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15:17 Tren a París 15:17 Tren a París

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15:17 Tren a París

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El ejercicio de adaptar no es tarea fácil. La realidad es distinta a la ficción y en la vida real los eventos no ocurren de una forma que narrativamente tenga sentido. Al hacer una película basada en hechos reales se hacen necesarias las competencias de articular sucesos aparentemente inconexos y así otorgar a la obra de aquel sentido de causalidad que hace falta en la vida. Hilar los hechos. Contar una historia. “15:17 Tren a París” tiene muy claro en qué hecho se está basando, pero no qué historia está contando.

La película está recogida de la historia real de Spencer Stone, Alek Skarlatos y Anthony Sadler (interpretándose a sí mismos, en lo que es el rasgo más interesante de esta producción), tres amigos norteamericanos que en un viaje en Francia se vieron enfrentados a un intento de ataque terrorista en un tren. Juntos logran enfrentar al terrorista en cuestión y prevenir la catástrofe, salvando en el acto a todos los pasajeros. Se cuenta este incidente específico, un hecho aislado. Eso lo sabemos desde que entramos a ver la película y en los segundos iniciales se insinúa qué es lo que se nos va a mostrar, pero hay que esperar un poco antes de llegar a la parte importante.

La historia, entonces, vuelve para contarnos cómo se conocieron estos tres amigos, y pasamos media hora viendo a niños metiéndose en problemas en el colegio y estrechando su vínculo, en lo que pareciera una película diferente. Cuando los niños crecen, dos de ellos se meten a la milicia, uno es enviado a Afganistán (Skarlatos) y otro funciona como agente en la Fuerza Aérea (Stone). Seguimos a este último en su rutina y entrenamiento, mientras empezamos a notar que, como el hecho noticioso que generó la película es tan escueto, se está recurriendo a un backstory innecesario, inconexo y aburrido para rellenar.

La película demora alrededor de una hora en llegar a lo que claramente es el foco para Clint Eastwood y lo único que vale la pena contar. El problema es que no dotó de ningún nexo temático que vinculara el incidente con los otros pasajes y no se entiende por qué se eligieron esos momentos como necesarios para contar esta historia. La infancia de los amigos, el entrenamiento de Stone y su mochileo por Europa, más que estar derechamente mal, nos hace cuestionarnos por qué se nos está mostrando un material que no repercute de manera lógica ni temática en la historia posterior.

Paul Greengrass optó en “United 93” (2006) por centrarse solamente en los momentos cruciales del atentado que retrata, con grandes resultados. El mismo Eastwood en “Sully” (2016) logró conectar el incidente real en que se basaba la historia con la consecuencia directa de la investigación que la sucedió. Es decir, es posible dotar de un sentido completo a una película aunque el interés esté puesto exclusivamente en un hecho basado en la realidad, pero en “15:17 Tren a París” la mayoría se siente como relleno.

Y, al rellenar, la atención se desvía hacia otros apartados y quedan expuestas más fácilmente otras fijaciones del director. No es secreto que Eastwood tiene un fetiche por el heroísmo estadounidense –recientemente demostrado en la propagandística “American Sniper” (2014)–, y aquí está en evidencia nuevamente: vemos en un largo pasaje meloso la condecoración de los protagonistas como héroes; el enemigo de la película es básicamente un malo de dibujos animados, un terrorista sin líneas ni motivación; nos muestran la devoción de los jóvenes por la guerra, incuestionable desde que son niños que no se veían haciendo otra cosa. Se visten con poleras militares, tienen la bandera estadounidense en su pieza y juegan con armas reales, las cuales son tratadas como un agregado casual a la escena, sin ser cuestionadas siquiera por los adultos que ven a los niños adorarlas.

Clint Eastwood no esconde una fijación por cierto tipo de cine y, a sus 87 años, no podemos exigirle que cambie o amplíe su punto de vista, pero va en nosotros como espectadores el someternos a algo que en idiosincrasia no nos hace sentido ni tenemos por qué avalar. Sí, los tres jóvenes que protagonizan la historia salvaron a mucha gente y son héroes en justa medida, pero no necesitábamos una película anecdótica e ineptamente articulada como historia para enterarnos. Para eso tenemos las noticias.


