Nano Stern: “Si uno canta de forma honesta, el mundo lo llega a ver”

Martes, 1 de Mayo de 2012 | 3:51 pm | No hay comentarios

El músico nacional Nano Stern, celebra sus “cinco” años de carrera este 6 de mayo en el Teatro Nescafé de las Artes, y si hay algo que el cantautor nacional deja en claro, es que este “no es un show, sino que una celebración, un encuentro” con la gente que lo ha acompañado en este camino.

HumoNegro entrevistó a Stern, y el artista habló de todo, desde la educación hasta los planes para crear un nuevo disco, e incluso no descarta que en algún momento se va a retirar del “showbiz” musical.

El desafío que tienes ahora en frente, es lo del 6 de mayo en el Teatro Nescafé de las Artes y me llamó la atención lo de los 5 años que se dice que cumples, porque de verdad tú llevas mucho más tiempo en la música. ¿Quisiste marcar distancia con tu etapa anterior como parte de Matorral o Mecánica Popular?

No tanto. Es que se marcan 5 años de la primera edición de mi primer disco, cuando dejó de ser un disco que se pasaba de mano en mano y eso estuvo a cargo de un sello. Se editaron mil copias y llegó a las tiendas. Entonces, eso marca un punto de quiebre importante en mi carrera, es como decir ‘tengo un disco’, ‘estoy presentándolo’, ‘estoy tocando y activo’, yo como solista. Entonces, de esa historia se marcan cinco años, pero como tú dices, tengo mucho más tiempo en la música. Toco desde los 3 años porque escuchaba a mis abuelos tocar en la casa y me daba ganas a mí también.

¿Ahí podríamos decir -medio en broma, medio en serio- que partió tu carrera?

De partida, “carrera” es un concepto que a mi me parece bien absurdo. Yo no tengo una carrera y una competencia con nadie ni con nada. Es una aventura para mí, es el constante viaje en el que estoy y si eso implica viajar al otro lado del mundo, lo hago. Y también hay un viaje interno bien profundo de crear y compartir esa creación, y de ser retribuido con la energía de la gente que acogió esa música y esos conciertos como parte de su cotidianeidad.

Tú complementas tu evolución musical con un viaje físico, cultural, musical…

Yo en realidad no veo la evolución. Es como te dicen estás más gordo, estás más flaco, es como el día a día, paso a paso, algo gradual. Yo no creo mucho en los grandes cambios artísticos de un día para otro. Se deben dar de a poco. No va con mi lenguaje. No me siento como David Bowie, como Picasso o Miles Davis, que venían y decían “ya, voy a hacer otra cosa”, porque creo que en mi propio ritmo no me satisface y siempre estoy viendo cosas nuevas y otras se van quedando atrás sin darme cuenta. Me toca un ritmo muy vertiginoso de actividades y de constantemente estar intercambiando con otros artistas, con otros públicos, y eso me mantiene en pie lleno de ideas nuevas y de posibilidades, tanto así, que a veces incluso me saturo a ratos y necesito parar para decantar y para poder ordenar la maleta de sensaciones y souvenirs musicales, y de experiencias que van acumulándose.

Un tiempo para ti.

Sí, y al final uno necesita un poquito de tiempo para decantar eso y también para explorar en las influencias, en esas experiencias, y sacar de ellas lo que me va cambiando y que están presentes a nivel subconsciente, ahí, latentes, y que no me vienen a buscar ni yo a ellas, sino que están. Como cuando uno escribe, y al tiempo se da cuenta que esto tiene relación con esto otro y con esta conversación que tuve con alguien en Valparaíso, por ejemplo, y ahí va saliendo con nuevos lenguajes y sabores en la música que, como dicen los boxeadores, me mantienen en punta de pié para pensar qué es lo que va a pasar con los formatos también.

¿Qué diferencias puedes hacer entre los formatos de tus conciertos?

Los últimos 4 conciertos que he hecho han tenido 3 formatos distintos. Uno con una banda que se llama Los Sindicatos, mucho más cercana al folklore, donde está Manuel Merino de Inti Illimani y dos músicos chilenos que vienen de Berlín. Luego fuimos a Argentina y toqué con la banda entera. El jueves pasado con un quinteto más eléctrico, entonces también considerando que el repertorio más o menos se mantiene, yo también me mantengo tocando las canciones y reimaginándolas cada vez que las toco, y me subo al escenario y el público también lo agradece. Yo me caracterizo por ser un músico que no repite lo mismo todos los días, y cuando siento que eso pasa –porque a veces ocurre cuando uno toca demasiado-, me tomo un respiro y hago que las cosas se calmen un poco.

