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Cine

7 Semanas

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Volcar posturas sobre temas encendidos y contingentes en un filme es una iniciativa tentadora, a la que por estos días los cineastas locales no temen echar mano. Un desvarío de ese esfuerzo sugiere intentar envolver en ficción una lucha o injusticia social sin más intenciones que ser la película sobre algo apremiante. Delineado de ese modo, se entra y se sale de la sala inmutable por no haber visto una propuesta que invite a algún tipo de sensación o idea que repercuta, y ahí lo más loable reside en que se tuvo la voluntad de abordar desde lo cinematográfico un tema necesario de llevar a la discusión pública.

7-semanas-01La primera cinta de Constanza Figari pone en el centro a una pareja de pololos, donde ella (Paulina Moreno) es estudiante de danza y él (Camilo Carmona), algo mayor, tiene trabajo. Uno quiere avanzar con más prisa que el otro, ambos tienen familias disfuncionales, pero por sobre todo manejan planes. Objetivos y sueños que se ven alterados cuando quedan esperando un hijo; él y el entorno de ambos recibirán la noticia con alegría, pero en ella las dudas crecen, hasta llegar a tomar una determinación que no encuentra respuestas de afecto.

Probablemente, el gran juego que tenga para ofrecer la película sea apostar por ponerle el pelo rojo a la protagonista como contraste de la grisácea fotografía y aprovechar ese elemento para dar con cuidados planos, momentos suspendidos en el tiempo cuyo poder expresivo –aunque sea dilapidado– es difícil poner en duda. Son en especial esas escenas, no sujetas a una acción en particular y donde en general Moreno no está acompañada, las piezas más logradas del conjunto, pues dan cuenta del 7-semanas-02desamparo de un ser humano y retratan el drama que implica no querer ser madre y que no exista un círculo que contenga ni una ley que ampare.

Lamentablemente, eso no gana en profundidad, pues esta ópera prima en vez de proponerse hablar únicamente sobre una joven y su decisión, circunscribe la temática dentro de un pololeo, historia de amor narrada con cierta opacidad e inclinación por los lugares comunes, que tampoco se acopla como refuerzo importante de la situación que se genera cerca del último tercio. En definitiva, lo que se cuenta a lo largo de la cinta es más o menos lo que cualquiera podría imaginar viendo los primeros segundos, no existiendo en medio ni grandes indagaciones ni hallazgos que lo hagan un filme indispensable, de manera que sus casi 70 minutos pasan y sólo se puede pensar en una oportunidad poco aprovechada.

El aborto es un tema urgente, y ponerlo de relieve a través de lo cinematográfico resulta propicio, pero ¿es necesario llevarlo a un plano tan pedagógico? Ciertamente, esta es una película que podría ser mostrada en los colegios para hablar sobre el tema y, si esa fuera la apuesta, no habría mucho que imputarle. Pero suponiendo que hay algo más de apetito que servir de material de apoyo en aulas 7-semanas-03o instituciones, la cinta no ofrece residuos de densidad discursiva o genuina carga dramática. Es simplemente la problemática encapsulada en un caso que califica como frecuente, en esta oportunidad llevada al cine con una narrativa débil. No hay, por lo mismo, búsquedas laterales ni vueltas de tuerca que le den peso, y ante eso se hace difícil encontrar un bálsamo en algo que no sea un pololeo proyectado con desgano, sin mayores capas u honduras, pese a que todo se concentra en esa relación.

Nadie parece advertir eso, por lo que acaecen escenas de irregular y poco lograda intensidad dramática, defecto que le roba valor a la película y, particularmente, es fruto de líneas de diálogo muy corrientes que los actores interpretan con insuficiente convicción. Moreno hace un interesante trabajo desde lo físico, pero los textos que tienen a cargo tanto ella como Carmona nunca huyen de lo irrelevante, lo insulso o lo maquetado. Es signo de la mecánica de la película, que apunta a hilvanar algo llano y de fácil entendimiento y huir de mayores exploraciones artísticas. En ese sentido, puede ser efectiva como vehículo de lucha, pero como obra cinematográfica no roza lo competente.

