Carlos Cabezas de Electrodomésticos: “En esta sociedad, trabajar de forma colectiva es lo verdaderamente revolucionario”

Viernes, 19 de Agosto de 2016 | 11:18 am | No hay comentarios
Carlos Cabezas de Electrodomésticos: “En esta sociedad, trabajar de forma colectiva es lo verdaderamente revolucionario”

Viva Chile” es uno de los discos más importantes de la historia de la música chilena y este 7 de septiembre cumple exactamente 30 años desde su lanzamiento. Tres décadas que se conmemorarán a lo grande, y con un pie en el pasado, y la mirada y el otro pie en el futuro, en un show especial que Electrodomésticos dará en el Teatro Nescafé de las Artes el próximo 1 de septiembre. A propósito de ello es que hablamos con Carlos Cabezas, compositor y miembro fundador de la agrupación, sobre el extremo cuidado que tienen de evitar caer en la nostalgia y, a la vez, cómo se gesta la celebración de un disco que al día de hoy parece tener una resonancia cada vez más potente, además de explicarnos cómo se siente cantar en el Chile de 2016 un tema como “Yo La Quería”.

¿Cuál es la motivación para hacer este concierto y celebrar a lo grande “Viva Chile” 30 años después?

Nosotros ya venimos de celebrar los 30 años de Electrodomésticos, entonces teníamos un poco fuera de foco celebrar “Viva Chile” porque ya había muchas conmemoraciones en números redondos de otros discos –este año hay como cinco por lo menos–, entonces inicialmente no le habíamos puesto demasiada atención al tema, pero empezamos a darnos cuenta de que para mucha gente empezó a ser importante esto y empezó a aparecer este interés en dar cuenta de que ese disco era importante y que había que celebrar sus 30 años porque está en la memoria emocional de muchas personas, de una generación. Aparecieron entidades que dijeron “nosotros vamos a ponerle atención a esto”, como los medios de comunicación, y a raíz de ese entusiasmo que empezamos a recibir vimos la importancia en buena que tiene celebrar a este disco. Nosotros tenemos un tema con la nostalgia: nos cuidamos harto de que los 80 no nos chupe en términos nostálgicos, porque es una época muy fuerte que tiene una huella emocional en muchas generaciones, obviamente por lo que hicieron muchos músicos en la época. La música fija las emociones de experiencias de vida. Te las fija de forma muy importante, indeleble, sólida, entonces empezó ese interés y vimos que sí valía la pena hacerlo, dar cara de ello. Estamos pensando más en el próximo disco este año, pero esto apareció como un interés muy sano, entonces… No es que el interés de los 80 sea insano… (Risas).

Pero es que hay un cuidado de evitar mirar atrás, en especial en vivo, que tocan prácticamente sólo temas desde 2003 en adelante.

Por ahí apareció esa idea, nos entusiasmamos y llegamos a lo de celebrar, montar los temas de ese disco, que no es fácil desde el punto de vista técnico y que hay que resolver porque no están las grabaciones, por ejemplo, y por eso llegamos a aquello de hacer una mirada nueva sobre esas canciones. Por ello la invitación a DJ Raff, Bitman y Fantasna, que estarán con nosotros haciendo esta mirada distinta, desde el ahora, y que también nos hará salir un poco de la nostalgia dura. No tengo ningún problema con esto último, pero no quiero que la nostalgia sea un lastre que nos impida y nos sabotee lo que queremos mostrar, que es nuestro trabajo para adelante. Electrodomésticos partió en la música de una forma muy curiosa, en términos de un contexto específico, con unas herramientas tecnológicas que comenzaban a aparecer, con un interés musical que teníamos todos nosotros, y finalmente ahí se generaron proyectos de vida que siguen hasta ahora y que se afirman en estar en un estado permanente de creatividad y de riesgo artístico; de estar haciendo cosas, esforzándose y exigiéndose, eso nos interesa, eso es nuestra vida. Por eso nos gusta mirar para adelante, que es lo que primordialmente hemos hecho estos tres años desde que sacamos el último disco y con estas presentaciones en el Municipal, tanto como en mostrar un nervio artístico vigente, y eso es lo que nos interesa contagiar a la gente. Que vean que este sentido de vida no se detiene en ningún momento y que no hay excusa para no seguir haciendo cosas, que la vida sigue hasta el último día y para nosotros no es una opción, sino que es lo que hacemos, es lo que sabemos hacer, es lo que nos da vitalidad, lo que nos mantiene vivos.

