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Hotel Transylvania

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De la mente creadora de series de culto como “El Laboratorio de Dexter” y “Samurai Jack”,  Genndy Tartakovsky, llega esta película de animación digital amparada por Columbia Pictures, aprovechando el tirón mediático que provoca la fiesta de Noche de Brujas. Una historia donde los protagonistas son los monstruos más icónicos de la historia del cine, ahora como protagonistas de esta comedia familiar que, víctima de una dirección ambivalente y un ritmo irregular, agota demasiado pronto lo atractivo de su premisa, resultando en una cinta discreta, que no hace justicia a las expectativas que el nombre de Tartakovsky despertó al momento de anunciarse su participación en el proyecto.

El conde Drácula (Adam Sandler) ha pasado largos años de su vida construyendo un imponente castillo que sirva de refugio para los monstruos que son perseguidos por los humanos y, por sobre todo, para cuidar a su querida hija, Mavis (Selena Gomez), a quien sobreprotege con recelo. Realizando los preparativos para el cumpleaños número 118 de Mavis, que en años de vampiro vienen a ser algo así como cumplir la mayoría de edad, Drácula invita a todos los monstruos para celebrar a su hija, queriendo pasar por alto el hecho de que ella tiene deseos de abandonar el castillo y descubrir el mundo, sueño del que se ha visto privada por ser una niña, pero que ahora como adulta pretende realizar. El conde tiene un plan para mantener a su pequeña en casa, pero las cosas se complicarán cuando Jonathan (Andy Samberg), un despistado mochilero, descubra la guarida de los monstruos y de paso haga “clic” con Mavis.

“Hotel Transylvania” cae en la categoría de películas de animación para las masas, musicalizadas con los sonidos pop de moda y con un tono infantil/familiar para dejar conformes a grandes y chicos, muy en la onda de la mayoría de películas que salen de la factoría de DreamWorks, el gran McDonald’s del cine de animación. Hay buenas ideas, por supuesto, como el hecho de tomar a los seres más abominables del cine de terror para mostrarlos como una pandilla de amigos que viven la crisis de la edad media, como el hombre lobo y su manda de revoltosos cachorros, o el mismo conde Drácula, tendiendo que aceptar el hecho de que su hija ya es una adulta. Los personajes están bien planteados, y sin llegar a ser entrañables, hacen reír.

El gran problema radica en la dirección y el guión. Genndy Tartakovsky se muestra torpe cuando debe mostrar muchas cosas al mismo tiempo, llegando incluso a marear en algunas ocasiones, donde los desordenados movimientos de cámara y la sobrepoblación de personajes, hacen pensar que faltó un poco más de sutileza en el tratamiento. Por su parte, el guión peca de previsibilidad, convirtiendo el producto en algo muy masticado para el público infantil, y rellenando con chistes que, a larga, no son tan graciosos.

A diferencia de otras películas de animación que son capaces de encantar a niños y adultos por igual, “Hotel Transylvania” pone su foco en los más chicos, entregando un discreto divertimento ideado para consumir y desechar.

Por Sebastián Zumelzu

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Paola

    23-Oct-2013 en 3:16 pm

    Exacto los protagonistas de este film son los monstruos más icónicos del cine, pero desde una perspectiva familiar, amistosa y cómica. Sí bien como mencionas es una película de animación para las masas, pues cuenta con la música de moda y sus bases están sustentadas en películas como Crepúsculo o Monster Inc., pero al final el resultado es bueno, al menos a mí me mantuvo entretenida desde el primer momento.

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David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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