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La Pasión de Michelangelo

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El cine chileno se ha debatido durante años entre las motivaciones netamente artísticas y la necesidad de abrir un mercado lucrativo, donde propuestas destinadas al entretenimiento y a la evasión terminen por sedimentar una industria con todas sus letras. Los resultados han sido dispares, encontrándonos con cintas que adolecen de graves problemas de guión y producción, teniendo como único valor loable la pretensión del cine como arte ajeno a toda veta comercial, mientras que otras se decantan por el efectismo y la imitación para tratar de llevar público a las salas, ofreciendo productos técnica y artísticamente inferiores  a los ofrecido por Hollywood. Existen pocas producciones nacionales donde podamos encontrar un buen equilibrio entre estas dos aristas, siendo “La Pasión de Michelangelo”, de LA PASIÓN DE MICHELANGELO 04Esteban Larraín, un muy buen referente en cuanto a la combinación de una potente propuesta artística y los códigos del cine comercial.

En plena dictadura militar, Chile vive bajo constantes momentos de tensión, siendo las protestas callejeras la principal forma de manifestación de descontento de los chilenos. Bajo este clima, comienza a correrse la voz de que en la localidad de Peñablanca, provincia de Petorca, un joven vagabundo es capaz de contactarse con la mismísima Virgen María. El adolescente, Miguel Ángel (Sebastián Ayala), se convierte así en objeto de culto para miles de chilenos que ven en el trance del joven un verdadero milagro de los cielos. Pronto el fenómeno tomará ribetes políticos, cuando agentes de la dictadura descubran en Miguel Ángel al elemento clave que necesitaban para mantener a la gente a raya, y hacer propaganda al alicaído régimen de Pinochet. El padre Ruiz-Tagle (Patricio Contreras) es enviado por la comisión eclesiástica para investigar el suceso y corroborar si el milagro es verdadero o sólo un gran montaje. Ruiz-Tagle, un hombre que ha ido perdiendo la fe con los años, volverá a poner en tela de juicio la divinidad al encontrar en el enigmático chico una figura que escapa de toda racionalidad.

LA PASIÓN DE MICHELANGELO 02En su segunda ficción después de haberse labrado una auspiciosa carrera como documentalista, Esteban Larraín toma como inspiración el curioso suceso que marcó la década de los ochentas, y que fue recordado por años como uno de los fraudes más grandes montados por la dictadura militar. Sin embargo, para desarrollar su relato, el director, quien también escribió el guión, toma como base los hechos históricos para introducirse en el fenómeno social que provocaron las apariciones en el monte de Peñablanca y el drama detrás de Miguel Ángel, un ser que es elevado como una figura celestial para luego ser aplastado por los mismos feligreses que antes lo alabaron, utilizando la misma estructura del mito de Cristo, desde su ascenso hasta su crucifixión, a partir de una mirada cruda y alejada de cualquier complacencia con el espectador.

La estética documental se apodera de gran parte del metraje, contrastando con otros momentos muchos más estilizados que se dejan ver en la configuración de los encuadres, donde predomina la ordenación geométrica de los elementos puestos en cuadro, demostrando la talentosa mirada del chileno, quien supo dotar a esta historia de ascenso y caída, de una atmósfera inquietante, propia del LA PASIÓN DE MICHELANGELO 01thriller y el suspenso, y que invita a seguir descifrando las enigmáticas motivaciones de este “joven milagroso”.

Sin embargo, a pesar de que la sincronía entre forma y fondo está muy bien lograda, el guión se siente algo forzado en algunos momentos y falto de emoción en escenas donde se necesitaba un poco más para llegar a un clímax total. Si bien, en cuanto a estructura dramática, la historia tiene cada una de sus piezas ubicadas en el lugar correcto, algunos diálogos y el uso de las elipsis pudieron haber estado mucho mejor cuidados, tomando en cuenta que el sugerir funciona de mucho mejor manera que el exponer lo sucedido, como ocurre en la excelente última escena de la película. El haber trabajado el guión completamente bajo este prisma, pudo haber ayudado a que la subtrama protagonizada por Roberto Farías y Catalina Saavedra, fuera mucho más interesante y menos genérica.

LA PASIÓN DE MICHELANGELO 03Por último, gran parte del peso de esta producción se la lleva el impresionante elenco encabezado por el siempre solvente Patricio Contreras, quien da justo en el clavo al personificar al padre falto de fe y lleno de incertidumbres, y el joven Sebastián Ayala, quien después de darse conocer a nivel nacional con su actuación en la serie “El Reemplazante”, deslumbra dando vida a un Miguel Ángel que es consumido por sus propios convencimientos, hasta el punto de caer en la locura, en la mejor tradición del cine de monstruos, amados por la sociedad hasta que dejan de servirles y su extrañeza se transforma en una amenaza para sus propias existencias.

“La Pasión de Michelangelo” es una película interesante, dueña de momentos de buen cine, donde la motivación artística que suele delimitar el acceso de una película a cierto grupo elitista, se pone al servicio de un guión bien estructurado y tradicional, al cual le fató un poco más para llegar a niveles donde los potentes temas que plantea el filme, pudieran culminar en un mejor desenlace. Una película a la que hay que ponerle mucha atención, y sobre todo a la carrera de Esteban Larraín, que en su segundo largometraje ha demostrado ser capaz de concretar  un producto de gran valor artístico, sin olvidarse de  ofrecer un buen espectáculo.

Por Sebastián Zumelzu

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Jorge Avila Santana

    17-Abr-2013 en 3:28 pm

    Corrección; Peña Blanca en esos tiempos era de la Provincia de Valparaiso, hoy es de la nueva provincia de Marga Marga.
    Saludos

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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