Christofer Johnsson de Therion: “Jamás vendí mi alma para ser más exitoso”

Viernes, 20 de Noviembre de 2015 | 11:41 am | No hay comentarios
Christofer Johnsson de Therion: “Jamás vendí mi alma para ser más exitoso”

Hace rato que quedó claro que el trabajo de la escena sueca, en cuanto a metal se refiere, ha sido una de los más innovadores y fructíferos dentro del panorama mundial. Dentro de todos los exponentes, Therion destaca como uno de los primeros en fusionar lo más oscuro y extremo del género con arreglos sinfónicos, fórmula que más adelante sería todo un éxito.

De los inicios y la actualidad, hablamos con Christofer Johnsson, miembro fundador que se adentró en las causas de su vigencia y en los factores que han influido en el desarrollo del arte de la banda.

En sólo un par de años más, Therion cumplirá 30 años de carrera, ¿cómo describirías el actual momento de la banda, en términos creativos y en relación a la motivación artística?

Tocar es más divertido que nunca, esa es la parte buena. Nos sentimos muy bien, así que esperamos cumplir aparte de 30, al menos unos 20 años más. Ha sido todo un viaje musical muy largo, donde ni siquiera empezamos como una banda de death metal, lo nuestro era el heavy y el thrash metal, pero evolucionamos hacia el death e incorporamos elementos sinfónicos, música folklórica y así nos transformamos en algo diferente otra vez. Lo entretenido es que Therion fue mi primera banda, nunca tuve otra: cuando tenía 15 años, apenas llevaba tres meses tocando mi instrumento, momento en que fundé el conjunto. Todos los que empiezan bandas han tenido una o dos antes de la agrupación con la que lograron ser exitosos, así que resulta muy impresionante que aquella banda de mierda (risas) que fundé en 1987, cuando apenas podía tocar guitarra, sea aún mi banda.

La mayor parte de la crítica y los fans etiquetaron la música de los comienzos de Therion simplemente como death metal, lo cual considero mezquino, debido a la cantidad de elementos extra que se encuentran en la propuesta de esa época, entre 1985 y 1991. Sin embargo, “Theli” (1996) es diferente en comparación a sus predecesores. ¿Qué recuerdas de ese proceso creativo y qué te hizo dar ese giro?

No creo que haya sido un cambio tan radical en cuanto a la música, sólo la voz cambió bastante. Si tomas las canciones de “Lepaca Kliffoth” (1995) y les agregas voces líricas, la gente habría dicho “oh, el cambio más grande fue  ‘Lepaca Kliffoth’”; con “Symphony Masses (Ho Drakon Ho Megas)”, nuestro tercer álbum, podrías arreglar las canciones de otra manera y la gente habría dicho “oh, este es el momento en que el estilo de Therion cambió”. La gente es muy sensible respecto al “maquillaje”, a cómo vistes a la canción, cómo les haces los arreglos. En el primer disco éramos totalmente una banda de death metal, no hay dudas respecto a eso, pero incluso en ésa época teníamos riffs poco ortodoxos para el estilo, como “Megalomania”, que posee influencias del trabajo de Jimi Hendrix. Hay acordes mayores en algunas partes que de alguna manera resultaban extraños para el estilo, pero, claro, principalmente era un disco de death metal, que a la vez era muy original para la época, porque tal vez la gente podría decir que no lo es debido a que hoy ya todo es muy diverso y colorido, sin embargo, cabe mencionar que en esos días el death era un estilo muy conservador, así que para los estándares del 1991 ese primer trabajo fue muy original, de hecho. El siguiente LP, “Beyond Sanctorum” de 1992, estaba lleno de muchos elementos que eran muy lejanos al death: usamos arreglos de teclado melódicos que ninguna otra banda utilizó en esos días, tal vez hoy sí, pero no antes. Diría que un tercio de ese disco podría contener voces líricas y la gente decidiría si es un estilo u otro, pero la mayor parte de la identidad de Therion es el death metal, indudablemente. En nuestra tercera obra diría que ocurrió el cambio más grande, y se debió a que los miembros antiguos abandonaron la banda y ellos siempre me ponían límites diciendo “esto muy extraño” o “mejor repitamos esto o aquello”. Cuando se fueron –lo cual me entristeció mucho porque me gustaba la relación que teníamos y quería que se quedaran en la banda, pero por diferentes razones se marcharon- quedé solo por completo, pero me conseguí una nueva alineación. Entonces, la parte buena fue que empecé a usar todas esas ideas raras que ellos rechazaron. Así que ese fue para mí el momento del verdadero cambio.

