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Knock Knock: Seducción Fatal

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Si nos dedicáramos a contar el número de producciones que han sido malogradas por el solo hecho de no mantener su consistencia en el total del metraje, probablemente nos demoraríamos un buen tiempo. Y es que son muchos los títulos que han fracasado en la intención de prolongar su eficacia inicial hacia una segunda instancia, entendiendo que la primera mitad de estos largometrajes son, en general, bastante buenos. Decepción y frustración son las sensaciones que naturalmente podría acusar el espectador a la salida del cine, considerando las expectativas que el mismo film se encargó de hacer crecer. Bajo esta lectura, una película como “Knock Knock: Seducción Fatal” termina encajando plenamente en la propia descripción, en cuanto su distendida oferta inaugural se va transformando en un thriller más disperso de lo que debería.

KNOCK KNOCK 01Evan Webber (Keanu Reeves) es un arquitecto que tiene una vida ideal. Una familia amorosa, una hermosa casa y una carrera muy prometedora, forman parte de la existencia casi perfecta de este hombre que bordea los cuarenta años. Sólo casi, porque nunca se puede estar completamente seguros. Con sus hijos y su esposa de viaje, Evan va a recibir la inesperada visita de dos hermosas jóvenes (Lorenza Izzo y Ana de Armas) que necesitan ayuda por la fuerte lluvia que está cayendo. Todo bien hasta ahí, sin embargo, las cosas se salen de control cuando Evan no puede evitar ser seducido por los encantos físicos de Genesis y Bel, quienes, posteriormente, lo van a chantajear sometiéndolo a un perverso juego donde ellas ponen las reglas.

Quizás muchos no lo saben, porque la cinta no se ha promocionado como tal, pero “Knock Knock: Seducción Fatal” está inspirada en “Death Game” de 1977. Sin llegar a ser un remake auténtico de la anterior, la película también toma elementos de “Funny Games” (1997) de Michael Haneke –la que vale, es decir, la primera, no el autoplagio que Haneke se hizo en 2003- en términos donde la violencia logra causar proximidad con el público sin ser tan explícita en sus imágenes, más allá de lo siniestro que sea su argumento. En ese sentido, el largometraje dirigido por Eli Roth plantea sus motivos apuntando hacia los sentimientos de terror que la inseguridad pueda despertar en una persona, pues, finalmente, en el discurso profundo del film siempre habrá una amenaza latente capaz de desestabilizar por completo las cosas, sin importar cuán inexpugnable creas que sea tu vida.

KNOCK KNOCK 02En relación a lo último, Roth se logra desprender fácilmente de sus pasadas intervenciones tras cámara, donde lo gráfico del gore primaba como un distractor por sobre cosas más importantes, y la efectividad de sus trabajos quedaba supeditada al nivel de la sordidez con que fueran elaboradas las escenas. En “Knock Knock: Seducción Fatal” el realizador de origen judío, a pesar de tener a disposición una historia ideal para desarrollar el splatter, manifestando inclusive su predilección por este subgénero a través de la secuencia que muestra a las dos jóvenes insanamente bonitas mojándose bajo la lluvia, recordando a “The Human Centipede (First Sequence)” (2009), se alcanza a incorporar y va construyendo un relato que cursa mayormente con un thriller devenido en drama, haciendo de este cambio un experimento que consigue funcionar bien hasta su primera parte, donde efectivamente hay lugar para desplegar el suspenso de la propuesta, sin tanto cliché mediante, y aprovechando de buena manera los espacios cerrados para convertir al escenario en uno claustrofóbico.

Los problemas de la película vienen antecedidos por la redundancia, en el instante en que la fórmula utilizada primariamente se va agotando porque no hay resoluciones certeras ante los giros que se van presentando. Aquí es cuando hace falta un proceso de mayor refinación sobre los personajes, que KNOCK KNOCK 03antes no sufrieron tanto por lo unidimensional de sus características. En aquella consideración, el cometido de los actores, sin ser malo, se va sintiendo cada vez más fuera de lugar, algo que permite interpretar a su trabajo como sobreactuado en la exageración desmedida de sus papeles. Tampoco es exitoso el ensayo aleccionador sobre la locura y la pedofilia que existe por pasajes en el relato, básicamente por el propio tono que forma al título.

En la ponderación, “Knock Knock: Seducción Fatal” es un producto que podría resultar entretenido si no se repara tanto en la falta de conexión que hay entre la partición de sus dos grandes bloques. Las alusiones a nuestro país –recordemos que Nicolás López y su productora, Sobras, también toman parte en el proyecto- se podrían ver extremadamente forzadas, trascendiendo el hecho de que dos actrices del reparto sean chilenas. Si lo anterior quizás pueda molestar a algunos, la inclusión de las redes sociales virtuales como un recurso determinante para el desenlace de la historia, tal vez haga ruido en otros. Mejor, juzgue usted.

Por Pablo Moya

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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