconocido límite para el género de las películas de superhéroes, en el que la acción y las bromas políticamente incorrectas son el motif al servicio de la historia, y no viceversa.

Terreno fértil para una sátira jocosa y llena de referencias pop, “Deadpool 2” rompe sus propias barreras para contar una historia que continúa tras la anterior, que, si bien no propone nada nuevo en cuanto a relato dramático se refiere, sí ambiciona con dos horas cargadas de la más pura esencia del sarcasmo balístico del mercenario “bocazas”.

Tras la aparición de un neófito mutante, Russell (Julian Dennison), Wade Wilson (Ryan Reynolds) es convencido de unirse a los X-Men para intentar ayudarlo. Pero la llegada de Cable (Josh Brolin), un mutante del futuro dispuesto a matar al adolescente, hará que Deadpool arme su propio team de héroes para detener la amenaza: la X-Force.

Muy, muy pocos temas actuales se salvan del sarcasmo mordaz que esta secuela nos entrega, como un espectáculo que toma elementos de su propia ficción y de nuestra realidad para usarlas a su favor: las últimas cintas de Marvel y Fox, además de personajes de su universo; temas de la agenda contingente; chistes sobre los actores principales y referencias por doquier para nutrirse de un atiborrado mundo de la cultura pop referenciable, lenguaje que la audiencia objetiva maneja y comprende a cabalidad. Como es de esperar, no hay límites en cuanto a las bromas, aunque nuevamente la proeza está en que funcionan como tal sin transformarse en ofensas que puedan pasar a un mayor nivel.

Ahora bajo la dirección de David Leitch, experimentado stuntmant, también director de escenas de acción y quien recientemente encabezó la producción “Atomic Blonde” (2017), el relato se desarrolla sin pausas y a toda máquina, dejando ciertos momentos para desviarse hacia escenas algo más dramáticas, que permiten que la aventura siga su camino. Sabiendo que su fórmula funciona, predica y practica su ‘religión’ de comedia saturada e ingeniosa donde más sabe utilizarla, sin salir de esa zona de confort tan característica como efectiva, de la cual lo único esperable es lo inesperado.

Compararla con su predecesora no es justo, ya que la primera funciona mejor como un experimento introductorio desde el cual fue posible tantear el terreno para presentar al personaje y probar el estilo de comedia. Hoy, con altísimos excesos e insaciable de referencias, esta entrega ofrece mucho más que un rato divertidísimo –sin exagerar, estamos frente a la cinta poseedora de la mejor escena post créditos del cine del género–, pero menos que una historia narrativamente ejecutada (aunque con gran futuro) o personajes realmente memorables.

Porque la excusa del team X-Force si bien genera expectación, su finalidad es menos honrosa en un principio, teoría que probaremos si es que una tercera película es confirmada. De la misma forma, hay varios dispositivos bastante cuestionables en la trama, los cuales, aunque no molestarán sustancialmente al espectador, sí dejan entrever un cierto descuido a nivel de guion en beneficio del efectismo. Pero claro, en una cinta que hasta se ríe de sus propios escritores, cabe preguntarse: ¿realmente importa?

Con grandes áreas para la mejora en cuanto a efectos y CGI de personajes respecta –pues sigue presentando problemas al igual que su antecesora, algo que es posible notar especialmente en Coloso– y algunos arcos narrativos planos, no hay nada que su humor salvaje multi-objetivo, referencias y estilo marcado por el metarrelato marketero en redes sociales, gobernado por Ryan Reynolds, puedan sopesar. Con cameos a otro nivel, esta nueva e inapropiada entrega es un mini universo inimitable e inagotable, que a su vez trabaja con todos sus vecinos de forma hilarante, creando una fiesta de sangre y humor negro a la que todos estamos invitados, y cuyo plato principal es el mercenario regalón que, pese a todo, adoramos ver en pantalla.


Título Original: Deadpool 2

Director: David Leitch

Duración: 119 minutos

Año: 2018

Reparto: Ryan Reynolds, Zazie Beetz, Josh Brolin, Morena Baccarin, T.J. Miller, Karan Soni, Brianna Hildebrand, Leslie Uggams, Jack Kesy, Julian Dennison, Eddie Marsan, Lewis Tan, Bill Skarsgård, Rob Delaney, Terry Crews


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