Considerando los días cuando recién eran Blitzkrieg, ¿cómo describirías los sentimientos que tienes sobre el hecho que tu banda aún continúa y están más fuertes que nunca casi treinta años después?

Es increíble y muy extraño que hayamos llegado a alguna parte con nuestra primera banda. En esos grupos nadie sabe cómo tocar y suenas como la mierda, luego se separan y tú formas una agrupación nueva que suena un poco mejor, después pasa lo mismo, llegas a otra, hasta que en algún punto llegas a un conjunto que consigue éxito, si es que eso ocurre. Cuando formamos Blitzkrieg sonábamos más que horrible y nuestra única ambición era aprender a tocar los instrumentos, ni siquiera pensábamos en grabar un demo, sólo queríamos tener algunas canciones propias para ensayar, sólo queríamos tocar música. Así que pasamos de tener esas bajas expectativas, a tener una banda que ha vendido más de un millón de discos y ha tocado en unos cincuenta países por casi treinta años. Es algo espectacular que nunca pensé en conseguir, a pesar de que, claro, en algún lugar de mi cabeza estaba el sueño de convertirme en un músico exitoso y girar por el mundo, aunque era poco realista porque apenas podía tocar mi instrumento. Un año después de eso grabamos un demo, y cuando eso sucede, luego quieres hacer un álbum, después de eso sueñas con hacer giras y ya después tu sueño es vivir de la música. Cada vez pones la vara más alto.

En el álbum “Vovin” (1998) todo parecía calzar justo en su lugar en el momento indicado y preciso para la banda, porque se vendió bien, sobre todo en Europa. ¿Por qué crees que le fue tan  bien a ese disco?

Porque su producción fue impecable y las canciones fueron más accesibles, no comerciales, sino más ambles. Son más fáciles de asimilar. Si lo comparas con “Theli” y con las canciones más antiguas, estas eran más complejas, tenían más secciones. “Vovin”, por su parte, era más melódico y más directo, no diría comercial así como apto para radiodifusión. Aun así, canciones como las de la trilogía “Draconian”, en especial “Morning Star” y “Black Diamonds”, tenían estructuras muy complejas en sus coros que se asemejan a un réquiem o a la música clásica, pero igual son amigables; hasta tu madre podría disfrutar el disco si lo escucha. Esa época fue cuando explotó también la “tendencia sinfónica”, donde Nightwish ayudó a ese estallido y lo convirtió en algo muy grande. Mucha gente compraba el último álbum de la banda más reconocida de ese momento, entonces nosotros también les vendimos muchos discos a esas personas que quizá no eran seguidores de Therion, sólo eran el “metalero promedio” que compra lo que sea popular en el instante, y como nuestro trabajo salió justo en ese momento, obtuvo buenas ventas. Fue un período muy interesante, porque tuve que tomar la decisión de si nos convertíamos en algo parecido a  Nightwish si hacíamos otro álbum igual de accesible, si poníamos a una chica bonita como cara visible de la banda y así grabar muchos videos, lo que nos habría convertido en una banda aún más famosa. Sin embargo, quería hacer algo distinto, así que “Deggial” (2000) fue absolutamente lo opuesto: tiene canciones más largas con partes complejas, como “Via Nocturna…”, que creo es el mejor ejemplo. Tenía sólo canciones fuertes, pero no “hits” como de los que tomarías para hacer un videoclip. No eran temas que la gente silbaría en el auto camino al trabajo o a la casa. Creo que realmente tomé la decisión correcta, así que después de eso hicimos “Secret Of The Runes” (2001), que es aún más complejo con sus voces suecas y sus arreglos, donde no hubo guturales y sólo hubo voces limpias de canto lírico; disco que para el sello fue aún más difícil de vender. Insisto en que hicimos lo correcto, además de que siempre he hecho lo que he querido en la música. Los primeros cuatro trabajos de Therion se vendieron muy mal, sobre todo los tres del comienzo porque el cuarto vendió un poco más, sin embargo, jamás me rendí ni vendí mi alma para ser más exitoso comercialmente, a pesar de que no mejoraban las ventas álbum tras álbum; siempre continué haciendo la música en la que yo creía. Vender mi alma cuando llegó el éxito habría sido lo más fácil, creo que es común cruzar esa línea porque, claro, llega el dinero, la fama y el reconocimiento, pero yo sentí que tenía que probarme a mí mismo en ese punto, porque por su parte el sello presionaba para que hiciera otro “Vovin”, lo que no ocurrió porque finalmente hice lo que yo quise, aunque fuera difícil de vender. Así que me siento muy orgulloso, porque creo que esa es una de las razones principales por la que Therion ha estado vivo y activo por estos casi treinta años. Siempre que hacemos un disco nuevo y tocamos esas nuevas canciones, la gente está interesada realmente en escuchar esos nuevos temas en vivo, porque si nos comparas con bandas clásicas como Motörhead o Saxon, te darás cuenta que nadie quiere oír sus composiciones nuevas de los últimos 20 años y todos quieren escuchar su material clásico de los años ochenta. Es por eso que me siento feliz de que hemos mantenido nuestra creatividad intacta, lo que nos permite hacer discos interesantes todavía.

