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Cine

La Huésped

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El panorama es desalentador en Hollywood. Escasean las ideas originales y abundan las secuelas, remakes, reboots y adaptaciones literarias, casi siempre asumidas en superproducciones. Salvo aquellas películas basadas en superhéroes, que no paran de subir su calidad, la cosa pinta muy mal. Particularmente en el cine palomitero reina la falta de personalidad y nervio, pero la gente no para de reventar las taquillas y se continúan llenando los bolsillos de los estudios. Para hacer mejores cosas, es fundamental que los directores tengan el pleno control creativo, y para contar con esa facultad, es necesario que hayan hecho por lo menos un par de bombazos comerciales y/o que la cinta se base en una idea propia. O sea, en Hollywood si no te apellidas Nolan, Scott, Spielberg o Cameron, tienes muy cuesta arriba poder darle un sello propio a un filme de gran presupuesto.

Entonces, ¿qué podía hacer un director tan irregular como Andrew Niccol con otro libro de Stephanie Meyer, la autora de “Crepúsculo”? La historia se asemeja a otras que él ha narrado y en términos de calidad la obra es algo superior a la saga de los vampiros, básicamente porque la trama romántica no tiene tanta cabida. Sin embargo, Niccol sucumbe y se ve de manos atadas, tal como sucedió con Catherine Hardwicke, Chris Weitz, David Slade y Bill Condon en las cinco películas de la franquicia para adolescentes, y brinda una cinta soporífera. Claro que, se supone que Niccol es mucho mejor director que cualquiera de ellos y contó con la posibilidad de adaptar la historia, gusto que no tuvo el resto.

En el futuro, la raza humana está a punto de extinguirse. El responsable es una especie extraterrestre llamada “Almas”, que se apodera de los cuerpos y borra los recuerdos de los habitantes de todos los planetas que atacan. Melanie (Saoirse Ronan) es parte de la resistencia, pero es capturada luego de sufrir un accidente. Con el objetivo de que los guíe a los humanos, es salvada por los invasores. Ahora un Alma de nombre Wanderer está en su interior. Sin embargo, no todo sale según lo planeado: Melanie aún está consciente. De esta forma, convivirán dos en un mismo cuerpo.

Naturalmente, este filme es más soportable de ver que la historia de una joven virginal debatiéndose entre un hombre lobo y un vampiro que no devora humanos. La primera parte de la película es ejecutada con irregularidad, pero con un mínimo de decencia. Aunque recalca de manera innecesaria ciertas ideas, tomando al espectador por tonto, Niccol maneja con bastante habilidad esta parte del relato. No obstante, comete el error de abusar de los flashbacks de recuerdos de la protagonista sobre la apasionante relación que tenía. De hecho, el descalabro llega cuando la trama romántica se empieza a desarrollar. De ahí en más, los momentos absurdos se despliegan sin pudor. La cinta toma los peores clichés del melodrama y es interpretada con un nivel bajísimo. Cruza lo empalagoso y es derechamente ridícula. Ante ese escenario, las carcajadas salen sin parar, y consigue lo inverso a sus ambiciones. Ahí cabe preguntarse si no era mejor hacerla en clave de comedia; en ocasiones no es bueno tomarse tan en serio a sí mismo.

Por supuesto, no hay espacio para reflexiones ni mayor profundidad narrativa. Más bien, lo poco que muestra es remarcado hasta el cansancio. Si bien hay que aceptar que el planteamiento inicial es atractivo, es empleado como una mera excusa para terminar hablando sosamente de amor. El resultado de todo esto es que la historia, a poco andar, nos importe poco y nada y las dos horas de película se hagan eternas.

Así como se repite el amor compartido y la lucha entre dos bandos de “Crepúsculo”, también nos encontramos con penosas actuaciones. Saoirse Ronan venía acumulando buenos papeles, pero aquí se cae. No es capaz de sostener el peso del protagónico, al entregar una interpretación que no convence en lo absoluto. Max Irons y Jake Abel consiguen lo que no creíamos posible: considerar buenas las actuaciones de Robert Pattinson y Taylor Lautner en las adaptaciones de los libros de Stephenie Meyer. Sus interpretaciones como los chicos guapos son un chiste. Diane Kruger brilla tanto como Kristanna Loken lo hiciera hace una década en “Terminator 3: Rise Of The Machines” (2003). Dentro de tanto desastre, lo único decente es William Hurt, quien hace tiempo que no tiene un protagónico, pero que aquí está sólido como el líder de la resistencia.

A esta altura, “Gattaca” (1997) parece más que nunca una casualidad en la carrera de Andrew Niccol. Si bien en “In Time” (2011), su anterior trabajo, desaprovechó una buena premisa, algo quedaba de ese autor que asombró a fines de los ’90. No como aquí, que está extraviado y firma una cinta que es un insulto a la inteligencia. A este paso va derecho a integrarse al grupo de directores mercenarios que se reparten blockbusters de poca monta, al estilo de Peter Berg, Rob Cohen o Shawn Levy.

