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Cine

Marcelo, la Mafia y la Estafa

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Mientras soñamos con la idea de que algún día el cine chileno pueda consolidar una industria hecha y derecha, donde cada uno de los géneros cinematográficos tenga su lugar en la cartelera de la mano de realizadores nacionales y la variedad sea una constante en nuestra filmografía, hemos podido ver como un número no menor de nuevos cineastas han tratado de romper los esquemas y arriesgarse a sacar adelante historias que se alejan de las convenciones de nuestro cine para adentrarse en filmes de género. Acción, terror e, incluso, musicales han llegado a las carteleras bajo la estampa Made in Chile. Resultados dispares, en su mayoría negativos, son los que se pueden recoger de estas propuestas llenas de buenas ideas –e intenciones–, pero insuficientes cuando tratamos de ver el plano completo. “Mirageman” (2007), “Solos” (2008), o la más reciente “Sal” (2012), eran propuestas con bastante potencial, pero adolecían de guiones mediocres, pobre sentido de la dirección, entre otros defectos que no hacen más que opacar las pocas virtudes que contenían. “Marcelo, la Mafia y la Estafa”, debut de los realizadores Aníbal Herrera y Alejandro Salazar, cae en los mismos errores que los filmes mencionados, anotándose como una más en la larga lista de películas que desaprovecharon su potencial.

Marcelo (Ariel Levy) es un joven que trabaja en el mundo del arte y pololea con una atractiva chica. Un día, unos mafiosos chinos irrumpen una cena con sus suegros para secuestrarlo e informarle que tiene una inmensa deuda con los maleantes, la cual debe saldar en los próximos días si no quiere sufrir las consecuencias. Confundido, Marcelo se entera de que su abuelo era el cabecilla de la mafia italiana en Santiago de Chile y que su legado ahora le pertenece. Junto a Tony Macarroni (Daniel Antivilo), mano derecha del abuelo de Marcelo, reclutarán a un grupo de viejos amigos de la mafia, para planear una estafa con la que podrán obtener el dinero para pagar la deuda.

“Marcelo, la Mafia y la Estafa” adolece de una pobre producción y realización. Es duro decirlo, sobre todo cuando son realizadores noveles, pero los defectos de la cinta son tan notorios, que es imposible no mencionarlo. Durante todo el metraje hay diálogos que no se entienden o no se escuchan, rostros empastados –que afectan por sobre todo al personaje de piel oscura- , y errores de continuidad básicos, como que un personaje lleve lentes en un plano y, mágicamente, desaparezca en el otro. Detalles que pueden pasar por alto cuando son uno o dos, pero comienzan a ser demasiado notorios al repetirse constantemente, muchas veces restando atención a lo que ocurre en pantalla por la distracción que causan.

Por otra parte, el guión es una seguidilla de situaciones forzadas, con diálogos demasiado maqueteados y complacientes con la propia película y su pretensión por rendir pleitesía a las películas de acción y gangsters. Situaciones inverosímiles e injustificadas se suceden en un guión lleno de lagunas, sin cuidar el desarrollo de los protagonistas. La comedia es caricaturesca, al igual que los personajes, que se desvirtúan aun más por las pobres actuaciones del elenco, encabezado por Ariel Levy, incapaz de entrar en su rol; es el más bajo de todos limitándose a hacer el mismo personaje que hace en todas sus colaboraciones con Nicolás López. El resto del reparto no puede hacer mucho más con el material que tiene entre manos, pero por lo menos se nota que lo pasan bien en pantalla jugando con sus personajes.

Seguir hablando más sobre la película, no va a ayudar mucho. Es una costumbre en nuestro país el tratar de ser benevolente con el cineasta nacional, buscando las bondades de un producto que claramente no esta a la altura. Es cierto, hay un par de momentos que sí divierten, y aunque suene a majadería, hay buenas ideas e intenciones. Pero todos sabemos que esos elementos no son suficientes a la hora de rodar una buena película.

Por Sebastián Zumelzu

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Carlos

    17-Oct-2012 en 3:45 pm

    Actúa Ariel Levy… qué esperaban???

  2. Felipe

    18-Oct-2012 en 8:26 am

    Yo la vi ayer en la Avant Premiere y me reí todo el rato, igual que la gente que estaba ahí, estuvo súper!

  3. Esteban

    18-Oct-2012 en 10:24 pm

    La verdad es que hace tiempo que no me reía tanto. No entiendo por que tanto chaqueteo al cine chileno. buena peli 😉

  4. Oskar

    31-May-2017 en 10:29 am

    Ariel levy es lejos el peor actor de toda la pelicula y eso es decir bastante, plano, poco carismatico, 0 credibilidad, 0 entonacion, 0 actuacion, una pelicula llena de buenas intenciones, al mas puro estilo guy ritchie, pero que falla en cada tiro, la trama se resuelve sola y no hay estafa ni mafia, al protagonista no lo nombro porque su papel incluso estaba de mas, la pelicula podia funcionar sin el =)

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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