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Amigos de Armas

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Cada vez que una película se estrena vociferando estar basada en una historia real, logra capturar la atención del espectador que ve una oportunidad de conectar en mayor profundidad con los hechos, aunque muchas veces estas producciones sólo toman una premisa y vagamente representan la realidad de lo ocurrido. Sin embargo, considerando el potencial narrativo, son representadas algunas historias que capturaron el interés periodístico en el pasado. Es así como un artículo publicado en 2004, en la revista Rolling Stone, sobre dos jóvenes que lograron un contrato con el gobierno para suministrar armas a las tropas militares en Afganistán, es llevado a la pantalla grande de la mano de Todd Phillips, director de la exitosa “The Hangover” (2009).

WAR DOGS 01“Amigos de Armas” cuenta cómo dos jóvenes veinteañeros, David y Efraim (Miles Teller y Jonah Hill, respectivamente), empiezan a trabajar en el negocio de las armas. Estos son contratados para suministrar a los militares estadounidenses luchando en la guerra de Irak. Luego de hacer crecer el negocio y vivir una vida de lujos, se les presenta un contrato millonario para hacer lo mismo con los aliados americanos en Afganistán. Al aceptar, se ven involucrados en un mundo sombrío y peligroso, de donde es difícil escapar.

La premisa logra ser lo suficientemente interesante para generar atención desde el primer minuto, pues la idea de representar a la guerra como un negocio y los intereses económicos que giran alrededor pueden sostener una historia. Sin embargo, el relato va tomando giros que lo hacen adentrarse en algo más simple: cómo el dinero puede corromper a dos personas. Y desde ahí parte una historia sobre la  ambición, luchando con los dilemas morales y las consecuencias que estos dos personajes deben enfrentar.

WAR DOGS 02En la cinta existe una evidente influencia cinematográfica, sobre todo en la construcción de sus personajes. Ejemplificando esta idea, no es casualidad que en la oficina del personaje de Hill exista un cuadro gigante de Tony Montana en el clímax de “Scarface” (1983), siendo esta película un elemento central al influir fuertemente en las acciones de sus personajes. Otra clara influencia es el cine de Martin Scorsese, quedando en evidencia la narración en off y planos congelados, tal como si fueran sacados de “Goodfellas” (1990), además de citar a “The Wolf Of Wall Street” (2013) como principal conexión en términos de ritmo, propuesta visual y la mencionada construcción de sus personajes, que escalan en ambición sin cuestionamientos morales.

Las acciones de los dos protagonistas son moralmente cuestionadas, pero no enjuiciadas. Si bien, Efraim está más consciente de la situación en la que se ven involucrados, arrastrando a su compañero a aceptar el negocio, este último acepta sin mayor duda esta propuesta, asumiendo las consecuencias que aquello podría traer. Esta decisión hará que se enrede en una maraña de mentiras que pondrá en peligro su relación y, al mismo tiempo, al adentrarse poco a poco en la ilegalidad del negocio, será puesta en jaque su libertad. Entonces, nos enfrentamos a dos personajes que son presa de sus ambiciones y están dispuestos a transar y apostar todo lo que tienen con tal de obtener más dinero. A pesar de tener una buena justificación para desarrollar esta crítica en profundidad, sólo se hace de manera superficial, perdiendo la oportunidad de establecer una idea mucho más clara frente a las acciones de estos personajes.

WAR DOGS 03Al ser una película del director que llevó a la pantalla la alocada historia de un grupo de hombres después de una noche de fiesta en Las Vegas, se esperaba que caminara por el mismo sendero de comedia desenfrenada. Sin embargo, esta vez Phillips decide dar un giro al tipo de humor que venía trabajando e intenta fabricar uno que está mucho más cargado a la comedia negra con tintes de drama. Sin decepcionar a las expectativas, la comedia está presente y logra funcionar, siendo Jonah Hill quien logra condensar las situaciones más graciosas.

“Amigos de Armas” logra sostenerse gracias a que posee un buen ritmo y cuotas de humor que van acorde a la historia central. Si bien, parte con una premisa lo suficientemente interesante y todos sus elementos van conectando, a medida que avanza no queda claro si hay una crítica hacia el negocio de la guerra o si sólo se trata de retratar de manera divertida la historia real, pues hacia el final se pierde el foco principal y logra llegar a puerto de manera caótica, revelando un ambiguo final que contribuye a sólo dejarla como una divertida y poco satisfactoria anécdota.

Por Ángelo Illanes

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David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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