Cuando mencionas que Fantasna, Bitman y Raff estarán en el show, me pongo a pensar en que “Viva Chile” es el primer trabajo masivo en estos lares que se afronta como directamente electrónico, y no con la electrónica al servicio del pop u otro sonido. Entonces, ¿cuán influyente ves que fue ese disco, en especial viendo la relación con lo político?

Si uno lo ve así, fue un disco bien importante en esos términos, juntando esas cosas que mencionas. Primero, la sonoridad de la electrónica que estaba apareciendo en esos momentos era demasiado increíble, novedosa y estimulante, muy motivadora para desarrollar ideas en una etapa de tu vida donde estás buscando eso, cuestionarte todo el rato. Por otra parte, son herramientas que posibilitan a la gente que no tiene formaciones musicales académicas tener una expresión musical, y supongo que eso abrió la aproximación a expresarse musicalmente para algunas personas. Yo sí entiendo que lo que hicimos ahí ha influenciado a otros, pero para uno es difícil hablar esta cuestión porque el autobombo no queda muy bien, y lo entiendo. Con el tiempo nos dimos cuenta que este tema medio irónico que hacíamos al paisaje sonoro, cambiarlo de contexto y buscar que se resignificaran los textos de las personas que aparecen ahí, tenía un componente político bien potente, pero en el momento no te das cuenta de esas cosas. Nunca tuvimos un plan ni nada. Eran expresiones bien espontáneas de lo que pasaba. Éramos jóvenes entrando en esta sociedad que estaba muy tóxica. Como cuando eres joven y te das cuenta de que todo lo que te han vendido los adultos es pura mentira, todo contradictorio, los valores, nada funciona, y aparecen estos personajes que hacen más evidente eso, y tú jugando con eso. Por ejemplo, en “Andy Panda Va A Alemania” no había muchas vueltas que darle de qué se trataba en un gobierno dictatorial. Entonces, eran maneras muy poco pensadas y estructuradas, pero que quizás por eso mismo, por esa ingenuidad que tenían, llegaban de otra manera. Había también una búsqueda de lenguaje que nos despegara de todo lo que había en lenguaje musical y que nosotros lo relacionábamos directamente con el desorden social que había y la sobre ideologización de todo el mundo. Por eso la política siempre la he tenido bien de lejos, porque la conocí en esos tiempos, entonces fue un rechazo a nivel epidérmico porque en ese tiempo todo era muy sucio y ese lenguaje, que nos condujo a ese estado de cosas, asociado al lenguaje musical, no era lo nuestro y lo de esa generación. No nos dábamos cuenta de que, como mecanismo de supervivencia, empezamos a generar estas impresiones artísticas que se salían de estos moldes, para diferenciarnos e imaginarnos un mundo distinto a lo que estábamos viviendo.

En ese momento la política era un asunto de vida o muerte, en cambio ahora hay una polarización más simbólica. Pero está volviendo a existir, tal vez, densificando las cosas y el “Viva Chile” se inserta así de nuevo en el ideario.

