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Cine

El Conjuro

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El género de terror debe estar entre los más difíciles de realizar, ya que los elementos con que cuenta son pocos, el desarrollo suele ser un tanto predecible, y construir una historia coherente en torno a temas generalmente incoherentes suele dar más para fracasos que éxitos. Por esto es que los clásicos THE CONJURINGde terror se cuentan con los dedos de una mano; de hecho, una vez que ya se contó “The Shining” (1980), “The Exorcist” (1973) y “The Sixth Sense” (1999), se vuelve difícil completar la lista, pero “El Conjuro” es un buen candidato para completarla.

Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga), una pareja de especialistas en lo paranormal, son llamados por una familia para que investiguen su recientemente adquirida casa de campo, en la que ocurren sucesos fuera de lo común que tienen aterrorizados tanto a los dueños, Carolyn y Ron Perron (Lili Taylor y Ron Livingstone), como a sus cinco hijas (Shanley Caswell, Hayley McFarland, Joey King, Mackenzie Foy y Kyla Deaver).

De entrada, la película declara estar inspirada en hechos reales ocurridos en los 70’s, que a pesar de ser un recurso bastante común –y manoseado- en las cintas de terror, siempre sirve para contextualizarla, y el que declaren que lo que viene ocurrió, le añade un grado de realidad y cercanía, aunque muchas veces es un tiro por la culata. Posteriormente, nos presentan a la pareja de investigadores paranormales, mientras la familia se muda a su nueva y tenebrosa casa de campo.

Con esto en mente, uno ya se prefigura que lo que se va a venir son fantasmas, posesiones y puertas que se cierran solas, todos recursos que ya se han explotado hasta el cansancio en este tipo de producciones, y así es, ya que “El Conjuro” es una suerte de collage de las mejores obras de terror clásicas del último tiempo: si se presta atención a cada escena, se puede apreciar una referencia o elemento sacado de “The Shining”, mucho del “The Exorcist”, e incluso un poco de “Paranormal Activity” (antes de que se bastardizara en mil y una secuela); el problema es que hacer ese ejercicio es imposible, ya que la película es realmente aterradora y no baja nunca la tensión, usando no sólo las típicas “escenas de susto de salto”, sino que secuencias largas absolutamente terroríficas, de las cuales más de una va a quedar grabada en el inconsciente colectivo.

Parte de esto se logra con un muy inteligente uso de la cámara, donde abundan las tomas con el personaje en primer plano, y algún elemento en tercer plano del que podría o no salir algo, además de que la banda sonora mantiene la tensión constante, y brilla especialmente cuando funciona al unísono con los momentos más terribles. A pesar de esto, la película tiene sus manchas, principalmente en las escenas de descanso y de desarrollo de personajes, donde diálogos vacíos y poco convincentes dan la sensación de que el equipo no se preocupó demasiado de estos momentos, al mismo tiempo que la historia parece sugerir un recorte de guión, ya que hay algunos elementos de la trama que se desarrollan a medias y se dejan inconclusos, especialmente los que rodean a una muñeca poseída, que recibe tiempo y desarrollo, pero al final nunca hace sentido ni con la historia, ni por sí misma.

A fin de cuentas, “El Conjuro” logra triunfar usando elementos ya conocidos, pero aplicándolos eficazmente. Quizás parte de su éxito se deba a lo escaso que suelen ser los buenos resultados en este género, donde cualquier esfuerzo decente es recibido como lluvia en el desierto, aunque en este caso sea toda una tormenta.

Por Lucas Rodríguez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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