Especial Maquinaria 2012: Artículos

Jorge González: Una voz constante

Martes, 23 de Octubre de 2012 | 6:01 pm | No hay comentarios
Jorge González: Una voz constante

Hablar de rock chileno es complejo. Los estilos no sólo son diferentes, sino que también responden a intereses muy distintos. Por eso es tan importante la figura del líder de un grupo que, en su retorno en 2003, fue capaz de llenar el Estadio Nacional no una, sino que dos veces. Los Prisioneros marcaron una época y Jorge González fue el portavoz de una generación completa que buscaba cambios en los tiempos de Pinochet. Pero González es más que un artista marcado por el sino de una época, también destaca por la versatilidad de las propuestas estilísticas con las que ha trabajado. No es extraño que los afectos y odios a JG sean transversales si pensamos que ha incursionado en el rock, el pop y la electrónica.

En su época juvenil, junto a Miguel Tapia y Claudio Narea hicieron lo que ya todos saben: Los Prisioneros con “La Voz De Los 80”(1984), fue un álbum capaz de emitir un mensaje que traspasó la clandestinidad para pasar a la masividad, con una actitud genuina y con el desparpajo suficiente como para no dejar dudas. Luego, con “Pateando Piedras” (1986), consolidarían esta dirección, que experimentaría con otras sonoridades más synth pop en “La Cultura De La Basura” (1987).

Narea se iría del grupo, pero González no se detendría. “Corazones” (1991) sería su disco más personal y dejaría en claro que había mucho más que un mensaje contingente en su música. También había mucha transparencia involucrada.

Claro, para muchos González es polémica, confrontación, frases para el bronce, conflictos y negatividad, pero olvidan cuánto ha hecho el originario de San Miguel por la música chilena. Y quedarse en la lógica de que el personaje se “comió” al artista, es desconocer que no sólo le dio voz a los sin voz en una época difícil, sino que lo hizo agarrando cada vez más influencias, con más matices en su propuesta y siempre considerando letras que importaran tanto como la melodía. En la percepción de la gente no ayudó mucho que su disco homónimo de 1993 fuera sobre producido por Gustavo Santaolalla y que, tras un tormentoso período, González apareciera feliz y como una estrella pop en “Mi Casa En El Árbol”. Tampoco que grabara un disco como “El Futuro Se Fue” (1994) en el que, pese a un gran valor conceptual, se alejara de esa capacidad de hacer música masiva.

Y no volvió a la canción para las masas hasta 1999 con “Mi Destino. Confesiones De Una Estrella De Rock”, donde volvió a la guitarra, pero siguió siendo ignorado por el medio chileno, el mismo que ha criticado sus aventuras electrónicas, tales como “Gonzalo Martínez Y Sus Congas Pensantes” (1997), o lo que ha hecho con Los Updates. Por eso, tras volver a intentarlo con Los Prisioneros al inicio del tercer milenio, llenar dos veces el Estadio Nacional, sacar el disco homónimo de los de San Miguel (2003), volver a separarse de Claudio Narea, sacar un mal disco para los estándares de Los Prisioneros como “Manzana” (2004), quiso estar solo otra vez.

Ahora está radicado fuera del país, y pareciera que está en un muy buen momento, viniendo a Chile a tocar algunas veces, como los artistas internacionales y en una de esas presentaciones hecha en el Teatro Caupolicán grabó un  DVD en vivo, que fue lanzado en agosto. Además, grabó en la comodidad de su casa el intimista “Libro” (2012), su primer disco en 13 años, y con ese material se presentará en el Festival Maquinaria versión 2012, dejando en claro que es mucho más que las caricaturas, sino que hay una voz constante, innovadora y que se sabe reinventar para hacerse escuchar.

Fotos por Javier Valenzuela para Rocknvivo.com

Por Manuel Toledo-Campos

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