Se lee muy actual. Yo no sé si es tanto como de esa época. Es evidente que sí en el sistema en que vivimos, de mercado, basado en la competencia y en que para que a ti te vaya bien tiene que irle mal a otro. Entonces, eso exacerba el individualismo y hace que lo colectivo se nos haga muy lejano, y es lo que tiene que empezar a funcionar. Tenemos ideologías desde los dos lados que, en nombre de los mejores deseos para la comunidad, son capaces de matar al contrario, de aplastarlo. Todo este lenguaje que se usa, que tienen los medios de comunicación que espero que se den cuenta de lo que hicieron, porque enseñaron un lenguaje tan violento para todos lados: tú ya no hablas, desclasificas, rompes el silencio. Es todo así, caricaturesco, sobreexcitado, entonces no sé si ahora es tan extremo como en ese tiempo, porque ahí la gente estaba dispuesta a cometer las atrocidades más inhumanas con tal de imponer su idea de qué era lo humano. Igual que ahora, donde los más conservadores son los comunistas y es como raro. Todo está cruzado. Nadie se da cuenta de eso. Los jóvenes que cuestionan con toda razón la manera de hacer las cosas de los adultos parten con ese cuestionamiento, pero al año están hablando igual que los adultos que critican y son igual de intolerantes. Todo se confunde mucho. Falta cariño entre las personas, valorarse, que creo que en general en Chile falta. Los chilenos somos mucho mejores de lo que nos cuentan los medios. Sales de Santiago y hay generosidad. Un amigo me dijo que ser revolucionario hoy es ser generoso. Es otra cosa. Lo revolucionario es lo que se sale de la norma y de los lenguajes normales de expresión política y social. Ahora debiéramos salirnos de este esquema donde buscan quién es el más inteligente, quién trapea con el otro, y toda esta tecnología tercera-guerra-mundialista.

Ser revolucionario sería apostar por lo colectivo, entonces.

Absolutamente. Lo colectivo es lo que perdimos de vista. El hecho de que haya un espacio para que otro compadre diga lo contrario que yo y que esa divergencia de opiniones valide el acuerdo al que lleguemos, porque esperar que todo el mundo piense igual no existe. Lo que debemos tener es una colectividad donde quepan todas las opiniones y que esa divergencia de opiniones sea la que valide esa comunidad. No lo contrario. No ordenar a todo el mundo como una secta y que todos piensen igual. El humano no es así. La riqueza del humano es precisamente lo distinto que se pueda ser. Lo colectivo es lo que nos separa, pero el individualismo viene impreso en la sociedad y deberíamos ser capaces de ver dentro de todo esto. Uno de los retos actuales es distinguir lo bueno dentro de toda la mierda que circula. Los medios generan mucho de eso, y el lenguaje que usan educa a las personas de cierta manera. Cada vez cuesta más quedarse con las ideas. Si hay un proceso constituyente, la gente dice “la Bachelet es una saco de hueas” y se personaliza la cosa en ella, cuando debiera ir por otro lado: ¿Es o no es bueno un proceso constituyente? ¿Es bueno o no que digamos lo que queremos? Porque no nos vamos a quedar chillando. Esa es una zona de confort que está obsoleta. Haz algo aparte de gritar desde la galería. Salgamos del gobierno y veamos las ideas que queremos hacer funcionar, los proyectos específicos, pero la persona fuera. La colectividad es lo que nos va a funcionar.

De hecho, en la música chilena se ve mucho de eso con la colaboración.

Yo creo que sí. Debería haber una especie de sentido común. Los chilenos tenemos un problema grave en cómo nos valoramos a nosotros mismos, que es algo cultural y no sé cómo se podría cambiar. Nos cuesta mucho, a diferencia de Argentina, por ejemplo. Ahí hay un orgullo y a nosotros nos cuesta eso, nos ninguneamos fácilmente, tenemos una pésima opinión de nosotros mismos y luego llegan personas de afuera y dicen “¿Qué les pasa a estos locos?”. El nivel de autoflagelación es increíble. Me llama la atención eso. Esto de que entre nosotros haya aventuras colectivas en lo colectivo funciona bien en ese sentido. Vemos a Alejandro Aravena ganándose el Pritzker, y salen muchos arquitectos que lo tiran para abajo. Es bien increíble, se personaliza la cosa. Lo de Aravena no importa si va con su peinado en un descapotable en las calles con su hijo, sino que lo que hace el tipo con una vivienda social y cómo condujo la arquitectura, que era sofisticada y para la élite, a un tema social. ¡La raja! Aprovechemos eso y que la arquitectura chilena se haga visible con eso. Creo que en lo musical funciona muy bien para quebrar el paradigma de esa autoevaluación y nos plantemos mejor, y no que tenga que venir un diario español para decirnos que hay una escena musical. Un poquito más de dignidad.

Ese trabajo colectivo viene harto de la independencia que, como me dijiste alguna vez, viene de la supervivencia y la libertad.