Por Gonzalo Valdivia

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El Llamado Salvaje

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El Llamado Salvaje

El CGI (Computer Generated Imagery) en el cine es a menudo un tema controversial al ser a veces mal utilizado, o ser técnicamente deficiente. A veces el efecto que genera es simplemente espantoso, como en el caso de “Cats” (2019), en otras busca ser casi lo único valioso en una película, más que historia o personajes, como en el caso de “Avatar” (2009). Esto se debe en gran medida a que es un recurso relativamente nuevo en la historia del cine, y las capacidades técnicas de los efectos especiales siempre están evolucionando. Algo notable de “El Llamado Salvaje” desde un principio es el uso de CGI para generar personajes casi en su totalidad, lo que es definitivamente una apuesta arriesgada. Sin embargo, el resultado, a pesar de no ser perfecto, es un buen camino a seguir para la industria en el futuro.

La historia sigue a Buck, un perro grande y afable, criado por una acaudalada familia en California, que es secuestrado y vendido durante la Fiebre del Oro, y enviado a Yukon, al norte de Canadá. Ahí vivirá diversas aventuras y conocerá a diferentes perros y personas que lo acercarán a su lado más salvaje, lo que finalmente lo llevará a su destino.

“El Llamado Salvaje” es una sólida película de aventuras, en gran medida porque el personaje principal es profundamente querible. Pese a que puede ser sumamente difícil generar empatía con un protagonista que no habla, por lo que se vuelve difícil entrar en su mundo interior, el film toma las decisiones adecuadas de utilizar una voz en off que a menudo nos dice lo que piensa, y hacer uso del CGI para darle al animal un gran rango de emociones y personalidad. Inmediatamente somos capaces de conectarnos con Buck, y además de entender su relación con los otros animales que conoce, los que también son sumamente expresivos.

Y ese es uno de los grandes aciertos de la película. El uso que le da al CGI tiene más que ver con construir personajes expresivos y queribles que con buscar un fotorrealismo que sea técnicamente sorprendente, o con generar un mundo de fantasía que sea el gancho de la cinta. A diferencia de “The Lion King” (2019), acá los personajes caninos están llenos de expresividad y personalidad, incluso a pesar de no tener voz, y esto es casi en su totalidad a lo efectivo del CGI.

Aunque, claro, la falta de prolijidad técnica en la animación de los personajes se siente, y en algunas escenas casi llega a distraer de la historia. Hay momentos en que estos no alcanzan a mezclarse bien con su ambiente y se sienten como personajes de videojuego, moviéndose por un ambiente de manera desconectada. Sin embargo, el film completo genera una sensación de fantasía y plasticidad que se complementa bien con este aspecto.

Básicamente, todo es un poco plástico, pero al menos de manera coherente. Se siente como un film animado, tanto por su textura visual como por su puesta en escena, lo que tiene sentido, considerando que es la primera película live action del director Chris Sanders, famoso por “Lilo & Stitch” (2002) y “How To Train Your Dragon” (2010) y “The Croods” (2013). Esto lleva a que los momentos en que el CGI falla se vuelvan menos choqueantes y nunca lleguen a ser más llamativos que la historia en sí.

“El Llamado Salvaje” no es una película perfecta, tiene algunas falencias de guion, algunos de sus personajes (particularmente los villanos) son algo caricaturescos y el final se vuelve sobre explicativo, alargándose y siendo innecesariamente cursi. Sin embargo, al igual que el viaje de Buck, es una película con altos y bajos: una vez terminada, es un viaje que valió la pena tomar. Y no sólo eso, es también un buen ejemplo de las posibilidades narrativas que puede tener el uso de CGI en el cine, si dejamos de centrarnos en el aspecto técnico y volvemos a concentrarnos en la historia y los personajes.


Título Original: The Call Of The Wild

Director: Chris Sanders

Duración: 105 minutos

Año: 2020

Reparto: Harrison Ford, Dan Stevens, Bradley Whitford, Karen Gillan, Omar Sy, Jean Louisa Kelly, Terry Notary, Cara Gee, Colin Woodell, Wes Brown, Anthony Molinari, Brad Greenquist


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