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El Exótico Hotel Marigold 2

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Ante el triunfo comercial de una película no timbrada con sello de superproducción, la industria no duda: hay que hacer la orden de una segunda realización de inmediato. Ejecutar la operación cuanto antes, para que la gente no la olvide entre tanto título bombástico y pirotécnico. Tal modo acelerado de hacer las cosas marcó a títulos como “Insidious” (2010), “Horrible Bosses” (2011) y “The Hangover” (2009), notablemente menos satisfactorios en sus segundas partes. Para estos fines, escasamente importa si no hay margen para contar otra historia. Con que en la secuela vuelva el reparto original, el trabajo ya está hecho, y si se puede adicionar algún actor, mejor aún. En el caso de “El Exótico Hotel THE SECOND BEST EXOTIC MARIGOLD HOTEL 01Marigold 2″, la incorporación es Richard Gere. Y, a decir verdad, pocas luces hay para sustentar la idea que el filme desborde los límites de una producción de su naturaleza.

El arranque de la película encuentra a Muriel Donnelly (Maggie Smith) y Sonny Kapoor (Dev Patel) en California, ofreciendo a un magnate abrir un segundo Exótico Hotel Marigold, y la respuesta que reciben es que, primero, un inspector los visitará de manera anónima para evaluar el proyecto. De vuelta en Jaipur, India, la vida de los residentes del hotel no ha experimentado mayores cambios. Los focos de atención se los lleva los preparativos de la boda entre Sonny y Sunaina (Tina Desai), que se empiezan a ver trastabillados por el errático actuar de él, producido principalmente por la obsesión que le causa la visita de Guy Chambers (Richard Gere), a quien apunta como el inspector que esperaban.

Puede asombrar que en 2011 “El Exótico Hotel Marigold” no haya estado siquiera entre las 50 cintas más taquilleras y ahora arribe con una secuela, pero sus US$136 millones de recaudación bastó para convencer al estudio, dado que costó “sólo” US$10 millones. Vista la película, el mayor logro de esta THE SECOND BEST EXOTIC MARIGOLD HOTEL 02segunda parte es de los productores: el haber conseguido que un grupo de actores tan reputados y solicitados se hayan animado a volver, pocos años después del estreno, luce como un triunfo incontestable

La fórmula de la primera, bien aceitada en casi todo momento, sin mayores dosis de audacia ni omisiones de comas ni puntos, se reitera en esta secuela. Un reparto en general correcto, con bonitos paisajes (la India “para turistas” en todo su esplendor), cierta nostalgia condescendiente pero bien british, todo eso se puede identificar perfectamente en “El Exótico Hotel Marigold 2”. Sin embargo, más allá de que el énfasis esté ubicado en otro lado, la dosis de inventiva se ve mermada significativamente, entregándose así un producto muy menor, aunque no desechable por completo.

El mayor enganche –no digamos mérito- de esta cinta de John Madden, es poner en modo histérico a un personaje de por sí opaco (el de Dev Patel) y demostrar una peculiar capacidad para despojar de toda lucidez y sentido del ritmo algunas escenas de confusión y perplejidad, destinadas a hacer reír pero finalmente convertidas en vehículo de estupor.  En ese sentido, la ligera postergación narrativa que realiza a las señoras y los señores que viven en el hotel, no le beneficia en absoluto. Pese a eso, THE SECOND BEST EXOTIC MARIGOLD HOTEL 03la cinta se escapa con astucia de enfadar a la galería, gracias a que de todas formas guarda como salvavidas el lado más conocido de su historia: el que tiene a los veteranos a sus anchas, pese a su tacaño enfoque.

El costado de la trama que involucra a Judi Dench y Bil Nighy, por ejemplo, es estrecho, pero basta con la imponente presencia de cada uno para instalar la idea de que se está gastando el tiempo en algo, por lo bajo, entretenido.  Lo mismo corre con la estupenda Maggie Smith, que se entrega por completo aunque la exigencia sea mínima. Esa mera ilusión de que no estamos frente a una pantalla viendo algo que no vale la pena, se mantiene de manera irregular, pero a la postre se sostiene gracias a que en su cierre la película parece encontrar, por fin, su punto de cocción exacto, como si, tras más de una hora y media de irregular tranco, mezcla de aciertos y yerros emanados de la comodidad que permite el género, los realizadores de una buena vez se dignaran a ofrecer lo prometido. Parece final merecido para una cinta que, si bien afloja en hilvanar una historia interesante de seguir, sigue ofreciendo dosis de cariño y simpatía que la hacen imposible de odiar. Y, más esencial, conserva a un puñado de actores capaces de sacar adelante la tarea incluso cuando el material no es más que mediocre.

Por Gonzalo Valdivia

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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