Especial Lollapalooza Chile 2017: Catfish And The Bottlemen

Martes, 21 de Marzo de 2017 | 12:23 am | No hay comentarios
Especial Lollapalooza Chile 2017: Catfish And The Bottlemen

En medio de la necesidad de trascender, la búsqueda de rasgos únicos es sin descanso. La ambición, la inseguridad o el ego hacen que se quiera realizar algo inolvidable y sin comparación, pero cada vez es más complicado, y lo que termina predominando es la experimentación o el cruce de estilos. De ahí que propuestas como la de los galeses Catfish And The Bottlemen parezcan más rupturistas de lo que realmente son. En estos tiempos, un rock sin mayores pretensiones es, sin duda, muy pretencioso, o al menos un tanto idealista, concepto que facilita que aparezcan los paralelos con Oasis u otras bandas que tienen la arrogancia de su parte.

Si bien Van McCann, el guitarrista y cantante, no busca ser un tipo desagradable, es parco y en la superficie recuerda a referentes como los hermanos Gallagher o el John Lennon más irónico. La diferencia es que McCann no trata de parecer el tipo más inteligente ni el mejor de todos, sino que simplemente quiere pasarlo bien y sorprenderse en el proceso, disfrutando. Aunque “The Balcony” (2014) y “The Ride” (2016) no son los discos más interesantes de los últimos años, es difícil no advertir que Catfish And The Bottlemen es de las pocas agrupaciones que se la juega por las guitarras en estos tiempos y lo hacen de forma atractiva, sin necesidad de tracks adicionales que les quiten frescura en vivo.

Aunque sus trabajos discográficos no han generado mayor revuelo crítico, en parte por lo limitado de los recursos que emplean, el consenso es que lo que producen sus shows en vivo es una cuota de pasado con la vibra del presente, dándose una conexión entre el cuarteto y el público de forma orgánica, sin mayores artificios, y eso hace que, por suaves que sean algunas de sus canciones, los metan de lleno en el tímido revival del rock que emerge desde ciertos proyectos. Entonces los comparan con The 1975, pero mientras los galeses buscan bastarse a sí mismos para provocar impacto, Matt Healy y los suyos se apoyan en todo lo extra que sea posible. Ahí The 1975 se parece a todo lo que hay más allá, en cambio Catfish And The Bottlemen gana un terreno propio, con sus propias manos.

Muchas veces las canciones del cuarteto surgido en Llandudno, Gales del Norte, pecan de simplonas, con letras demasiado literales, evitando las metáforas de forma casi virulenta, pero esto se condice con la declaración más célebre de McCann: “En estos tiempos todos comenzaron a pensar demasiado fuera de lo establecido tratando de ser artísticos y diferentes. Nosotros queríamos quedarnos dentro de esos márgenes”.

Teniendo las cosas así de claras, y aprovechando sus recursos al máximo sin perderse en lugares inseguros, han conseguido hacerse de voces de aliento, fans, y en especial de un show en vivo vibrante y lleno de seguridad hacia sus propias capacidades. Si es o no el revival del rock da igual, porque hoy por hoy la trascendencia no es algo que le preocupe a esta banda, sino que puramente dejar su huella en el presente más inmediato, lo que sustenta su gracia y también su gran éxito.

Por Manuel Toledo-Campos

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