Fredrik Åkesson de Opeth: “El público chileno es un gran coro”

Martes, 30 de Junio de 2015 | 1:45 pm | No hay comentarios
Fredrik Åkesson de Opeth: “El público chileno es un gran coro”

Desde el año 2000 en adelante es posible hablar de la consagración de algunas bandas dentro del mundo metal, gracias a la publicación de trabajos desafiantes que poco a poco, o explosivamente en varios casos, pavimentaron un camino que les llevó al reconocimiento y a la admiración mundial. Una de esas agrupaciones es Opeth que, a nuestro parecer, se convirtió en uno de los actos superlativos en la historia de la música extrema, llegando incluso a audiencias que no tienen relación alguna con el metal.

En la actualidad ostentan un lugar de privilegio en el panorama mundial y acaparan gran parte de la atención de la prensa cuando lanzan algún material o cuando se presentan en vivo. Es así como llegan a nuestro país por tercera vez, para promocionar su último larga duración a la fecha, “Pale Communion” (2014), que ha cosechado críticas de toda índole, algo de lo que hablamos con Fredrik Åkesson, guitarrista de la banda desde 2007, quien desde Suecia compartió sus apreciaciones respecto a la banda y todo lo que les rodea, además de adelantar algo de lo que veremos en su show en el Teatro Caupolicán el próximo 17 de julio, en una entrevista que sostuvimos hace unos días y que les mostramos a continuación.

Han pasado 8 años desde que te uniste a Opeth. ¿Cuál fue la razón principal que provocó tu decisión de quedarte?

Primero vi que conforman una sólida unidad; disfruto tocando con ellos y por sobre todo me encanta la música. Y, como dije antes, es todo un desafío no saber qué será lo que viene, debido a que aún hay muchas áreas musicales que no hemos visitado y que nos parecen interesantes. Aún siento esa “hambre”, si entiendes a lo que me refiero.

Has participado en los últimos tres discos de Opeth, lo que significa que te uniste a la banda justo al comienzo de la gran transición desde la música de un principio hacia el sonido actual, algo que resultó controversial para los seguidores y la prensa. ¿Cómo manejan la crítica negativa de los fanáticos más acérrimos?

Cuando me uní, aún estaban las voces guturales y todo eso, porque en el primer disco en el que participé (“Watershed”, 2008) todavía había elementos del death metal, ahí está parte del material más extremo que Opeth haya creado, como la canción “Heir Apparent”, seguramente una de las más pesadas de Opeth, por lo tanto estoy feliz de haber grabado un álbum que aún tenía ese tipo de canciones. Respondiendo la segunda parte de tu pregunta, lidiamos con ello básicamente de acuerdo a como Mikael se sienta al respecto, debido a que es el compositor principal; todos concordamos con él e, independiente de si nos gustan o no las reseñas, lo que hacemos es buena música. Después de “Heritage” (2011), todos necesitábamos que lo nuevo fuera diferente, y Mikael es muy enfático en que no debemos repetir la misma fórmula y hacer los mismos trabajos una y otra vez, lo que constituye la razón fundamental por la que nos decidimos por un cambio tan experimental y no porque ya no nos guste la música extrema, de hecho diría que un 70 por ciento de lo que tocaremos será del material más denso y de la “vieja escuela”, así que si vas a nuestro concierto, te garantizo que recibirás tu dosis de death metal. Aún creo que mantendremos lo que se hizo en los tres discos anteriores a que yo entrara al grupo; me gusta esa mezcla entre agresividad con partes calmadas y cómo se alimentan las unas de las otras, algo que todavía está en los nuevos trabajos, pero de manera diferente, puesto que Mikael no usó un registro vocal brutal, a pesar de que en un principio sí hablamos de incluirlo, pero a medida que él avanzó en la composición, no quedó espacio para eso, por lo que entendemos que no todos estén felices. En resumen, sólo se trata de gustos, así es que estoy orgulloso de lo que hicimos en estos dos últimos larga duración, que son una gran diferencia con el resto y, como dije antes, aún somos “metaleros” y amamos esta música, solo que componemos en relación a lo que Mikael quiere, y depende de nosotros apoyar esa perspectiva o no, a pesar de que algunas veces sentimos que nos alejemos mucho. Sin embargo, al final el trabajo es brillante y me entusiasma tener esas canciones densas junto con estas recientes, que las considero igual de extremas porque son aún más difíciles de tocar. Especialmente para mí es un todo un reto, porque hay más partes donde debo cantar, al igual que Joakim (tecladista) y ocupamos distintos tempos, entonces estamos en un constante desarrollo sónico, a pesar de que hayamos cambiado: algo ocurre todo el tiempo, y eso tiene mucho que ver con la vibra de los primeros días, donde se buscaba que cada álbum no se pareciera a otro. Posterior a “Watershed”, Mikael se decidió por hacer algo distinto, lo que no significa que no volvamos a incluir voces guturales más adelante, no sabemos que hay en el futuro y si grabaremos algo más pesado o no. Así que esta es nuestra propuesta ahora.

