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Un Golpe Con Estilo

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El selecto grupo de actores veteranos y vigentes, cuya carrera fílmica está sembrada por más éxitos que fracasos, inescrutablemente llevan consigo el peso de adecuarse a los tiempos y a sus propias condiciones humanas para seguir desarrollando su trabajo con la misma pasión que los catapultó. Adaptándose a formatos y papeles a veces demasiado pequeños para sus cualidades, regresan a la pantalla grande, pero siempre cargando con el fantasma de sus icónicos roles. Un ejemplo reciente es el de Robert De Niro, quien pese a su talento y las grandes obras en las que ha participado -posiblemente por culpa de un pésimo agente- nos entregó un mermado rol en la insustancial “Dirty Grandpa” (2016). Tampoco es que una sola película destruya años de carrera, pero hay que tener cuidado: los pasos en falso pueden costar muy caro. Al otro lado de la vereda, quienes siguen en la cima son venerados por sus capacidades, y aunque tampoco logren títulos que se conviertan en clásicos instantáneos en el futuro cercano, entregan todo de sí para acentuar las cintas en las que se les requiere. En este panorama, el trío Freeman-Caine-Arkin es un golpe de frescura ocurrente, que sin pretensiones otorga afable hora y media de comedia blanca, liviana y bien armada.

De la noche a la mañana Joe, Willie y Albert (Michael Caine, Morgan Freeman, Alan Arkin) dejan de recibir sus pensiones debido a que la empresa en que trabajaron durante treinta años cesara su funcionamiento en el país. Con problemas monetarios y de salud entre medio, Joe convence a sus camaradas de robar un banco -el mismo que se queda con su dinero- para recuperar lo que les pertenece. Con la voluntad intacta, pero con el contratiempo de no tener la misma energía de los jóvenes ladrones, ingenian un plan con el fin de mejorar la última etapa de sus vidas.

En el ejercicio de entender el rol que se cumple en una sociedad especialmente alienada cuando se llega a cierta edad, cuestionar si realmente vale la pena vivir el resto de los días de manera miserable es una de las interrogantes de las que “Un Golpe Con Estilo” se sostiene. Así, desenvuelve la historia de tres adultos mayores con personalidades bastante diferentes, aunque compatibles, que sienten cómo el paso de los años no sólo los desgasta físicamente, sino que también absorben su valor como componentes esenciales de la comunidad. Lo bueno es que tienen algo a su favor: la amistad que los une.

Pese a ser un remake de la cinta homónima de 1979, Zach Braff, separado de las formas icónicas de su sobrevalorada “Garden State” (2004), extiende esta temática como un tributo satírico auto infringido sobre la localización del sentido y del cómo vale la pena vivir cuando levantarse de una silla es trabajo duro. Una pista: el apoyo en los seres queridos del presente y el desapego de los espectros del pasado pueden ayudar a sobrellevar el ciclo humano menos incomprendido de todos. Con un guion cojo, tanto en el suspenso como en el despliegue de motivos y resoluciones, pero colmado de buenas decisiones en cuanto a sus protagonistas, se van fundiendo divertidas escenas que construyen al triunvirato principal como imágenes admirables y accesibles, por quienes no sentimos lástima, sino comprensión y admiración. Desde su perspectiva, reírse de la realidad de cada uno es el caballo de batalla en el que Braff se mueve con bastante destreza.

Si se pudiera plantear en un subgénero parecido, “Un Golpe Con Estilo” más que una cinta sobre un atraco, se siente afín a tributos como “Last Vegas” (2013) o incluso la agradable sorpresa en que se transformó “The Intern” (2015) -con De Niro-, en las que el infortunio del tiempo pasa a ser de antagonista a aliado.

Tomando precauciones para no caer en tanta repetición de lugares comunes, los momentos nostálgicos, divertidos -gracias, Christopher Lloyd- y humanos se entremezclan para fortalecer la pintura del que es un capítulo por el que la mayoría pasaremos llegado el momento. Combinando un guion colmado de chistes inteligentes y gráciles con situaciones divertidas, y sobre todo el talento de tres grandes hombres que protagonizan con perfección sus papeles, se forma una película abordable y benigna, interesante y, sobre todo, entretenida.

Así, “Un Golpe Con Estilo” es raya para la suma; una dramedia blanca, ligera y fácil, que se levanta gracias a la cercanía de sus personajes principales a través de grandes actores que funcionan como engranajes para reflexionar sobre los límites de la vida y el inexorable paso del tiempo -para “marcharnos, pero con estilo”-.

Por Daniela Pérez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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