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Agentes del Desorden

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El género de la comedia de acción es extenso en cantidad, variado en calidad y menos amplio en trascendencia. Extraído de este mismo contexto, y como un sub-género, se encuentra la comedia policial, que no es otra cosa más que acudir al recurso de dos personajes protagónicos, esperar que la química de ambos funcione y que logren sobrellevar un guión hasta el final de la mejor forma posible. Con la saga “Lethal Weapon” (1987 – 1998) tuvimos un claro ejemplo de esto, con Mel Gibson y Danny Glover como baluartes simbólicos de la química que debe expeler una pareja en pantalla, incluso sobreponiéndose a los baches que podía tener el guión en alguna de las entregas. En el último tiempo, “21 Jump Street” y su secuela “22 Jump Street” han intentado rescatar este estilo –tan vilipendiado por películas con mucha pompa, poca sustancia y generadoras del olvido más inmediato-, triunfando en su cometido. Ahora llega a la cartelera una nueva candidata en esta difícil misión: “Agentes del Desorden”.

LET'S BE COPS 01Ryan (Jake Johnson) y Justin (Damon Wayans Jr.) son dos treintones amigos que comparten hogar. El primero es un tipo cesante, que se mantiene financieramente de los beneficios de un vergonzoso trabajo que hizo hace algunos años; el segundo es un creador de videojuegos que no es tomado en serio por su inepto jefe, frustrando todas sus ideas. Una noche, ambos se visten de policías para asistir  a una fiesta, convirtiéndose en el centro de atención del lugar y sus alrededores. Le toman el gusto a esa sensación y deciden repetir la experiencia cotidianamente, algo que los llevará incluso a meterse en un lío con la mafia local.

Jake Johnson y Damon Wayans Jr. son viejos conocidos: ambos han compartido espacio en la serie de TV “New Girl” durante un par de temporadas, lo que podría llevar a creer que el pilar basal (la mencionada química) para una película de estas características es prácticamente un hecho. Y así lo intentan con su mejor disposición, pero no cuentan con la mala mano de quien dirige esta producción. Luke Greenfield es un director promedio, con más desaciertos que aciertos en la industria cinematográfica, quien vivió su momento de más aplausos con “The Girl Next Door” hace ya una década. Acá su dirección se nota plana y sin muchas ideas, dejando que su flojo guión (co-escrito con Nicholas Thomas) avance como si de perfección se tratara sin plantear una impronta como director, llegando incluso a sabotear sabrosos pasajes de la pareja de amigos, otorgándole minutos a pobres secuencias que no aportan nada al objetivo cómico y argumental de la película.

LET'S BE COPS 02Ante esto, no es de extrañar el desequilibrio rítmico del que es víctima la cinta. En un principio –a pesar de las inverosimilitudes, la incoherencia y los clichés presentados- las bases son apostadas de manera ágil, aterrizando en el núcleo de humor y la gracia de “Agentes del Desorden”: las acciones de un par de ineptos con la adquisición de un poder que les era desconocido. Hasta ahí todo bien, el problema es que esta dinámica ocupa pocos minutos de metraje, trasladando la narración a lo convencional, privilegiando los adornos individuales y tratando de levantar una tenue relación romántica que nunca termina de armar una figura sólida en el relato.

Aunque con corta participación, los secundarios interpretados por James D’Arcy y Andy García le otorgan un tono más enigmático a “Agentes del Desorden”, pero el desaprovechamiento del gran Rob Riggle en el “bando humorístico”, hacen que la balanza se incline y por momentos tambalee hacia el lado más “serio”, aspecto que es salvado por algunos diálogos punzantes y los quebrantamientos de norma que generan algunas secuencias. Y es ahí cuando uno se pregunta por qué el guión no pudo seguir ese rumbo y prefirió el tradicional pavimento del facilismo.

LET'S BE COPS 03Todo esto hace que la película avance como una onda, con altos y bajos, pero siendo el promedio de ambos lo que impera. Esta poca consistencia provoca una inminente visualización de sus defectos, como algunas pobres actuaciones (Wayans Jr. tiene cara de palo, literalmente, en todas sus intervenciones), la obviedad de la música, tanto el soundtrack como la incidental, y lo poco comprometido de su montaje, que en general avanza con el mayor desgano posible, como si de entregar el capítulo de una sitcom semanal se tratara. Sin embargo, este último apartado técnico se redime hacia el final con una secuencia realmente exquisita, donde se combina una exposición y un tiroteo. ¿Por qué no pudo tener ese alto nivel todo el metraje?

