Santiago Gets Louder: El legítimo escepticismo por De La Tierra

Miércoles, 19 de Agosto de 2015 | 1:47 am | No hay comentarios
Santiago Gets Louder: El legítimo escepticismo por De La Tierra

De La Tierra es una banda que se proyecta como algo especial. En efecto, puede ser algo particular, porque tiene integrantes cuyos background son bastante disímiles uno de otros: en primer lugar, está Andrés Giménez, de A.N.I.M.A.L., una institución del metal latinoamericano; luego está Andreas Kisser, un referente obligado del thrash metal de estas latitudes por su trabajo con Sepultura, en el que –más allá de la cuestionada calidad de los trabajos post Max Cavalera- siempre destila calidad en las seis cuerdas; Flavio Cianciarulo, icónico bajista de Los Fabulosos Cadillacs, cuya participación, si bien es llamativa, no es un hito aislado, considerando que ha colaborado con artistas de la talla de Ricardo Iorio (Almafuerte, Hermética) y tiene una prolífica carrera de proyectos paralelos. Finalmente está quien generaba más dudas por su denominación de origen: Alex González, baterista de Maná.

DE LA TIERRA 01Independiente del mérito de cada uno de los músicos en sus principales bandas, lo cierto es que, al ver el collage que representa De La Tierra, este tendría que ser un híbrido desconocido, una mezcolanza heterogénea que salpique distintos ritmos y elementos, no obstante la obvia predominancia del rock duro en su interior. Sin embargo, tal hecho sólo queda en el papel, pues basta con escuchar de pasada el disco homónimo para uno darse cuenta de que es Andres Giménez quien comanda cada una de las operaciones. Es el guitarrista argentino (salvo algunas menudencias) el encargado de reafirmar el carácter del grupo, su tiempista y su corazón.

Lo anterior en sí no es malo. De La Tierra es una banda potente en vivo; los cuatro músicos son dinámicos, estilan fuerza (sí, también Alex González) y no se quedan atrás en ganas. El problema está en la fisonomía: esto es un proyecto más de Giménez, no es la suma de las cuatro procedencias. No se ve un aporte más que técnico de Sr. Flavio en el bajo, ni alguna reminiscencia más accesible y envasada de Maná. No. Recurrentemente, el álbum aborda las temáticas y sonidos que hemos escuchado en A.N.I.M.A.L. y en los recientemente disueltos Dmente. Esto lleva a preguntarse ¿qué es De La Tierra?

Al parecer, la respuesta a la interrogante planteada en lo precedente hay que buscarla escarbando en su único trabajo a la fecha: canciones como “Somos Uno”, “Detonar” o “Maldita Historia” son creaciones que, si bien es cierto son de buena factura, no muestran algo que no se haya escuchado previamente en el repertorio del bonaerense. “San Asesino” o “Chaman De Manaus”, cantadas en DE LA TIERRA 02español y portugués, tienen aquellos elementos más tribales gracias al aporte de Andreas Kisser, pero no alcanzan para entregarle un color único a este supergrupo. González, por su parte, cumple con su labor sobriamente, pero en definitiva, en la génesis, no se vislumbra su participación, por más que haya sido uno de los fundadores de esta banda en el año 2012.

Que la banda sea una entelequia más de Giménez produce una paradoja: por esta misma razón es quién menos brilla de los cuatro, puesto que da la impresión de que se limita a reproducir constantemente los elementos que se escuchan en sus bandas. En tal sentido, su trabajo no está exento de calidad, ni nada por el estilo (hay que auscultar “Cosmonauta Quechua” para comprobar que el fuego de los tiempos de “El Nuevo Camino del Hombre” aún quema), pero es mucho más atractivo ver a González tocando metal o a Sr. Flavio incorporando interesantes escalas a riffs desenfrenados que un bajista de metal quizás no haría (“San Asesino”), antes que la labor exenta de riesgos del frontman.

En el plano netamente profesional, los cuatro músicos son de probado fuste. El trabajo en Maná de Alex González es destacado. Por razones connaturales a la música que tocan, existe un cierto delta que es desaprovechado, y que en De La Tierra se presenta en todo su esplendor (en “Corran” muestra unos beats interesantes). Flavio Cianciarulo igualmente es un músico versátil, con colaboraciones que van desde el ska hasta el folklore gaucho. Andreas Kisser tiene pergaminos para regalar en la música extrema. Y, bueno, Andrés Giménez es un precursor del metal moderno en América Latina. Empero lo anterior, si la mecánica creadora hubiese sido más integradora, podríamos haber tenido algo DE LA TIERRA 03novedoso en el catálogo, cuestión que ocurre sólo a ratos, meros destellos de lo que podría haber sido un caleidoscopio sonoro de interés.

Pero en vivo es otra cosa: durante el año 2013 fueron los encargados de telonear a Metallica durante su gira por Sudamérica (lo que no ocurrió en Chile), siendo ovacionados en cada una de sus presentaciones. Al parecer, el público allende los Andes recepciona de mejor forma los esfuerzos de artistas latinos por querer presentar proyectos con identidad, lo que no significa que la labor en Chile sea difícil para De La Tierra. Muy por el contrario, existe una cierta curiosidad (y por qué no decirlo, morbo también) por ver cómo se desenvolverán cuatro músicos atípicos enfrente de miles de metaleros, muchos de los cuales sentirán escepticismo ante una propuesta que ya tuvo su primera prueba en mayo del año pasado, con un marco de público mucho menor –fue en La Batuta-, pero de la que salió más que airosa.

Y así, en definitiva, De La Tierra es una apuesta segura de Andrés Giménez, fusionada en el papel por elementos que serían agua y aceite como Sepultura y Maná, pero que al contrario de los oráculos promisorios o catastróficos, forman un producto accesible, sin demasiada novedad, pero sumamente profesional, digno de aplaudir, porque de todas formas hacer metal hoy en día, en el estado actual de cosas, es algo que se debe agradecer.

Por Pablo Cañón

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