Juana Molina: “Ya no me dicen que estoy loca por la música que hago”

Miércoles, 19 de Marzo de 2014 | 12:10 pm | Comentarios (1)
Juana Molina: “Ya no me dicen que estoy loca por la música que hago”

Hablar de Juana Molina es hablar de una historia llena de puntos de giro. Desde ser una comediante, hija de un cantante de tango, Juana decidió ser una cantante, colgarse la guitarra y sacar “Rara” el ’96, y también darle con muchos sonidos más, marcando su camino con huellas de una búsqueda de los matices incansables y con una historia llena de incomprensión, tanto en su Argentina natal, como desde los públicos masivos e incluso desde los propios músicos. Pero con “Un Día” (2008) y “Wed 21” (2013) Juana Molina ganó adeptos, elogios, y también ganó un poquito de comprensión en lo que hace. Algo es algo, y la persistencia en lo suyo trajo resultados, aunque ella casi ni lo note.

La tuvimos en Chile por segunda vez, en el GAM, tocando en el Festival Neutral el pasado 01 de marzo donde, sin duda alguna, armó uno de los mejores y más desconcertantes shows, con problemas y todo.

Acá la conversación que tuvimos con ella, donde queda claro que con Juana Molina las certezas son evanescentes y la genialidad de la cantautora prevalece:

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Cuando revisaba material de otras entrevistas me fijé que todo el mundo estaba obsesionado con la categorización de tu música, buscando en qué te defines en materia de estilos. Entonces, no se cuánto pudo haber afectado a la percepción de tu música que te hayan tratado de meter en cajas chiquititas…

(Interrumpe) Y que no lo lograron (sonríe).

…y que no lo lograron, en el tema de no dejarte en medio de un nicho muy chiquito.

Yo no lo siento así, sino que lo siento al revés: como no se me puede clasificar entonces pertenezco a más géneros, aunque creo que no pertenezco a ninguno. Pero no, no, no, no es un problema mío.

Es un problema de la gente.

Sí. Eso es.

El proceso de notoriedad de tu música ha sido difícil. Después de tanto tiempo, recién tienes un reconocimiento transversal, con “Wed 21”, que antes venía de grupos más pequeños. Cómo fue encontrarse con esto ahora.

No me doy cuenta de eso que dices, tan de esa forma.

Tú te concentrabas en lo tuyo.

Es que no me di cuenta que las cosas eran tan así. Sí me di cuenta que tuve más prensa, pero menos nota de calificación, cosa que me alegra. Más comentarios de gente y menos reportajes.

¿Y cuál fue tu proceso para “Wed 21”, en su creación?

La diferencia más grande radica en las estrucutras y las dinámicas de las canciones. Puede ser un poco la química también, pero los elementos son casi todos los mismos desde el segundo disco (“Segunda”). Es difícil a veces poder describir lo que se hace porque uno está a diario consigo mismo, entonces uno no se da mucho cuenta de lo que va cambiando paulatinamente ni lo ve como un cambio repetino. Pero como te decía, para mi la gran diferencia es la dinámica y la estructura.

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En ese sentido, ahora se nota que hay un cuidado en los matices y en la dinámica que existe en tu trabajo, que también se condice con una escena que hoy está atiborrada de chicas como Julia Holter, Cate Le Bon, St. Vincent, y no sé si has notado cómo ha cambiado el panorama.

No conozco a ninguna de ellas. Yo me empecé a meter en esto en el 97, 98, entonces no noto cuando hay más o menos gente. Y sí, claro que ha cambiado la cosa para mi. Lo principal es que ya no me dicen que estoy loca. Me daba rabia porque me parecía que lo decían para indicarme que lo que hacía era una porquería. ‘Ay, mirá lo que hacés’ era una forma simpática de decir algo horrible. Muchos músicos con los que hablaba me preguntaban de vuelta ‘¿Estás segura de que quieres sacar esto?’ cuando escuchaban “Segundo”, que para mi es el disco que marcó el camino. ‘Por qué no los trabajás un poquito’, me decían también. Y bueno, esas cosas después se van repitiendo y haciendo más comunes, y la gente inconscientemente va identificando como suyo un sonido así, pero bueno, qué se yo. Me acuerdo que un amigo en 2004 me dijo ‘ay, se puso de moda la música que hacés vos’, no era mi música la que se había puesto de moda, sino que la prensa había decidido que estuviera de moda. Y bueno, qué rabia, qué se le va a hacer.

Por lo menos ahora existe una conciencia de tu música. Una valoración que quizás pasó porque tu música estaba, quién sabe, adelantada a su tiempo.

Eso yo no lo sé. Antes, cuando yo terminaba de tocar, la mitad de la gente se quedaba después del show para ver qué era lo que tenía en el escenario, para ver cómo lo hacía. Antes era realmente muy novedoso. No se si eso me conviene.

