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Jersey Boys: Persiguiendo La Música

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En 1988, Clint Eastwood dirigió la película “Bird”, un biopic del músico Charlie Parker. Esta cinta, que no ocupa precisamente un lugar destacado dentro de la filmografía del director, puso de manifiesto la ya sabida afición que tiene por la música. Con la delicadeza que lo caracteriza en la compleja y cardinal tarea de narrar, Eastwood construyó en “Bird” el retrato más íntimo que podía elaborarse sobre el más importante saxofonista en la historia del jazz. Tuvieron que pasar más de 25 años y un importante caudal de brillantes películas en su carrera como director, para que volviera a intentar con una de sus pasiones a través de “Jersey Boys: Persiguiendo La Música”, la historia de la legendaria banda “The Four Seasons”, originada en los 60’s en Nueva Jersey. Basada en el musical homónimo, éxito en Broadway, “Jersey Boys: Persiguiendo La Música” se presenta como un canto a la evolución en el proceso creativo dentro de un grupo de música y, de igual manera, esboza las consecuencias derivadas de la lucha de egos entre sus integrantes, que pueden firmar la decadencia de un proyecto que, en algún minuto, fue muy exitoso.

JERSEY BOYS 01La historia comienza en el Nueva Jersey de los años 50’s, uno de los lugares preferidos para el asentamiento de los inmigrantes italianos. Tommy DeVito (Vincent Piazza), es un tipo soberbio y desenfadado, miembro de la mafia local manejada por Gyp DeCarlo (Christopher Walken). En el camino de Tommy se cruza Frankie Valli (John Lloyd Young), una persona más contenida para el trabajo dentro del mundo gansteril, pero con un talento único para cantar. Los dos deciden formar una banda, con la dificultad que eso sobrelleva. Luego de la inclusión del cantautor Bob Gaudio (Erich Bergen), en un período corto de tiempo, encuentran el reconocimiento de la industria musical. Consolidado su “sonido”, The Four Seasons comienza una incipiente carrera llena de hits, que traerá consigo el aplauso del público y los inconvenientes propios de la convivencia entre sus integrantes.

Es conocido el dibujo que se ha hecho históricamente para la opinión pública sobre conformaciones musicales: los egoísmos, los talentos desiguales, el dinero, la obnubilada contemplación derivada de la fama y, en algún recoveco, el compañerismo inicial de personas con un fin común. En este contexto, la cinta intenta graficar el camino por el que deambula, y las luchas internas y grupales de los miembros de The Four Seasons, a través de la perspectiva de cada uno de ellos.

JERSEY BOYS 02Ocupando el recurso del narrador protagonista y deslizando un homenaje al cine de Martin Scorsese –esencialmente de “Goodfellas” (1990)-, Clint Eastwood propone al espectador un amplio abanico de historias paralelas en el relato, que confluyen en un mismo punto de encuentro: la música. Si bien se otorga más importancia a la figura del vocalista de la banda, Frankie Valli, interpretado de una forma algo inestable por John Lloyd Young, se crea el espacio suficiente para plantear las inquietudes y distintas motivaciones de cada uno de los 4 protagonistas, ocupando el bien trabajado elemento del reparto coral. Sin embargo, y considerando que el relato en ningún punto pierde coherencia, la falta de ritmo para narrar los diferentes eventos sugeridos en una parte de las escenas y las largas secuencias dispuestas como un ejercicio en la representación de los problemas que se devienen para mantener la buena convivencia en una banda, no terminan por cuajar de la mejor manera y atentan contra el desarrollo pleno de la historia. Los abruptos vuelcos que da la película, en algunas ocasiones sostenidos en flashbacks que no terminan por entenderse íntegramente, suponen un flaco favor para la evolución de los personajes que, en su colectivo, están bien alcanzados. Las bien incluidas cuotas de humor logran aplacar en algún nivel las falencias en el timing que tiene la cinta.

Con una estética bien equilibrada entre tonos oscuros y más ligeros, la fotografía de “Jersey Boys: Persiguiendo La Música” ayuda a otorgar más solvencia al relato. En este apartado, y con matices, también en el tema trazado –cine noir-, se podría asumir que el filme toma como referencia a la muy buena serie “Boardwalk Empire”. Por tratarse de una película basada en un musical de teatro, lógicamente existen secuencias que ocupan la música para ser desarrolladas, haciéndose presentes en una cantidad considerable. Lo último es algo que puede darse como un factor negativo en una cinta que no es excluyente del género musical, pero la buena disposición de estos momentos, engalanados por la voz andrógina de Frankie Valli –destacando la interpretación real del actor John Lloyd Young- y JERSEY BOYS 03los muy buenos arreglos en las líneas melódicas de las distintas canciones entonadas, hacen muy agradables al oído estas secuencias. La OST está compuesta casi en su totalidad por temas de la autoría propia de The Four Seasons.

Sin duda, “Jersey Boys: Persiguiendo La Música” es un título interesante. Se puede convenir que las expectativas que se generan a partir del lanzamiento de una película de Clint Eastwood, en cualquier escenario, serán elevadas, sin embargo, siempre está la posibilidad cierta de que estas no sean cumplidas. Es lo que finalmente pasa aquí: la película tiene todos los elementos necesarios para cautivar al espectador, pero lamentablemente se queda a tres cuartos del camino, faltando un pequeño envión para que hubiese formado parte del catálogo de inolvidables filmes que nos ha entregado este director. Ahora bien, ¿se le puede objetar algo a Clint Eastwood? Es probable que pocos se atrevan a hacerlo, el tipo tiene una carrera impecable como cineasta, con muy pocos puntos bajos. A sus 84 años todavía se da el gusto de retomar un tema, que en el pasado no le fue todo lo valorado que debía. Siempre apostando por la innovación, reflejado en los innumerables tópicos que ha tratado en sus películas, la figura del viejo Clint es incandescente.

Por Pablo Moya

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David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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