Tú siempre tocas con otros músicos (Chinoy, Camila Moreno, Manuel García). ¿Cómo es este intercambio de experiencias?

No sólo estoy abierto, sino que lo mejor de las experiencias de la música es compartirlas y poder tocar con otros músicos, compartir, porque no se trata esto solamente de tocar solo y mostrarse honestamente y en el propio rollo, compartir con otro es una oportunidad de aprender. Con Chinoy, por ejemplo, hicimos una gira nacional juntos, los dos juntos en el escenario, entonces esas son oportunidades de aprender, súper intensas, y de aprender el uno del otro, de disfrutar ese encuentro, y también de los desencuentros. Lo mismo con la Camila (Moreno), lo mismo con Manuel García, con el que tengo una experiencia más antigua de yo tocar en su banda siendo yo más chico y él teniéndola clara, fue toda una escuela increíble, mucho aprendizaje. Pero también el viaje a Europa fue un gran aprendizaje, y sin ir más lejos, yo paso 6 meses al año viajando fuera de Chile, pero acá no se sabe mucho porque a mi tampoco me interesa que se haga mayor publicidad sobre eso. Voy a hacer algo, y me interesa más qué es lo que se hace.

¿Un ejemplo de esto puede ser?

Por ejemplo, en Argentina acabamos de tocar en un festival (FIFBA, Festival Internacional del Folklore de Buenos Aires) con Juan Quintero, que es el líder de Aca Seca Trío, y que él para mí es como mi músico joven favorito de Latinoamérica, entonces que él por propia iniciativa vaya a nuestro concierto a tocar con nosotros, es como decir “listo, aquí estoy”. He tenido la oportunidad de cantar con Pancho Sasso y Joe Vasconcelos, que es como para decir “no lo puedo creer”, o que Pedro Aznar haya tomado un tema mío y lo haya grabado es como para decir ‘¡chucha, la raja!’. El mundo al revés. Y es muy vertiginoso darse cuenta que si uno canta de forma honesta, el mundo lo llega a ver. Te van a reconocer como miembro de esta tribu y te van a acoger como a uno de los suyos. Me hace darme cuenta de lo afortunado que soy y me hace ser agradecido de esto, de poder dedicarme tiempo completo a la música.

Siempre participas de festivales, tocatas, giras en el extranjero. ¿Cómo es la experiencia de este movimiento y viaje físico?

De todo. La última gira por Europa la hice con mis dos proyectos. El mío solista, que tienen muchas variantes y muchas formaciones, pero que comparten un fondo y un repertorio, y este otro grupo que es Etno y Trance, que se desprende de Etno, que es un encuentro de músicos que se hace todos los años, una banda con una misión de rescatar los sonidos folklóricos de cada país, y estuve con ellos en gira como 2 meses y 3 semanas de corrido, sin un día libre, muy agotador, intenso, pero en esa gira estuvimos tocando en Sziget que es el festival más grande de Europa, de todos los estilos, donde compartimos cartel con Prince, Amy Winehouse —que se murió—, Deftones, Motorhead, Goran Bregovic, Kusturica, y estuvimos en toda la gama de lugares posibles, bares, locales chicos, casas, en la vereda, y yo creo que es súper importante y enriquecedor mantener ese contacto. Así como la música cambia constantemente, los formatos para presentarla también lo hacen. Hace 3 semanas toqué en la Sala Master para celebrar mi cumpleaños, un concierto súper íntimo, con puros invitados, y toqué el mismo set para 120 personas que el que hicimos en Australia para 8 mil, y el jueves 4 mil en Valparaíso, y eso te mantiene atinando que lo importante es cada una de esas personas y lograr una conexión con cada cual, resonancia como es el concepto que creo que hay que alcanzar.

Has participado en tocatas en colegios, líceos, universidades. ¿Esto lo haces motivado por tu interés en conectar con la gente? ¿Ver en qué están?

