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Cine

12 Años de Esclavitud

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Podrá ser una realidad molesta, pero no se puede eludir: cada año, cuando llega la temporada de premios, parece prevalecer una tendencia en cuanto a las películas que acaparan la mayor atención. En años recientes, por ejemplo, han dominado los thrillers extraídos de la realidad, los homenajes a los comienzos del cine y los dramas enfocados en hombres enfrentados al mundo. Para este 2014 la temática esclavitud-discriminación racial se perfilaba como la favorita cuando la competencia aún no arrancaba, con “The Butler”, “Fruitvale Station”, “Mandela: Long Walk To Freedom” y “12 Años de Esclavitud” empujando fuerte. Pero los hechos dicen que sólo una cinta pudo sostener el paso firme, y esa es la dirigida por Steve McQueen. Tan firme, que está 12 YEARS A SLAVE 01convertida en una de las líderes de las apuestas de cara a la ceremonia del primer domingo de marzo. Configurado este escenario, su estreno parece ser uno de los primeros sucesos imperdibles del año cinematográfico que ya corre.

La historia tiene a 1841 como punto de partida y sigue a Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor), un hábil carpintero y violinista que vive con su esposa y dos hijos en Saratoga, Nueva York. Eso hasta que dos hombres le ofrecen un trabajo de dos semanas como músico y lo llevan a Washington, donde lo atienden con cortesía. Pero detrás de esa oferta laboral no hay más que un engaño: Solomon es secuestrado y, pese a ser un hombre libre, le impondrán una vida como esclavo.

El tema de la esclavitud estadounidense ha sido abordado recientemente por producciones que llegaron con ruido, como “Lincoln” (2012) y “Django Unchained” (2012).  La primera se centraba en la abolición y en los pasillos de la política, la segunda tocaba el tema lateralmente y sin que se pudiese tomar muy en serio. En los 90’s el mismo Spielberg realizó un intento más directo con “Amistad” (1997), aunque los hechos no se situaban en territorio norteamericano. Por eso, cuando Steve McQueen asegura que sentía que esta parte de la historia no había sido plasmada en el cine como corresponde, no se aleja mucho de la realidad. El director realiza la película que añoraba filmar, a partir de sucesos que ya habían recibido una adaptación en el telefilme “Solomon Northup’s Odyssey” (1984).

12 YEARS A SLAVE 02McQueen no se extravía y sabe qué hacer con una historia de esta envergadura: sin entramparse, desarrolla un acercamiento a la esclavitud desgarrador y desprovisto de todo artificio. Sabe que lo que cuenta es tan poderoso, que no hace falta meterse a jugar en exceso con el montaje o a retorcer la narración. Por lo mismo, la fuerza de la película no viene dada tanto por el tipo de narrativa que adopta, sino por la suma del resto de recursos expresivos que imprime el director a la obra. Aprovechando íntegramente las posibilidades de la imagen, el tiempo y el espacio, consigue que todos los elementos que componen su engranaje empujen el relato hacia adelante. Regocijémonos: aquí hay una cinta donde no hay escena  ni diálogo que esté de más. El cineasta inglés es un perfeccionista de la imagen, aptitud que en este, su tercer filme, remarca como nunca antes, convirtiendo cada plano en una proeza. Demuestra, así, que una película acerca de un tema tan duro como este no tiene por qué estar descuidada a nivel estético ni tampoco caer en lo sensiblero. Apoyado además en enormes actuaciones y una magnífica banda sonora, el director levanta una de las grandes películas del último tiempo.

Probablemente, uno de los asuntos más interesantes a discutir sobre esta cinta sea cuántos metros se movió el cine de Steve McQueen. ¿Dejó una parte de sus convicciones? ¿Las suavizó? ¿Se acomodó en la industria? Ninguna respuesta es muy simple, pero podemos decir preliminarmente que el director no abandona sus principios. Puede desconcertar que haya recibido total desprecio anteriormente y ahora sea acogido con los brazos abiertos por la Academia, pero eso debe ser leído más como una inédita apertura de estos caprichosos premios hacia un cine desgarrador, que al ablandamiento de un director que ha labrado una mirada feroz. Lo que sí, McQueen no pierde de vista que está tratando con un tema delicado de la historia norteamericana y, además, con hechos que sucedieron realmente. Aún con una narrativa más clásica, no deja de golpear duro y hacer de su filme una experiencia difícil de digerir.

12 YEARS A SLAVE 03Dicho esto, probablemente el principal giro que experimenta el director radica en que “12 Años de Esclavitud”, en comparación a sus dos primeras cintas, “Hunger” (2008) y “Shame” (2011), que sugerían más de lo que mostraban, es una película mucho más concreta. Por la naturaleza de la historia, aquí las zonas grises no abundan y la posibilidad de completar espacios por parte del espectador se ve disminuida. Al no dejar dudas de quiénes son víctimas y quiénes victimarios, hace lo contrario que en su ópera prima, pero es que con un tema como el de la esclavitud es prácticamente imposible plantearlo de otra manera. A cambio de eso, ofrece mediante este relato tan personal, tan íntimo, llevarnos hacia el drama de millones que durante siglos debieron padecer el horror. Sin los torpes afanes megalómanos y pedagógicos de “The Butler”, Steve McQueen cuenta de manera sobresaliente la historia de un hombre que representa  a generaciones que vieron cómo durante décadas sus derechos fueron transgredidos. Una obra arrolladora que lo encumbra como uno de los autores esenciales del cine de hoy y, de paso, permite silenciar a toda voz que lo seguía catalogando tan sólo como un talento  promisorio de este arte.

Por Gonzalo Valdivia

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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