Korn: El desgarro de la adolescencia y la adultez contemporánea

Lunes, 13 de Marzo de 2017 | 11:53 am | Comentarios (2)
Korn: El desgarro de la adolescencia y la adultez contemporánea

Para algunas personas empezar a escuchar la música propia fue uno de nuestros primeros gestos de liberación. Antes, la música que ponían los adultos en su mayoría no definía particularmente la identidad de ninguno de nosotros, sino que era “eso que sonaba de fondo”, el acompañamiento de algún evento familiar, el jingle de un comercial o el opening de los dibujos animados que daban en la tele. Durante fines de los 90 y principios de los 2000 empezar a escuchar la música propia, encontrarla en la radio, pedirla prestada, grabarla en un cassette o en los incipientes quemadores de CD, era comenzar a identificarse con ella, sentirse parte de algo distinto del lugar en que uno había sido formado y, quizás por primera vez, formarse uno mismo esa cosa inefable a la que la gente llama el “yo”. En muchos casos, nuestra generación encontró una vía de liberación en el nü-metal. Ahí había un movimiento más personal y más estético que ideológico.

Éramos chicos, veníamos entrando a la adolescencia, algunos ya la estábamos padeciendo y en la radio sonaba fuerte Linkin Park, System Of A Down y Limp Bizkit. Y también estaba Korn. Los Korn. Aquí había algo mucho más subjetivo que el resto y mucho más doloroso tras las voces histriónicas que tenían en común con el resto de esas bandas. La voz de Jonathan Davis sonaba como un desgarro que retrataba las esperanzas perdidas de la infancia. El conjunto de Fieldy, Head, Munky y Silveria era poderoso y aplastante en el contexto de la crianza en una generación post-dictatorial que carecía de la comprensión del mundo adulto. Y la vida de Davis era icónica en este sentido, era la expresión plástica de un momento histórico: el frontman atormentado, abusado sexualmente de niño e ignorado por un mundo adulto demasiado incompetente emocionalmente como para tomarlo en serio, o demasiado ocupado en el programa nocturno de la TV que hacía salir de las casas un destello negriazul sombrío que iluminaba las calles. El cantante, así, se paraba frente a su audiencia a expresar su rabia mediante una puesta en escena explosiva, mediante canciones abiertamente pegajosas y coreables, sin escatimar en insultos.

La historia de Korn nos habla desde la nostalgia, porque expresa de manera efusiva eso que cargamos en nuestras historias vitales; habla de nuestra propia existencia. Los Korn nunca han llevado ese nivel de experimentación que tiene Deftones (omitiendo los trabajos de Chino Moreno en Crosses y Palms), ni tampoco al compromiso ético y político de los proyectos de Serj Tankian. Más bien han sabido, con el tiempo, ser la banda sonora de una forma de expresión muy característica: el lenguaje de Korn es la catarsis nostálgica.

La portada de su último disco, “The Serenity Of Suffering”, es un recordatorio de nuestros pasados y un llamado de atención a nuestro presente. Los ahora veinteañeros y treintones que escuchamos el “Issues” (1999) con la psiquis dañada, nos encontramos siendo adultos en una sociedad normalizadora a la que hemos tenido que amoldarnos cada vez más. En la portada el niño camina a un parque de diversiones llevando un muñeco maltrecho a rastras, mirándonos y casi diciéndonos: “acuérdate”. El desgarro de la adolescencia que nos hacía brotar por los poros la energía de Korn hoy en día es el desgarro de la adultez contemporánea. Y tal como nombra el disco, es el de un sufrimiento que ya no está en medio de la tormenta, sino el de un sufrimiento sereno. Esa liberación que se sintió al hacerse el propio camino cuando escuchamos nuestra propia música, nos damos cuenta, sólo era una más de las formas de existir en la sociedad de masas. El niño de la portada del disco somos todos y todas, enfrentados a los márgenes de normalidad por los que hemos tenido que cambiarnos a nosotros mismos y, tal vez, falsificarnos a nosotros mismos, pero ¿quién sabe realmente eso?

Korn se presentará en Chile el próximo 27 de abril y traen bajo el brazo su duodécimo álbum de estudio. Tras el retorno de un irremplazable “Head” a sus filas, escuchamos a un Korn energizado con las fuerzas del pasado con un disco que, tras su lanzamiento, pegó en los primeros puestos de Billboard, llegando a un Caupolicán que los espera para escuchar lo que mejor saben desarrollar: un sonido efervescente, energía y catarsis; conectar con una inquietud personal que la banda ha sabido encarnar y que hoy en día sigue sintiéndose patente.

Por Diego Márquez

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  1. Jonathan says:

    Me encantan estas reseñas así.

    “El niño de la portada del disco somos todos y todas, enfrentados a los márgenes de normalidad por los que hemos tenido que cambiarnos a nosotros mismos y, tal vez, falsificarnos a nosotros mismos…”

    Yo tengo depresión desde muy pequeño, desde que tengo memoria que me invade una tristeza absoluta, nunca he encajado completamente en este mundo pero eso ya no es tema para mi. Al final uno aprende a vivir con esto. Tendencia depresiva.
    Para mi el significado de este álbum tiene que ver con eso. A acostumbrarse al sufrimiento, al dolor, al caos emocional…
    Supongo que todos los que han tenido depresión entienden lo que quiero decir y lo que significa este álbum. Aquí no caben multiples interpretaciones. Jonathan Davis es certero.

    De hecho, su trabajo vocal en este álbum refleja a la perfección el significado de “The Serenity Of Suffering” o sea, no podría haberlo hecho mejor.

  2. Bell says:

    Un aplauso por esta descripcion exacta de korn!!! El 25 de abril estaran en argentina,lo cual ya tengo mi entrada. HAY KORN PARA RATO lml

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