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Abzurdah

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La adolescencia es un torbellino de emociones dispares que desembocan en decisiones que, en la posteridad, se recuerdan con arrepentimiento o, en su defecto, con un grado de pudor. Lo cierto es que la vulnerabilidad está en su punto cúlmine; se muta de un estado a otro, de una obsesión a otra, en búsqueda ya sea de la adaptación, el sentido de pertenencia o el ser diferente. Cuestionable es cuando se juguetea con ese lucrativo carácter influenciable bajo la promesa de representatividad desinteresada. Aún más cuando graves enfermedades mentales están en juego. Es que conservadoras hipocresías moralistas son una cuestión, y un llamado de atención ante una irresponsable liviandad de mirada es otra.

ABZURDAH 01La Plata, 1999. Cielo Latini (María Eugenia Suárez) es una adolescente tan bella como inestable. De familia adinerada, es un dolor de cabeza para sus padres. Tras romper con su último novio y sin amigos, Cielo se refugia en el chat para sentirse menos sola. Así conocerá a Alejo (Esteban Lamothe), sujeto diez años mayor, con el cual inicia una relación amorosa que le acarreará nada más que auto-destrucción.

Sin inclinarse hacia las luces ni sombras, “Abzurdah”, como largometraje, aprueba con la nota mínima. El peso recae completo sobre Suárez, quien figura en virtualmente todas las escenas y transmite con éxito la incansable desesperación de un personaje cuya atractiva disfuncionalidad se nutre del morbo de ser real. Su montaje, también, se preocupa por encajar con la vertiginosa naturaleza de su heroína. Pero entre la música de Soda Stereo, llanto por doquier y sexo ardiente, el discurso se descuida. Pequeño gran detalle para la ficcionalización de una novela autobiográfica que aborda asuntos tan delicados como los desórdenes alimenticios y el suicidio. En una sociedad que históricamente ha ejercido presión sobre el cuerpo femenino, no siendo la actualidad la excepción, tópicos de ese grosor jamás son circunstanciales.

Si el objetivo original de Latini (también autora del libro en que se basa la película) era apelar a la conciencia y bajo ninguna perspectiva dar pie a una lectura someramente ambigua respecto a su opinión sobre la anorexia en el libro, la cinta hace una funesta labor en reflejarlo. Exenta de punto de vista, ni bajo el lente más indulgente se vislumbra un intento por hacerse cargo de las problemáticas ABZURDAH 02abordadas. Y como no se puede juzgar en base a maquetas en el aire, pues no queda otra opción que asumir que ella, ya que aprobó la escritura del guión, está de acuerdo con la postura que adopta su directora. De un insólito desarraigo hacia la gravedad de los males tratados, el espectador queda expuesto a gráficas representaciones de auto-flagelación que podrían haberse justificado de haberle dado una vuelta madura. Y con “madura”, léase no melodramáticamente ondera.

Que todos alguna vez hemos estado absurdamente enamorados, concluye Cielo casi con picardía, antes de que corran los créditos. Puede ser, pero esta no es una historia de amor, y si la misma producción no está enterada de esto, el proyecto falla desde su concepción. Hundirse en el fango sólo para modelar el cuerpo embarrado en vez de salir advirtiendo de la suciedad allí adentro, son cosas muy distintas. Estamos hablando de una chica que se obsesionó con un hombre que no la valoraba como persona, llegando al punto de cortarse en muñecas y muslos, auto-infringirse el vómito y estar dispuesta a literalmente morir de hambre por llamar su atención. Es como si desde el palco hubiese que recordarle a la realizadora el relato con el que está lidiando, porque parece que se distrajo y lo resolvió pensando que hacía un film de Nancy Meyers.

ABZURDAH 03Jactancias de valentía se vuelan con el viento cuando una historia no es capaz de ponerse firme en temáticas que en ningún contexto son relativas. Compartir semejante experiencia personal trágica, primero en papel y luego en la pantalla, considerando la multitud de sensibilidades que la presenciarán, sin la determinación de aterrizar materias que erróneamente tienden a idealizarse, es una pérdida de tiempo. La romantización en este caso no alcanza a ser desvergonzada, no obstante, tampoco se trabaja por erradicar la sospecha de aquello. Inserta en un mercado que se enriquece con la susceptibilidad de las adolescentes, muchas de ellas dueñas de baja autoestima y por ende maleables, no es posible que justamente el relato de una sobreviviente se preste para una posible interpretación condescendiente de asuntos que llevan a la muerte.

Una película no requiere de explicaciones: es una obra autovalente y ya está. Motivaciones e intenciones sirven como antecedente, pero son un accesorio al lado del producto final. La etapa de edición es clave en el propósito de plasmar la idea principal, sin embargo, “Abzurdah”, tal cual está presentada, no puede sino dar la impresión de que mucho no pudo hacer ante una materia prima que ya venía con problemas. Si la misma afectada dio el vamos, sólo queda sentarse y juzgar.

Por María José Álvarez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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