Depende harto de la seguridad por lo que estás haciendo. Si dependes de los demás o si te relacionas horizontalmente con el resto, eso también funciona bien y cada vez más. Las estructuras verticales ya no funcionan y no es porque sea un sueño utópico, sino porque funciona mejor y tiene mejores réditos en todos los ámbitos, incluso el económico, que es el que se supone más interesa a la sociedad hoy.

Pasemos a las canciones nuevas: Han tocado varios temas nuevos en vivo y se advierte cierta sensibilidad electrónica que gana terreno en relación a los trabajos anteriores.

Desde “Se Caiga El Cielo” (2013) siempre hemos ido por ese lado. O sea, la electrónica es lo nuestro.

De todas formas el rock orgánico había ganado terreno, pero en “El Calor” (2015) aparecen trazos de una electrónica más directa, que tal vez aparezcan en el nuevo disco.

Sí, viene eso de todas maneras. De las cosas que persigo al componer es, por un lado, que tenga mucha energía, independiente del tempo, que tenga una especie de incandescencia. Dentro de las características de la música que hacemos, la electrónica es súper fuerte. En vivo se nos ponen un poco más rockeros los temas, pero es que no lo podemos evitar (risas). En la producción uno trata de poder ir más preciso en la distribución de las estéticas, y la electrónica siempre ha sido parte. Los sintetizadores siempre han ido con nosotros. Quizás industrializar un poquito la cosa, y en ese vértice industrial se juntan los loops y las baterías de una forma más clara y con la guitarra rockera más clara. En los últimos temas he metido la guitarra al final. Me gusta lo que está pasando en las canciones nuevas. “La Ciudad Se Fue”, “Canción Azul”, que tienen harto de banda sonora de película, y de hecho una se inspiró en una película. Lo que queremos es que se note un paso adelante desde “Se Caiga El Cielo”, manteniendo esos elementos que son el riesgo, la energía, e intentando escribir un poco menos críptico (aquí Cabezas hace este gesto: ¯\_(ツ)_/¯).

Pero es que no sale de otra forma.

Es que no sale. Lo intento, pero hago una escritura medio visceral intuitiva que para mí va arrojando la música, que arma de a poco una especie de cuento donde busco quiénes son los personajes, y en la música yo busco las melodías, y desde las melodías llegan los textos. Siempre ha sido así la manera de componer. Dejar el intelecto afuera, buscar una experiencia, porque al final esto se trata de experiencias de vida.

Hablando de meter las guitarras, pienso en la batería. Edita Rojas tiene cada vez más protagonismo, armando capas, e imagino que ahí hay un hombro importante donde reposar en vivo y en la composición, pero al mismo tiempo se fue Silvio Paredes. Entonces, quería saber cómo se involucraron ellos en el disco.

O sea, lo que hacemos normalmente es que yo compongo las canciones y las armo con los espacios para que cada uno tenga su expresión. No hago el bajo, lo hace Silvio porque es el huevón más seco para hacer una línea de bajo. Silvio ha seguido dentro de lo mismo porque se puede trabajar vía internet; de hecho, ahora mismo vamos a grabar el single con Silvio antes de que se vaya mañana de vuelta a Inglaterra. Vamos a aprovechar. Tendremos los bajos de ese tema y probablemente con las baterías para un par de temas más. Entonces, ahora se puede trabajar así, a distancia, y estamos armando un plan para que Silvio pueda hacer sus aportes desde allá, mandando los bajos y para mezclar. No se ha desordenado tanto el proceso. Yo trabajo con loops de percusión al componer, de ahí hacemos taller con la Edita y normalmente salen en la sala de ensayo y ajustamos el resultado. Lo que sí ha pasado es que Valentín (Trujillo) ha ido proponiendo más cosas, opinando más, aportando más, de manera muy positiva y muy musical. Él es seco y tiene muchos profesores detrás en el tiempo. Lo lleva en la sangre, muy potente. Ha sido un aporte muy bueno, pero ahora cada vez más. Los pasos están más claros, han aportado de manera más lúdica, con más comodidad y soltura. Tanto la Edita como Valentín se han convertido en partes muy importantes a nivel creativo, en el sentido de las sonoridades que dan vuelta en una canción. Sebastián Muñoz de Cómo Asesinar A Felipes también ha sido un gran aporte, porque es una gran persona, y desde ahí en adelante que tiene una actitud muy constructiva y estamos muy contentos con él.