“La Huésped”, además de ser un fracaso artístico, está siendo un fracaso comercial: apenas ha conseguido recuperar su modesto presupuesto de 40 millones de dólares. Esto podría provocar que este tipo de cine vaya en retirada y que Stephanie Meyer se inhiba de escribir una secuela de este libro, lo que sería un alivio. Estamos frente a la peor apuesta de ciencia ficción en años. Ligeramente superior a los filmes de los vampiros-come-vegetales, se salva de la debacle total sólo porque la trama romántica no tiene más espacio. ¿Alguien podrá disfrutarla? De seguro: los fanáticos de “Crepúsculo”. Y quienes jamás han visto una película.

Por Gonzalo Valdivia

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Katu

    01-May-2013 en 4:54 pm

    Tan mala es? y yo que estoy planeando ir a verla, el libro no es para nada malo.

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Cine

Feliz Día De Tu Muerte

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Uno de los recursos argumentales utilizados en la fantasía y ciencia ficción tiene que ver con la eventualidad de estar atrapado en un mismo período de tiempo en un loop eterno. En 1993, la cinta “Groundhog Day” utilizó este artificio como idea central, y sin ser la pionera, es una de las ideas más citadas, sirviendo como referente para diferentes películas y series de televisión en géneros que van desde de la ciencia ficción (“Edge Of Tomorrow” de 2014 o  “Source Code” de 2011), hasta el drama (“Before I Fall” de 2017). Dicha herramienta podría agotarse si no se reinventa, por lo tanto, el director Christopher B. Landon (“Paranormal Activity: The Marked Ones”, 2014) la utiliza en una cinta de terror donde ser asesinado una y otra vez podría dar un giro nuevo y original.

Tree Gelbman (Jessica Rothe) es una joven universitaria que, luego de una alocada fiesta, se despierta una y otra vez en el día de su cumpleaños, que coincide con el día de su misteriosa y repentina muerte. Consciente de estar atrapada en esta situación aparentemente sin escapatoria, deberá tratar de descubrir a su asesino y romper con el círculo vicioso que no la deja seguir con vida.

Los géneros cinematográficos podrían servir para clasificar y encasillar a ciertas cintas, para así poder entenderlas dentro de ciertos parámetros, y estos también permiten ser moldeados y de esa forma forjar resultados frescos e interesantes que puedan aportar con características propias y consecuentemente sostenerse por sí mismos. Lo que se puede adjudicar “Feliz Día De Tu Muerte” como refrescante, radica en el camino que transita entre diferentes géneros para contar su historia. Su primer acto podría ser ubicado en un slasher con los elementos propios de aquel subgénero, pero paulatinamente va evolucionando hacia una cinta de misterio y crimen, conforme la protagonista va descubriendo la razón de su particular situación, sin embargo, lo sorprendente es el juego que genera con la comedia, liberando la tensión y dando un giro inesperado en su construcción narrativa. Esta evolución progresiva genera que no se tome a sí misma en serio, facilitando la experiencia de una cinta más liviana de lo que pretende ser.

La idea de repetir el mismo día y estar atrapado en el tiempo da pie a que el personaje en cuestión sea capaz de hacer las cosas diferente y redimirse en el proceso. En ese sentido, Tree funciona adecuadamente como una protagonista capaz de aquella transformación. En ella se ve encarnando el estereotipo más superficial de pertenecer a una sororidad en la comunidad universitaria estadounidense. Caracterizada como una joven soberbia y egocéntrica, provocará que cada una de sus relaciones interpersonales sean identificadas como posibles asesinos cuando deba descubrir aquel enigma, además de ganarse la posible apatía de la audiencia. Pero su evolución demuestra cómo la empatía puede ser bien utilizada y revertir esta percepción cuando, poco a poco, el espectador espera que sus estrategias tengan un buen resultado y ella pueda lograr salir de aquella realidad.

La cinta va descubriendo sus objetivos y los caminos que pretende recorrer de manera gradual y el guion está tejido de tal forma, que empieza a mostrar la autoconsciencia que existe de sí misma, por lo tanto, sabe lo que quiere lograr, pero es en ese recorrido cuando cae en clichés y en la construcción de estereotipos por parte de sus personajes secundarios, que poco aportan al entramado central, y ya cuando pretende dar giros que puedan sorprender, termina entrampándose, por lo que tiende a ser predecible, dejando cabos sueltos que debilitan su construcción narrativa.

Es probable que cada generación tenga a su disponibilidad cintas de terror que caractericen el contexto en el que fueron estrenadas, y esta cinta claramente le habla a un público objetivo relativamente joven, pues trata de generar vínculos a través de guiños a la cultura popular y la inclusión de música pop contemporánea, en un montaje que sirve más que nada como momento de distensión en una cinta donde el horror es dejado a un lado para darle mayor énfasis al cruce de estilos.

“Feliz Día De Tu Muerte” es el resultado de experimentar con un recurso narrativo situándolo en una aparente cinta de terror, pero que tiene mucho más de comedia paródica. Lo anterior podría generar cierta disposición a la reinvención, pero la autoconsciencia le juega en contra, transformándola en un película predecible y carente de originalidad en su ejecución. Sin embargo, la manera en que se construye demuestra que sus objetivos radican en la ligereza de su tono y no aspira más que a la diversión del momento.

Por Ángelo Illanes

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