En conclusión, “Agentes del Desorden” es lo que se podría denominar una película para pasar el rato, con momentos hilarantes y otros insípidos, con escenas que comienzan a generar una risa, pero que no alcanzan para la carcajada. Su idea central es una gema, un buen indicio, sin embargo, no cuenta con un joyero de oficio que pueda darle una forma atractiva para ganar lugar en alguna vitrina. Si la fundamentamos exclusivamente en la comedia policial, ya existen más películas que la dejarán como una simple candidata, y a las candidatas se les admira en su momento, pero difícilmente se les recuerda.

Por Claudio Tapia

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Midway: Batalla en el Pacífico

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Midway

La Batalla de Midway en 1942 entre Japón y Estados Unidos fue un punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial, cuyas fuerzas se enfrentaron y demostraron el potencial militar con el que contaban, cambiando el curso que los enfrentamientos estaban teniendo hasta el momento. Aquella batalla sirvió como material de inspiración para la película “Midway” (1976) y nuevamente es retratada en pantalla en las manos de Roland Emmerich, quien está a cargo de una producción que rememora uno de los grandes momentos bélicos del siglo pasado.

“Midway: Batalla en el Pacífico” se ubica en 1942, justo en medio de la Segunda Guerra Mundial y seis meses después del ataque en Pearl Harbor a manos de la armada japonesa. Sus enemigos estadounidenses preparan un contraataque al ejercito japonés y una de las grandes batallas toma lugar en las Islas Midway, donde todo el poder militar estadounidense se pondrá a prueba para poder vencer a las fuerzas opuestas y darle un giro a la gran guerra.

Roland Emmerich es reconocido por su ostentación visual, donde el espectáculo de efectos especiales es el foco de atención y las grandes explosiones y batallas sirven como el adorno perfecto para, al mismo tiempo, complementar historias centradas en el heroísmo y el sacrificio por un bien mayor.

Después de “Independence Day: Resurgence” (2016), Emmerich se embarca en uno de sus proyectos de vida, queriendo rememorar y homenajear a quienes formaron parte de una de las batallas más importantes en las que Estados Unidos fue parte en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. El heroísmo y la abnegación son el pilar fundamental en la manera en que los protagonistas de esta historia son retratados, siendo ellos quienes conectan el monumental enfrentamiento y el drama humano detrás de la destrucción de portaaviones y cruceros.

Considerando las posibilidades visuales con las que se cuentan para representar este evento histórico, esta superproducción aprovecha con creces cada una de esas herramientas, reproduciendo la batalla aérea y naval de manera épica, y cumpliendo con el nivel grandilocuente de Emmerich. Aquellas escenas bélicas –apoyadas fundamentalmente por efectos digitales– constituyen la gran fortaleza de una cinta que pretende alcanzar más allá de lo que realmente logra. Por lo tanto, y desde un comienzo, estas secuencias harán de “Midway: Batalla en el Pacífico” una película que se basa más en la forma que en el fondo.

Sin embargo, el principal problema recae en el ensamblaje de estas secuencias de batalla con otras de un tono mucho más íntimo, donde el drama personal de algunos de los personajes sale a flote en medio de una guerra externa. Estos momentos, cuya naturalidad se pierde en diálogos flojos y forzados, aflojan la gran historia que se está tejiendo en el campo de batalla, produciendo una disonancia entre la ostentosidad de efectos visuales y hazañas heroicas, y la sencillez de acciones puestas a la fuerza para abarcar cada rincón que esconde un evento histórico. Queda en evidencia la desconexión que existe al momento de entrelazar y dar como resultado final un relato que pretende profundizar, no obstante, se queda en la superficie como si no supiera cómo avanzar.

“Midway: Batalla en el Pacífico” cuenta con el potencial y las características necesarias para poder convertirse en una producción que quiere mezclar secuencias épicas y el drama humano detrás de las grandes batallas. Sin embargo, falla al no poder lograr juntar ambas visiones de una manera coherente y natural, no alcanzando a abarcar en profundidad uno de sus objetivos, dejando que el espectáculo se apodere de la pantalla y resultando en una cinta atractiva de ver, pero carente de sustancia.


Título Original: Midway

Director: Roland Emmerich

Duración: 138 minutos

Año: 2019

Reparto: Ed Skrein, Woody Harrelson, Patrick Wilson, Luke Evans, Aaron Eckhart, Nick Jonas, Mandy Moore, Dennis Quaid, Darren Criss, Luke Kleintank, Alexander Ludwig, Mark Rolston


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