Sus trabajos más recientes están muy distantes del resto, lo que se considera un cambio extremista si se comparan entre sí, sin embargo, se vislumbra un camino lógico de acuerdo a las influencias musicales de la banda y el desarrollo artístico. Si esta es su nueva perspectiva, un cambio radical, ¿qué nos depara el futuro para los próximos discos?

No me gusta mucho lo que diré, pero la verdad es que no lo sabemos (risas). Y eso es lo que me entusiasma, y a Mikael también. Tenemos algunas maquetas muy pesadas, de hecho, pero es algo prematuro porque estamos enfocados en las giras y en lo que queda del año. Recién en 2016 veremos qué ocurre con un nuevo disco. No sabemos a qué sonará, pero sabemos que será diferente en comparación a los dos últimos discos, así que ahí radica lo emocionante. Tampoco será una vuelta a lo que ya se hizo en “Blackwater Park” o “Deliverance”, pero está la convicción de que sea brutal en alguna forma que no se haya experimentado antes, de lo contrario estaríamos retrocediendo, y eso no forma parte de la identidad de Opeth.

El álbum de 2001, “Blackwater Park”, marcó el comienzo de la relación artística entre Opeth y Steven Wilson como productor a cargo, y para mucha gente es el mejor disco hasta la fecha. ¿Cuánto de la nueva dirección de la banda se le puede atribuir a la influencia de Wilson?

Se sabe que son buenos amigos con Mikael, pero en el caso de “Pale Communion”, por ejemplo, él sólo hizo la mezcla; no participó con nosotros en el estudio, ni en arreglos ni en la producción. Entiendo que lo preguntes por el trabajo que ha hecho junto a Mikael, incluyendo lo de Storm Corrosion, pero más allá de eso, diría que su rol no pasa de ahí.

¿Cuál es la principal diferencia entre tu trabajo en Opeth y lo que hiciste en otras bandas?

No estoy seguro, pero personalmente siempre me comporto igual sin importar donde esté tocando. Siempre fui un seguidor de Opeth y mi convicción es recoger la verdadera intención de la composición y luego ver qué es lo que soy capaz de hacer para contribuir a mejorar el tema. Es simple la forma en que veo mi participación y esta banda lo facilita porque su música es excitante; lo que Mikael compone es un desafío para mí como músico, por eso al principio cuesta un poco acostumbrarse por la extensión de las canciones y sus partes complejas que contienen arreglos de guitarras difíciles de tocar, como riffs pesados o las secciones más calmadas y acústicas. Todo resulta muy motivante.

¿Cuál dirías que fue el momento exacto en el que la banda (o Mikael, en su posición de compositor principal) visualizó el camino a seguir en la construcción de “Pale Communion”, pero por sobre todo, en esta nueva era?

Ese momento fue justo después de “Watershed” (2008). Mikael llegó con algunas canciones muy pesadas –que en lo personal me gustaron bastante cuando me las mostró en su estudio- para un eventual nuevo disco y Martín Méndez (bajista) le dijo que eran una continuación de lo hecho en aquel disco, que le sonaban muy parecidas, y que él creía que era la ocasión de hacer algo totalmente nuevo y diferente. Ese diría que fue el instante preciso, porque Mikael dijo “Oh, oh, tienes razón” y borró esos temas y empezó todo de nuevo.

Opeth ha actuado dos veces antes en Chile, ¿hay algo que recuerdes particularmente de esos shows?

Primero que todo, recuerdo que Santiago es muy bello, pero lo principal fue el público. En muchas entrevistas nos preguntan cuál es el país dónde más nos ha gustado tocar y siempre nuestra respuesta es Chile, y es verdad. Sudamérica en general se muestra más entusiasta en los conciertos que el resto del mundo, a pesar de que hay algunos lugares por ahí que sí llegan a un nivel parecido, pero el público chileno es un gran coro y canta todo junto a la banda, lo que es muy emocionante para nosotros. Esa energía que nos devuelven es formidable.

¿Qué podemos esperar de esta nueva visita? ¿Habrá algo especial en el setlist, por ejemplo, para conmemorar el aniversario número 25 de “Orchid”, el primer disco?

No, pero tocaremos algunas canciones que no hemos tocado en Chile, más de la vieja escuela, por lo que hablamos de un show bastante pesado: un 70% del repertorio apunta hacia el death metal, aparte hay tres cortes del último disco, lo que garantiza un balance entre el material nuevo y el clásico con más densidad, como “Deliverance” (2002). Tratamos de tocar una canción de cada álbum, pero esta vez no creo que ejecutemos algo de “Orchid”, sin embargo, los seguidores más acérrimos tendrán lo que esperan.

Por Hans Oyarzún

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