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A War, La Otra Guerra

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La conceptualización de las tragedias con el propósito de aterrizar su supuesta comprensión implica despojarlas del factor clave: el humano. Con lo que los ojos del mundo se quedan  son los titulares y resúmenes de cuestiones que son verdaderas pesadillas que se están viviendo en tiempo real, involucrando a personas y familias reales que, como cualquier mortal, jamás pensaron les tocaría ser víctimas de asuntos que, hasta entonces, no podían tocar. La violencia florece cuando el lenguaje de la injusticia se torna abstracto.

KRIGEN 01La vida del joven comandante Claus Michael Pedersen (Pilou Asbæk) se divide en dos preocupaciones: dirigir a sus hombres durante su peligrosa estadía en Afganistán, y el bienestar de su familia que le espera en Dinamarca. Entre tanta responsabilidad, será una orden suya en territorio bélico la que le deparará una tremenda problemática.

“A War, La Otra Guerra” no es una película sobre el asunto bélico físico; esa maqueta de la guerra formada por pantalones militares, tanques y explosiones que se esperan de una producción como tal. La guerra aquí es distinta. Es aquella que apenas se nota, aquella silenciosa y de bajo perfil que no se aborda porque carece de esa resonancia dramática merecedora de un espacio en el noticiario o el best seller. La agresión reposa en el torbellino interno de Claus, cargando sobre sus hombros la vida de terceros por motivos de justificación lógica imposible y, paralelamente, el sentimiento de culpa por su ausencia en el núcleo familiar, en el cual su esposa debe desdoblarse para cuidar de tres niños al mismo tiempo.

KRIGEN 02Se nos plantean los cuestionamientos más sensibles y no le hace falta predicar al respecto, pues el poder del código audiovisual es más fuerte que un diálogo auto explicativo, un ejercicio ejemplar de cómo hacer buen cine sin arrogancia. En la delgada línea entre la genuina bondad desinteresada y el auto sabotaje, Claus se ve obligado a enfrentar amargas situaciones que chocan directamente con el límite de su potestad como líder, y que de ser violadas depararían en su castigo. Entonces, ¿qué hacer, en un contexto donde la empatía es riesgosa? Y ¿qué es el riesgo, en el privilegio primermundista de un país escandinavo versus el horror diario de un país de medio oriente en conflicto? Un padre de familia le ruega por refugio alegando que los hijos de Claus están a salvo, para que el corte directo nos enseñe al hijo menor de Claus lejos de aquella afirmación.

Por otro lado, una madre que no tiene el corazón para recriminar la ausencia de su marido, quien es víctima de un sistema que le ha lavado el cerebro para que piense que la guerra es útil y que, por tanto, está haciendo un bien, se las debe arreglar sola, ya que algo mucho más persuasivo que el amor se interpuso entre ella y él. Y la justicia, determinada en hundir a un sujeto que se vio atrapado entre la espada y la pared en medio de una situación de tensión indescriptible. ¿Por qué siempre se enjuicia al peón mientras la figura de la cabeza pensante sigue volátil, omnipresente, inalcanzable?

KRIGEN 03“A War, La Otra Guerra” es cruenta sin derivar en la exacerbación, que es su elemento más aplaudible. Su realizador tiene consciencia de que el material en sus manos ya es, per se, de una brutalidad descomunal, por lo que declina de echarle sal a la herida recurriendo a un tratamiento efectista. Olvidémonos del zoom in en la lágrima que corre por la mejilla y los violines deprimentes: de registro no intruso y un montaje sigiloso, que transcurre desapercibido, el film nos muestra que lo íntimo y lacrimógeno pueden ser adjetivos mutuamente excluyentes. Ningún plano nos manipula para que nos sintamos conmovidos hasta la vena, pero ahí estamos, mirando fijo la pantalla mientras nos destrozamos por dentro.

Todos los involucrados en la guerra son víctimas, teoriza la película. Por supuesto que los caídos en batalla, pero también los sobrevivientes y todo su círculo cercano. El que se salva y retorna a casa a los brazos de sus seres queridos, y vuelve a dormir en su cama cálida, también perdió. Y es que ¿qué se puede ganar de una experiencia plagada de dolor, violencia y muerte a causa de antojos económicos superiores, sino una sensación de desolación que una terapia sólo puede moderar? ¿Qué le borra a Claus la imagen de cuerpos de niños explotados al tiempo que arropa a sus propios niños, que a su vez sufrirán de un padre con el alma dañada? En “A War, La Otra Guerra” el único que gana es el espectador.

Por María José Álvarez

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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