Yo no los veo, porque soy “parte de”. Eso me pasa. Cuando me invitan a tocar, voy, y si no, igual voy porque voy a las marchas. Porque me interesa. No me interesa desde fuera, sino que yo vibro y apoyo estas causas por las que se lucha. Uno no es observador ni voz de nada, sino que me siento muy honrado de que mis temas sean usados como la voz de reivindicaciones tales como las medioambientales, las de desigualdad, las que apuntan a terminar con la discriminación, y eso es en las dos últimas semanas. Así, me asocio a muchas, muchas causas. Yo creo que generalmente estas son las causas urgentes para Chile, como tomarle el peso a la aceptación, la igualdad y el cuidado al medioambiente, que son tremendas carencias de nuestro sistema.

Como por ejemplo el caso de Daniel Zamudio o la violencia contra los mapuche.

Por eso la educación es tan vital, porque es la herramienta que iguala más, herramienta de toma de conciencia. Yo creo honestamente que, probablemente, los cabros que asesinaron a Daniel no recibieron la educación correcta y que, de haber sido así, probablemente no lo hubieran hecho. Insisto, una persona con acceso a educación va a ser más cuidadoso con el mundo, con el medio ambiente, con los que lo rodean, y finalmente qué es lo que subyace al acceso a la educación es la igualdad o desigualdad. Creo que es lo que nos carcome como un cáncer que crece y crece, y que si no se controla, hace cada vez más terrible el mundo.

¿Hay planes de nuevo disco o estás en un freno de mano creativo?

No tanto. Grabé como 40 minutos de folklore latinoamericano con el proyecto Etnoytrance y estoy empezando a escribir de nuevo para mi proyecto solista luego un tiempo de descanso, largo tiempo, y que lo necesitaba luego de un período intenso y muy demandante como fue el de “Las Torres de Sal” (2011), 4 días grabado en directo, sin postproducción, sin demos, entonces no tenía las paradas en el camino, sólo confiar en tu capacidad de interpretar el disco. Entonces, la noche anterior a comenzar a grabar, me imaginaba cómo sonaría el disco grabado y finalmente el resultado es bastante parecido a lo que esperaba, así que la sensación fue como de éxito y satisfacción. Con sus virtudes y sus falencias, y es honesto. Por eso es interesante hacer un concierto donde vamos a recorrer a través de todos los discos y los momentos, y es interesante revisar sobre todo el primer disco, que es más ingenuo, más naïf en su estética, en sus letras, en la forma en que lo hice, encerrado en mi pieza grabando solo, en cambio ahora, todo es diferente.

¿A qué se asemeja eso?

Es como desempolvar un álbum antiguo, e incluso se podría decir que es como hacer cover de otro músico, aunque le tengo mucho cariño a ese trabajo. Yo siendo distinto y entendiendo diferentes cosas, puedo darme cuenta que la persona que fui decía cosas que me hacen sentido y que creo que son escritas con honestidad.

¿Cómo ha sido el proceso de volver a encontrarse con las canciones que escribiste hace 7, 8 años? ¿Cómo te enfrentas a ellas?

Ha sido bueno. Es en pañales. Trabajo por etapas. Hasta anoche nos concentramos en armar el repertorio que siempre estoy tocando, y ahora que faltan dos semanas y media, nos empezamos a concentrar en esas otras canciones y te empiezas a preguntar cómo las puedes rearmar de mejor forma. Es como escuchar un disco de otra persona, que a veces te gusta y a veces no. Es bueno acordarse de la sensación de crear sin ningún tapujo, sin ningún hype, tener esa sensación fresca de que no debes lograr algo necesariamente con eso. Tengo 5 discos, 1 DVD, más otros EPs, entonces ahora tengo un concepto previo, no cien por ciento cierto, de qué resulta de tu trabajo, no sé cómo lo recibirá la gente o los medios. Lamentablemente, cambia la forma de hacer las cosas. Uno publica su música para compartirla y se empieza a tomar conciencia, y yo soy menos destapado hoy de lo que era con el primer disco. Cuando escucho mi anterior trabajo, veo que había la inocencia de referirse a las cosas en términos más simples, y absolutos.

El camino que has llevado, ha sido súper hiperquinético. Si uno mira otros artistas, tú te ves como un cantante y músico muy movido.

