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Allende en su Laberinto

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Es importante desmitificar la imagen que arrastra el cine chileno sobre lo que la mayor parte del público presume como el único gran tema que este aborda: la dictadura militar. Una sentencia muy alejada de la realidad, cuando consideramos que un título como “Allende en su Laberinto” es el primer trabajo audiovisual de ficción que cuenta íntegramente lo que pasó el día del Golpe de Estado, siendo Salvador Allende –un personaje por lo demás resistido al momento de ser reconstruido en pantalla- su protagonista. Si bien, por medio del formato documental son bastantes los cineastas que se han encargado de mantener vigente este asunto cardinal en la frágil memoria colectiva de nuestro país, es la representación de la historia verdadera a través de un largometraje, desde la perspectiva de uno de sus actores fundamentales, la que hasta ahora no se había visto.

ALLENDE EN SU LABERINTO 01La película refiere lo ocurrido en las últimas horas de vida del ex presidente Salvador Allende (Daniel Muñoz) –siempre a partir de su mirada- en medio del bombardeo a La Moneda, efectuado por la Fuerzas Armadas la mañana del 11 de Septiembre de 1973, hecho que marcara el inicio del régimen militar encabezado por Augusto Pinochet. El relato ubica su curso desde aproximadamente las 07:00 hrs., cuando desde Valparaíso la Armada de Chile (Fuerzas Navales) enviara las primeras señales sobre lo que iba a pasar en ese día, hasta cuando cerca de las 14:00 hrs. se produce finalmente el deceso del ex líder de la Unidad Popular (coalición que agrupaba a distintos partidos de izquierda). Dentro de este marco, la cinta va repasando toda la turbulencia provocada en el Palacio de Gobierno, puesta la figura de Allende como el principal foco de atención.

La historia conocida por muchos, pero preservada por pocos. Miguel Littin, comprometido director nacional, exiliado por la dictadura en 1973, responsable también del documental “Compañero Presidente” (1971) y de “Dawson. Isla 10” (2009), nos ofrece con “Allende en su Laberinto” una pieza que seguramente hará una inflexión en el quehacer cinematográfico local, no tanto por la apuesta en su carácter artístico, pues existen errores en la forma estrictamente fílmica, sino más bien por la significancia en el fondo de lo expuesto. Así, el relato se advierte claramente segmentado en dos partes: primero se van estableciendo de forma muy cuidada las afinidades más estrechas que mantuviera el “Chicho” con algunas de las 50 personas que lo acompañaran en La Moneda en el momento del embate militar (entre ellos su gran amigo Augusto “El Perro” Olivares y Miria “Payita” Contreras, secretaria personal con quien Allende sostuviera una relación amorosa), para luego, a través de un cambio de ritmo muy acertado y, utilizando la intimidad de aquellos lazos, significar los juramentos personales en la resistencia grupal bajo el fuego producido por las bombas que golpeaban con cada vez más fuerza.

ALLENDE EN SU LABERINTO 02“El poder sin límites de las transnacionales”, acusa una línea de la película, aludiendo a toda la influencia que tiene el empresariado sobre los gobiernos. En ese escenario, “Allende en su Laberinto” no termina de aprovechar las instancias que se generan para explicar claramente el porqué del golpe militar, dejando entrever que sus intenciones no pasan por entregar información detallada sobre conflictos históricos. Y aunque se agradecen los guiños a Richard Nixon y Henry Kissinger –instigadores estadounidenses del golpe- sobre sus funciones como colaboradores de Pinochet, la parcial omisión de datos elementales en el contexto de la época para Chile y Latinoamérica (como el alcance del plan de la reforma agraria o la nacionalización del cobre impulsada por el mismo Allende, Radomiro Tomic y Eduardo Novoa, que dejaba en manos del Estado la explotación del mineral, desarticulando la maquinaria de las grandes mineras norteamericanas), van haciendo falta en la medida que el espectador no maneje estos antecedentes.

Indistintamente que la estructura narrativa sea eficiente para ir descubriendo con calma la historia, la misma no se comprende totalmente cercana; no es lo necesariamente emotiva en su resultado. Las transiciones entre las escenas no ayudan a mejorar tal precariedad y la continuidad del relato, clave si pensamos que aquí se representan sólo siete horas de tiempo real, se ve afectada por un tratamiento técnico que no encuentra su sitio. No obstante de que la estética del filme se nota bien trabajada, los efectos especiales son absolutamente deficientes, despojando del tono solemne que merece la cinta ALLENDE EN SU LABERINTO 03para su posterior credibilidad. La inclusión de audios reales del 11 de septiembre, junto a las muy buenas interpretaciones de Daniel Muñoz, para muchos juicios convincente en la gran capacidad oratoria del ex timonel socialista, y Aline Kuppenheim, identificada con el tema por medio de producciones como “Machuca” (2004) o “Ecos del Desierto” (2013), contribuyen a que la apariencia del largometraje sea consensuada en sus reales atributos.

En efecto, son muchos los realizadores que se han acogido a la fórmula documental para representar lo acaecido con todo lo que rodea al nefasto Golpe de Estado de 1973 y a la posterior dictadura de Pinochet, resultando aquello en trabajos realmente notables, como “La Batalla de Chile” (trilogía de cintas hechas y terminadas en el exilio por Patricio Guzmán, recién estrenadas en Chile en 1996) o “La Ciudad de los Fotógrafos” (2006) de Sebastián Moreno. Miguel Littin probablemente no entregue su mejor producto con “Allende en su Laberinto”, sin embargo, en palabras del propio cineasta, “se cumplió con el objetivo de preservar la memoria de Allende a través de una película”, y eso, para la envergadura social, política e histórica de este título, ya es más que suficiente.

Por Pablo Moya

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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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