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Un Golpe de Talento

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En 2008, un agente de deportes llamado JB Bernstein creó un programa de concursos como “Britain’s Got Talent”, pero en la India, país donde el cricket (deporte de origen inglés similar al béisbol) es el deporte más popular. En el concurso, jóvenes avezados al cricket probaban su lanzamiento con el fin de ganar un premio en dinero y la posibilidad de seguir su entrenamiento en Norteamérica, buscando finalmente llegar a postular a las ligas mayores de béisbol. La historia, tanto de los dos primeros finalistas como de su anfitrión, es relatada en “Un Golpe de Talento”.

Interpretado por Jon Hamm, JB Bernstein es el centro de la historia, donde se recrearon desde la concepción del proyecto, su viaje a la India, y la selección de sus ganadores, Rinku Singh (Suraj Sharma) y Dinesh Patel (Madhur Mittal). Sacados de su zona de seguridad, los dos deportistas indios chocan con la cultura occidental, y depende de JB adaptarlos y mantenerlos con la confianza necesaria para que alcancen sus sueños. Al mismo tiempo, a lo largo de su trayecto, JB aprenderá mucho sobre sí mismo, en gran parte por la ayuda de su vecina Brenda Fenwick (Lake Bell).

Nunca hay que confiar del todo cuando una película declara estar basada en hechos reales, ya que esto puede ir desde una recreación fiel de la historia, a una invención absoluta en la que sólo se mantuvieron los nombres originales. En este caso, la recreación es bastante fidedigna, y el tipo de material perfecto para que los estudios Disney construyan un relato a su medida.

Así es como la historia, y la película en general, se mantiene por buen carril durante toda su duración. Los personajes se mueven dentro de sus límites, la trama nunca se complica, y todos los giros y momentos de tensión llegan cuando se les espera. Todo ocurre con fluidez y profesionalismo, en un contexto de leve humor muy blanco y personas que nunca pierden la confianza en sus sueños. Todo esto se suma en que la cinta se mueva suavemente hacia su fin: inspirar, echando un vistazo a esas raras veces en que el mundo real se cruza con la fantasía. Pero es esto mismo lo que al final termina por hacer que “Un Golpe de Talento” se sienta vacía y demasiado insulsa. Todo ocurre en el momento que debe ocurrir, y a los cinco minutos de haber comenzado, ya está claro cómo va a terminar. No hay nada ni remotamente similar a una sorpresa o a algún momento de tensión.

Tampoco se encuentran giros inesperados de parte de los personajes, que puedan servir para ampliar sus dimensiones. Todos se mueven dentro de lo predecible, sin nunca quemarse, pero tampoco para deslumbrar. Dentro de esto, una de las grandes decepciones es la interpretación de Hamm, quien se ha ganado elogios de todos lados por su protagónico en la serie “Mad Men”: su actuación es parca y tersa, demasiado dura para un personaje que debe parecer paternal y sensible con el fin de escudar a sus atletas dentro del despiadado mundo de los negocios.

Otro problema de “Un Golpe de Talento” es que nunca queda claro a qué público está dirigida. El vocabulario es muy limpio, el humor muy simplón, y el contenido sexual evitado como a la peste, lo que podría sugerir un público infantil, sin embargo, que el énfasis de la historia esté más en JB que en los deportistas indios, vuelve difícil una identificación de los menores con este personaje, lo que, al mismo tiempo, por estas características, aburriría a los adultos.

“Un Golpe de Talento” resulta demasiado profesional para su propio bien, ya que en el afán por mantener la historia coherente y a ritmo parejo, los creadores le exorcizaron su alma. En este contexto, llama la atención que el foco no haya sido puesto en la historia de Rinku y Patel, ambos nacidos en familias muy pobres y con escaza proyección socioeconómica. De esta forma es cómo finalmente la obra se lee más como una oda al sueño americano y sus oportunidades infinitas, que como una historia sobre la superación de la pobreza y la adversidad.

Por Lucas Rodríguez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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