Un brindis por Lemmy Kilmister

Miércoles, 28 de Diciembre de 2016 | 12:56 am | No hay comentarios
Un brindis por Lemmy Kilmister

Un 28 de diciembre no sólo perdimos a un grande del rock, sino que a la mismísima encarnación de este. Lemmy Kilmister fue mucho más que el vocalista y alma de Motörhead, era la figura donde residía la fantasía de todos los que alguna vez soñamos con una vida de excesos y fiestas mientras recorremos el mundo tocando la guitarra eléctrica –o el bajo, en su caso–, saliéndonos siempre con la nuestra y haciendo vibrar a miles de fanáticos con canciones que no hacen más que reflejar nuestro alocado estilo de vida.

Trascendiendo a su propia música, el inglés se instaló en la cultura pop como protagonista de las juergas más bizarras y míticas, donde el sexo, las drogas y litros de whisky eran los ingredientes principales para dar forma a historias que pocos podríamos tener la suerte –o el coraje– de experimentar. Como aquella en donde quedó inconsciente luego de recibir tres sesiones de sexo oral al hilo, o esa donde destrozó un automóvil que recién había comprado, luego de que una borrachera lo hiciera confundir los cambios del vehículo, motivándolo a dejar las llaves en una gasolinera y declarar que jamás volvería a conducir un auto en su vida, aunque el alcohol se mantuvo como un compañero fiel hasta el final. El manoseado eslogan “sexo, drogas y rock & roll” tomó sentido bajo la leyenda de Kilmister, y aunque muchos de los relatos creados a su alrededor fueron desmentidos por el músico a lo largo de su carrera, su imagen como personificación máxima de las fantasías más tóxicas y memorables de un rockero lo llevó a convertirse en un ser idolatrado por muchos: incluso si jamás en tu vida habías escuchado un disco de Motörhead, Lemmy era Lemmy y había que respetarlo.

Pero más allá de su amplio prontuario como ícono del rock, Lemmy fue un músico cuya obra sirvió de base para el desarrollo del estilo y el heavy metal, influenciando a unos jóvenes Metallica y a unos rabiosos Slayer, entre muchos otros, con discos que funcionaron casi siempre bajo la misma fórmula y estructura, caracterizándose por la potencia de su sonido y lo directo de sus letras, donde se podía hablar de lo bien que se pasó en una noche de carrete o del abuso de poder de las autoridades contra el pueblo. Lemmy era un hombre que escribía desde sus propias entrañas y diciendo todo lo que pensaba, sin concesiones. Todo lo que compuso suena auténtico y real, desde el disco homónimo de 1977, hasta “Bad Magic” (2015), donde se registran los últimos descargos del británico y su trío. Aquí no hay canciones hechas para complacer a las masas, ni para sonar de fondo en un comercial. La gran virtud de Motörhead es que la consecuencia y honestidad eran su bandera de guerra, guiadas por la crudeza de sus riffs y los rugidos con hedor a trago de Lemmy.

La edad y los excesos, sumados a un fulminante cáncer, pusieron fin a la existencia de Kilmister. Murió el que pensábamos que era inmortal, el día en que nadie lo creería (al menos por estas latitudes). Como un verdadero rebelde, Lemmy se salió de la regla hasta el día en que dejó de respirar, a tan sólo un par de semanas de haber dado sus últimos bufidos en Alemania al mando de Motörhead. “Recuérdennos, somos Motörhead y tocamos rock & roll”, esa frase, que era la declaración de principios de Lemmy y compañía sobre el escenario, resonará con fuerza en cada trago que bebamos en su memoria, porque el hombre se fue, pero la leyenda y el rock persisten. Alzando un vaso de whisky, desde acá, te agradecemos por un legado que seguiremos inmortalizando, por las canciones que no dejaremos de escuchar y por esas historias que alguna vez desearíamos vivir. Por tu desfachatez, garra y actitud, brindamos por ti, Lemmy Kilmister.

Por Sebastián Zumelzu

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