Sí. La decisión crucial para ser solista fue irme de Chile a los 19 años, tras irme de Mecánica Popular, que me gustaba de antes de formar parte de la banda, casi como el sueño del pibe de ser parte de la banda, pero en un momento me dije que yo estaba en otra parada para hacer mis cosas y me fui, igual muerto de miedo, pero la hice de todas formas y no me arrepiento y fue lo mejor que pude haber hecho. Y así como en su tiempo fui súper valiente al haber tomado esa decisión, el mismo nivel de valentía, se requeriría para retirarme por un tiempo, ni hacer más discos ni conciertos por un buen rato, porque uno necesita ser honesto, y cuando tocas demasiado, uno se hace de un contenido demasiado repetido y yo no siento eso. Entonces es una encrucijada, porque en lo que he hecho me ha ido bien, puedo vivir de esto, viajo alrededor del mundo, me encanta. Tengo todas las posibilidades de trabajar en lo que quiero, entonces qué es lo que falta, y eso debe ser una búsqueda mucho más profunda que vaya más allá del showbusiness en el que todos estamos metidos. Hay un nivel más, que implica desapegarse, pero a nivel de ego no estoy listo todavía para tomarlo, requiere tiempo, pero ojalá que algún día pueda llegar al equilibrio donde ambas esferas, ambos estadios, estén en paz a la vez. La necesidad de comunicar y de conectar, y que no produzca un avasallamiento de una parte y otra, que lo veo en mi y en otros colegas también.

Hay nuevas formas de hacer la música, y también nuevas etiquetas, casillas que son un poco obsoletas cuando se nota que todo es mezcla, como el Altazor que te tenía a ti como parte de “pop-balada”, y eso pasa con una sociedad como la nuestra con códigos que están añejos.

A mí no me molesta, yo estoy en la mía. Es normal, son etiquetas, y una vez leía un libro del budismo zen, y había una frase muy bonita que decía que “el momento en el que uno le dice a un árbol que es un árbol, este deja de ser un árbol”, porque hay miles de árboles y todos son perfectos a su manera. Lo mismo. Por eso fue interesante el juntos pero no revueltos, porque fue una mezcla donde veíamos todo juntos, por separado, con las bandas, con decisiones donde cada cual fue por su lado, y eso está bien. Ahora, lo de explorar con nuevas sonoridades es un arma de doble filo, porque lo que yo veo en gente de mi generación, es que dicen “ya, hagamos un disco más pop”, y está bien en la medida en que responda a inquietudes creativas, pero si es por presiones externas o de los medios, es cuando me aprieta un poco la guata. Los discos más hermosos que conozco son de músicos mayores que han mantenido parte de su sonido. Por ejemplo, Violeta Parra, que fue extremadamente experimental y transgresora, y que también lo hizo con una absoluta continuidad en su propuesta, entonces no es “lo nuevo de Violeta Parra” porque suene a otras cosas, sino porque es algo mucho más profundo que logró alcanzar, y eso es lo que a mí me interesa. Es menos popular o atractivo desde afuera. Como ponerle la categoría de nuevo a algo como un empaque de detergente. No es más que un sticker.

Quieres concentrarte en las raíces más que en el crecimiento acelerado, ¿cierto?

Exacto, y en la conciencia absoluta de que, siguiendo la analogía, los árboles que crecen más de lo que deben, colapsan y se caen. También hay un juego de palabras que me llama la atención entre ‘originalidad’ y ‘origen’, que implica que para ser creativo nunca debes olvidarte de dónde partiste, como una búsqueda más profunda entonces que es indivisible del resto de las acciones.

Preocuparte del punto de referencia, el reimaginarlo, en ese disco homónimo, grabando las canciones con demos…

Absolutamente.

¿Qué se puede esperar de tu concierto del 6 (de mayo), qué “sorpresas” o anuncios se pueden hacer?

Va a ser un concierto largo, y hemos hecho un ejercicio de seleccionar para el repertorio cuatro canciones de cada disco, o sea, estamos pensando entre 20 y 30 canciones con músicos invitados, con una banda de planta un poco más grande de lo usual, y con una intención de celebrar en conjunto lo que han sido estos años, porque este será un encuentro, y no tanto un show, sino que para celebrar, encontrarnos la creación, la gratitud y el contacto con la gente, y hacer lo de la gama amplísima de sensaciones que la música ofrece desde la nostalgia y la añoranza hasta la euforia.

Por Manuel Toledo-Campos

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