Considerando la situación actual de la industria musical, ¿qué tan duro ha sido para ustedes asimilar las nuevas reglas del juego?

Nos ha ido bien, de hecho, porque somos una banda antigua. Si tienes 14 discos y lanzas el número 15, en general los seguidores comprarán ese trabajo nuevo para tener la colección completa. La diferencia ocurre cuando tienes esos 15 discos, y nuevos seguidores jóvenes descubren tu banda; sabes que no hay forma de que ellos compren la discografía completa porque la escuchan en Spotify o en algún otro streaming, o derechamente la descargan. Para los antiguos, como nosotros, no es muy distinto como sí lo es para los artistas jóvenes que la tienen mucho más difícil. La verdad es que nos va bien, aunque reconozco que es más complicado que antes, pero nunca a un nivel catastrófico: la gente aún compra nuestros discos y asisten a nuestros shows, así que no es un problema en realidad.

Therion ha dado 9 conciertos en Chile, ¿cómo describirías la relación que la banda tiene con nuestro país?

Creo que es un país muy organizado dentro de América Latina. Cuando giras por Latinoamérica te enamoras de los conciertos porque son muy cálidos y emotivos, especialmente porque la gente ama cantar, y que lo hagan junto a nosotros es fantástico. En el caso de Chile, en comparación al resto del continente y al mundo en general, sabemos que habrá menos inconvenientes técnicos, es más fácil tocar ahí, por lo tanto nosotros y nuestro equipo lo aprecia mucho, nos gusta mucho tocar en su país.

¿Qué pueden esperar los seguidores chilenos de este nuevo formato acústico que presenciarán en esta nueva visita, y cuáles son tus expectativas al respecto?

Hicimos un show acústico de manera profesional en Colombia antes, en el último tour, y obtuvo una muy buena reacción de la gente y nos divertimos mucho haciéndolo, por lo tanto, espero una reacción similar esta vez en Chile. Además les recuerdo que jamás hemos hecho algo como esto hasta ahora, un tour completamente acústico, en nuestros primeros 28 años de carrera, así que esta es toda una oportunidad. Quizá no existan otros 28 años más, así que estoy seguro que la gente lo apreciará como tal.

Estoy seguro de que así será. Gracias por tu tiempo y disposición, Christofer.

De nada y gracias a ustedes también por interesarse en Therion y en el metal. Cuídense, sigan así, y también muchas gracias a nuestros seguidores chilenos por todos estos años de apoyo.

Por Hans Oyarzún

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