Juana-Molina

El proceso de armado de tus canciones debe ser más personal, lo que me hace pensar en la diferencia que marca el hecho de plasmarlas en un espectáculo en vivo.

El único pensamiento sólo viene en el momento de armarlo para el show, porque en el momento de componerlo no hay una idea previa a la canción, y pasando ese momento yo siento que es un caudal de información que me va llegando, que estoy recibiendo y que voy acumulando, así lo pienso como un bordado y me puse a hacer el bordado, y lo que está rosa por acá queda rosa, y celeste por allá arriba (hace gestos como bordando), luego veo si ese celeste le saco o agrego unos puntos y todo queda en ese mismo momento. No es que yo grabe unas cosas y luego vea qué hago con eso. Cada cosa que llega se acomoda, como cuando haces la valija: llega, te instalas, desde la repisa, son entidades que ya están ahí. Por eso a veces cuando conectan mal los cables, al revés, y no suena stereo, yo digo ‘¿Qué pasó?’. No es lo mismo que una canción que no tenga esa estructura pictórica esté así, porque no está sino al revés. El equilibrio se me cambia y por eso no puedo escucharlo cuando está al revés.

Se te descompone el cuerpo.

Sí (risas). Y bueno, después en el momento cuando el disco está editado, salió y pienso ‘¿Cómo voy a representar esto para que la gente lo reconozca?’. Al principio creí que era una tarea imposible, y ponía todo y estaba con pistas y duró dos, tres conciertos. Luego me empecé a fijar en qué es lo esencial, eso que hace a la canción, porque hay algunas que están llenas de cosas como “El Perro” que está en “Segundo”, y esa canción la puedo tocar con la guitarra sola, y la gente siente que estoy tocando “El Perro”. Y casi cualquier canción la puedo definir en esos sonidos mínimos, y por eso toqué sola muchos años. Lo que no me permitió este disco fue la dinámica de las canciones para hacerlo sola. Necesitaba músicos, primero estaba con Marín el tecladista y realmente estuvimos semanas para descubrir cómo dejar la canción intacta aunque sea otra cosa, sin que parezca otra cosa.

O sea, la composición por sobre la forma.

Sí. Que por más que cambien elementos, la canción siga ahí, porque no falta quién pensaría ‘ay, entró antes’, ‘ese sonido no es’, y yo quiero decir que la canción tiene un desarrollo con la misma identidad, para decirlo con una palabra pretenciosa, que la canción grabada. Eso con algunas canciones de este disco fue muy difícil. Fueron semanas de elucubrar qué hacer. Incluso hay temas que todavía no tocamos porque todavía no encontramos la forma, aunque estamos cerca. Si me hace el click me doy cuenta, ‘ay, lo que debemos hacer es esto’, y sale una versión que representa a la versión del disco. Son sus representantes en vivo (risas).

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En tu último show en Buenos Aires tocaste casi completo “Wed 21”.

Es que estoy presentando el disco (risas)

Y ahora nos encontraremos con algo similar.

Sí, y me pasó cuando me encontré con gente que me preguntaba ‘¿Vas a tocar esta canción?’ y yo respondía ‘No’. ‘¿Y está otra?’, ‘Tampoco’. Y qué le voy a hacer. El tiempo es acotado y acabo de sacar un disco, y no puedo presentar temas de discos más antiguos. Igual me cuesta porque a mi no me gusta hacer shows muy largos, cuando siento que se acabó, ya está, es suficiente y a veces, no sé si es una percepción errada, pero siento que la tensión, todo lo que la gente puso y lo que puse yo llegó a un límite, y que ahí se acaba el show, y en general eso se cumple luego de la hora, hora y diez, cuando mucho, y para hacer todas las canciones que me gustan, tendría que hacer mínimo un show de dos horas. No da para eso. Hay gente que toca como tres. No se cómo lo hacen.

También, quizás, te queda más cómodo así.

No sé, quizás. No quiero invadir. Porque hay momentos en los que pienso ‘todo bien, todo bien, todo bien’, y de pronto temo a que alguien mire con cara de ‘¿Cuánto más va a tocar?’. Porque para tocar tres horas debes tener canciones para que valga tres horas. Paul McCartney toca tres horas, pero es Paul McCartney. Cada canción renace la esperanza en la felicidad, no sé. No es mi caso. Si fuera un show para los ultrafans, en que estén ultra contentos todos, como en el de Buenos Aires que indicaste, donde toqué hora y media. Si no es así, no, y además que presentamos “Wed 21” que es lo que nos convoca y con lo que estoy feliz.

Por Manuel Toledo-Campos

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  1. Romualdo Arias says:

    Dios mio, que vieja pretenciosa de mierda, viene susurrando pelotudeces de forma desganada sobre loops desde hace una decada y se cree super “rarita” y especial.
    Que alguien le de clases de humildad a esta mujer snob porfavor.

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