Título Original: The 15:17 to Paris

Director: Clint Eastwood

Duración: 94 minutos

Año: 2018

Reparto: Spencer Stone, Anthony Sadler, Alek Skarlatos, Judy Greer, Jenna Fischer, Ray Corasani, Tony Hale, Thomas Lennon, Sinqua Walls, Paul-Mikel Williams, Max Ivutin, Bryce Gheisa, Cole Eichenberger


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Deadpool 2

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Deadpool 2

Brazos, cabezas y sesos volando a través de la pantalla. Humor negro, descarnado, absurdo y completamente hilarante. Una cuarta pared hecha añicos y un interlocutor tierno y demente por partes iguales. “Deadpool” (2016) nos introdujo a uno de los más exóticos antihéroes de nuestro tiempo y, junto con él, todo un nuevo y desconocido límite para el género de las películas de superhéroes, en el que la acción y las bromas políticamente incorrectas son el motif al servicio de la historia, y no viceversa.

Terreno fértil para una sátira jocosa y llena de referencias pop, “Deadpool 2” rompe sus propias barreras para contar una historia que continúa tras la anterior, que, si bien no propone nada nuevo en cuanto a relato dramático se refiere, sí ambiciona con dos horas cargadas de la más pura esencia del sarcasmo balístico del mercenario “bocazas”.

Tras la aparición de un neófito mutante, Russell (Julian Dennison), Wade Wilson (Ryan Reynolds) es convencido de unirse a los X-Men para intentar ayudarlo. Pero la llegada de Cable (Josh Brolin), un mutante del futuro dispuesto a matar al adolescente, hará que Deadpool arme su propio team de héroes para detener la amenaza: la X-Force.

Muy, muy pocos temas actuales se salvan del sarcasmo mordaz que esta secuela nos entrega, como un espectáculo que toma elementos de su propia ficción y de nuestra realidad para usarlas a su favor: las últimas cintas de Marvel y Fox, además de personajes de su universo; temas de la agenda contingente; chistes sobre los actores principales y referencias por doquier para nutrirse de un atiborrado mundo de la cultura pop referenciable, lenguaje que la audiencia objetiva maneja y comprende a cabalidad. Como es de esperar, no hay límites en cuanto a las bromas, aunque nuevamente la proeza está en que funcionan como tal sin transformarse en ofensas que puedan pasar a un mayor nivel.

Ahora bajo la dirección de David Leitch, experimentado stuntmant, también director de escenas de acción y quien recientemente encabezó la producción “Atomic Blonde” (2017), el relato se desarrolla sin pausas y a toda máquina, dejando ciertos momentos para desviarse hacia escenas algo más dramáticas, que permiten que la aventura siga su camino. Sabiendo que su fórmula funciona, predica y practica su ‘religión’ de comedia saturada e ingeniosa donde más sabe utilizarla, sin salir de esa zona de confort tan característica como efectiva, de la cual lo único esperable es lo inesperado.

Compararla con su predecesora no es justo, ya que la primera funciona mejor como un experimento introductorio desde el cual fue posible tantear el terreno para presentar al personaje y probar el estilo de comedia. Hoy, con altísimos excesos e insaciable de referencias, esta entrega ofrece mucho más que un rato divertidísimo –sin exagerar, estamos frente a la cinta poseedora de la mejor escena post créditos del cine del género–, pero menos que una historia narrativamente ejecutada (aunque con gran futuro) o personajes realmente memorables.

Porque la excusa del team X-Force si bien genera expectación, su finalidad es menos honrosa en un principio, teoría que probaremos si es que una tercera película es confirmada. De la misma forma, hay varios dispositivos bastante cuestionables en la trama, los cuales, aunque no molestarán sustancialmente al espectador, sí dejan entrever un cierto descuido a nivel de guion en beneficio del efectismo. Pero claro, en una cinta que hasta se ríe de sus propios escritores, cabe preguntarse: ¿realmente importa?

Con grandes áreas para la mejora en cuanto a efectos y CGI de personajes respecta –pues sigue presentando problemas al igual que su antecesora, algo que es posible notar especialmente en Coloso– y algunos arcos narrativos planos, no hay nada que su humor salvaje multi-objetivo, referencias y estilo marcado por el metarrelato marketero en redes sociales, gobernado por Ryan Reynolds, puedan sopesar. Con cameos a otro nivel, esta nueva e inapropiada entrega es un mini universo inimitable e inagotable, que a su vez trabaja con todos sus vecinos de forma hilarante, creando una fiesta de sangre y humor negro a la que todos estamos invitados, y cuyo plato principal es el mercenario regalón que, pese a todo, adoramos ver en pantalla.


Título Original: Deadpool 2

Director: David Leitch

Duración: 119 minutos

Año: 2018

Reparto: Ryan Reynolds, Zazie Beetz, Josh Brolin, Morena Baccarin, T.J. Miller, Karan Soni, Brianna Hildebrand, Leslie Uggams, Jack Kesy, Julian Dennison, Eddie Marsan, Lewis Tan, Bill Skarsgård, Rob Delaney, Terry Crews


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