¿Cómo fue elegir a Seba como bajista?

Empezamos a preguntar y de repente apareció el nombre de él, Fue increíble, porque pensé que todo sería más engorroso. Desde que se dio la situación de Silvio, pensábamos qué a hacer. Nos preguntamos si la banda debía seguir, y Silvio dijo que obvio que debíamos continuar, y apareció el Seba, que fue la primera persona que vimos, conocimos y que fue a los ensayos. Grabó al Silvio tocando y se produjo ahí un traspaso de testimonio muy divertido, y funcionó perfecto. La energía que tienen ellos tres… ¡Yo parezco vampiro al lado de ellos! (Risas).

Imagino también la impresión de ellos al trabajar al comienzo con “Carlos Cabezas”, que para muchos eres un ícono de la música chilena.

Yo lo paso muy bien con ellos. Cada vez disfruto más hacer canciones para Electrodomésticos. Mi cosa personal, hacer discos solo, se ha juntado tanto con los Electro, y la energía está tan buena… Ensayamos el nuevo single con Silvio y él estaba alucinado, y estábamos muy bien, sentía que estamos pasando cosas. Hay gente para la que la energía decae a medida de que pasa el tiempo, se van poniendo más cómodos, se da la autocomplacencia, entonces sentir esto hace muy bien porque la misma energía genera cosas buenas. Los temas salen mejor. Los temas tienen un recorrido que es muy nutritivo en términos personales. Partimos diciendo que vamos a grabar un disco piolita y empiezan a crecer los temas, y de repente ese tema piolita es un tema hecho y derecho. Ahí te das cuenta de que se necesita productor, y llegas a la catarsis. Es bueno sentir eso porque te hace levantarte cagado de la risa, y me tiene feliz ver que puedo grabar temas. A estas alturas de la vida los espacios están más claros y nos podemos dedicar más a esto, y de mejor manera. Podemos organizarnos mejor, entonces el espacio está súper positivo y conducente a un trabajo creativo potente.

Una pregunta que se me ocurre frente al tema más conocido de “Viva Chile”: “Yo La Quería”. Esa canción tiene a un narrador que explica por qué hizo lo que hizo, que describe un femicidio, tema que en 2016 es muy potente, muy visible, y que en los 80 no se consideraba porque se calificaba de inmediato como “crimen pasional”. ¿Qué te pasa a ti cuando tomas el rol de ese narrador en un tema así de potente, convirtiéndote en ese hablante? ¿Qué sientes, considerando lo complejo que es el tema hoy, y lo potente que suena hoy más que ayer?

Es bien increíble lo que dices porque se ha visibilizado mucho. En esos tiempos existían igual y con niveles de perversión intrafamiliar mucho más terribles a nivel de abuso sexual, mucho más potente. Creo que uno de los ejes de ese tema es que en cualquier persona, incluso la mejor persona del mundo, versus los otros, los delincuentes, los fallados, los enfermos, esa separación no existe. Cualquiera puede estar en un momento de descalibre máximo y puede cometer una situación de violencia extrema. Por ahí es que lo que intenta el tema es mostrar eso, y para que cualquier persona lo vea. Me sitúo en el caso de cualquier compadre que puede pasar por eso. Yo soy cualquier compadre. Desde ahí me sitúo y hablo. Eso es importante de señalar en este caso; ni por un segundo pensemos de que estamos exentos que nos pase eso. A cualquiera le puede pasar; todos tenemos todos los registros de expresiones y la capacidad de ejercer una violencia en cualquier minuto y por eso debemos estar muy atentos. Es muy heavy ese tema. Interpretarlo en vivo me deja bien azotado, como si me hubiera atropellado un camión. Es una de las cosas que le da sentido a lo que hago. Cada vez que la toco quedo en un estado que no es normal. Una exacerbación emocional que dice que esa experiencia es de verdad.

Ya hemos hablado mucho rato y ahora va a llegar Silvio a grabar, así que te quiero agradecer por el tiempo y las palabras.

Gracias a ustedes. Ojalá nos veamos en el show del 1 de septiembre.

Por Manuel Toledo-Campos

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