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Cine

El Árbol Magnético

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Esquivar de vez en cuando los convencionalismos del cine hollywoodense está perfecto, ya que estos pueden resultar bastante asfixiantes y comprometedores, logrando en sus peores momentos reducir al cine a una cadena de producción fordista. Pero hay ciertos elementos que son muy difíciles (y poco recomendable) de dejar de lado, y dentro de estos el ritmo es uno de los fundamentales. A menos que sea reemplazado por una visualidad impresionante y un carácter más meditabundo muy bien trabajado, este tópico es central no sólo para mantener la cohesión interna de la narración funcionando, sino que también para conservar a los espectadores interesados. “El Árbol Magnético” sufre principalmente por esto, aunque también por otras cosas.

EL ARBOL MAGNETICO 01La trama gira en torno a Bruno (Andrés Gertrúdix), un chileno que lleva muchos años viviendo en España, y la relación con su familia, a la que viene a ver por unas vacaciones de tres semanas. Aprovechando la ocasión, la familia decide reunirse en una casa fuera de Santiago que, a pesar de estar llena de recuerdos e historias, está pronta a ser vendida. En la última reunión familiar en la casa, Bruno, junto a su prima Nela (Manuela Martelli), revivirán el pasado y reflexionarán sobre lo que les depara el futuro.

De inicio a fin, la película no se mueve más de dos kilómetros de la casa familiar, lo que da cuenta en seguida de su carácter de historia costumbrista. Al poco rato comienzan a llegar más y más familiares, lo que vuelve a estrechar el tópico, situando además  un tono intimista. Ambas características suelen dar espacio para la abundancia de diálogos personales que, dentro de un flujo característicamente natural, esconden subtextos más profundos.

EL ARBOL MAGNETICO 02Esto trata de ocurrir en “El árbol magnético”, pero la mayor parte del tiempo los diálogos se quedan en las nimiedades cotidianas que toda familia comenta en una reunión como la ilustrada. Estos terminan por restarle a la película, aletargando excesivamente el desarrollo de la trama que, cuando logra avanzar, no termina por llegar a ninguna parte. Si se le suma a esto que gran parte del elenco pronuncia sus líneas atonalmente, o con un innecesaria exageración de los modismos nacionales, el atractivo de “El Árbol Magnético” se comienza a desvanecer a pocos minutos de su inicio.

A medida que avanza la cinta, tanto se tienden como sugieren una serie de hilos narrativos que al final no terminan por concretarse en nada complejo ni interesante. Entre estos, una suerte de tensión sexual entre Bruno y Nela, y algunos roces de personalidad entre los personajes secundarios, quienes desgraciadamente responden al principio de la cantidad sobre la calidad, porque entre primos y hermanos, la mitad califica con suerte como unidimensionales, cuando no se están confundiendo como parte de la escenografía. Todo esto confluye en que una película de 85 minutos se sienta cercana a las dos horas, con un ritmo y enfoque personal detallista, pero que no cuenta con ningún aspecto atractivo sobre el que trabajar esta minuciosidad. De todas formas, el estilo de filmación minimalista, en especial el énfasis en los planos generales con más de un personaje interactuando en escena, por sobre la rápida variación de enfoques, es algo a destacar.

EL ARBOL MAGNETICO 03Si hay un subtexto a desenterrar en la película, específicamente en relación al árbol magnético (un supuesto centro de atracción capaz de mover una camioneta) como metáfora de que lo que mantenía unida a la familia era la casa más que los lazos de parentesco, no termina por importar mucho, debido a que el sentimiento y las emociones por la venta no son acorde a lo planteado con anterioridad por los personajes, llegando incluso a parecer algo agregado a última hora.

A fin de cuentas, siempre es un agrado que se estén filmando películas serias y con ambición artística en Chile, y no sólo intrascendencia comercial como “El Derechazo” (2013) o publicidad en pantalla grande como “Tierra de Sangre” (2014), pero con material tan aburrido y vacuo como “El Árbol Magnético”, no da para tener muchas expectativas.

Por Lucas Rodríguez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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