The Sea and Cake: La perfección de la sutileza

Lunes, 17 de Octubre de 2011 | 6:09 pm | Comentarios (1)

Extraño es hablar aún sobre The Sea and Cake como la banda paralela de cada uno de sus integrantes. Extraño es asimilarla como proyecto alternativo cuando llegas a entender la calidad musical, la exquisita composición, o cuando recuerdas que llevan 20 años juntos y nueve discos al hombro.

Cada uno de sus proyectos solistas o en conjunto, han tendido en cierto modo (o mejor dicho, al ojo crítico) a eclipsar la rica y variada discografía de estos músicos de Chicago. Bandas paralelas, como es el caso de John McEntire y Tortoise, en donde cumple un rol multifuncional a diferencia de lo que hace en The Sea And Cake, cumpliendo sólo en batería. O la de Archer Prewitt y su nutrida carrera como solista además de su participación con The Cocktails. O también sobre los trabajos solistas de Sam Prekop y Eric Claridge, los cuales provienen de Shrimp Boat. Finalmente decantan en un proyecto “paralelo” en donde hacen gala de una exquisita y delicada discografía, y que, a punta de post-rock, bossa y principalmente pop, son capaces de llevarnos a momentos sublimes como fue el caso de este domingo en el Centro Cultural Amanda.

Esto comienza con la bonita introducción nacional por parte de Astro, quienes tuvieron que salir un poco más tarde de lo acordado, debido a esta mala costumbre que se está dando en Chile sobre llegar tarde a las tocatas-fiestas. Sonido sicodélico y cumplidor en su rol de introducción a los de Chicago. Luego vendría la super banda independiente chilena de “Caravana”, que de a poco nos sumergieron en un ambiente que venía con sonidos más suaves y melódicos.

Luego vendría el turno de Prewitt, Prekop, McEntire y Claridge que, distribuidos en ese orden, se disponían a entregarnos unos de los mejores y más completos conciertos del año, por decir lo menos.

Todo comienza a teatro lleno con la delicada guitarra de “Weekend”, en donde los sintetizadores que acompañan el tema de estudio sobraban mientras entremezclaban la precisa voz de Sam Prekop, con los delicados acordes de Prewitt. Luego seguimos con la alegre “Windows Sills” y “The Staircase”, del aplaudido “Car Alarm” (2008), en donde ya inmersos en el trance hipnótico de esas dulces y bellas melodías, sólo bastaba con dejarse llevar.

Luego vendría el primer guiño al último disco (“The Moonlight Butterfly”, 2011) y una de las razones de su visita a Chile, tocan “Up on the North Shore”, con la cual, entre quiebres rítmicos y morisquetas que nos entregaba McEntire, simplemente no podías dejar de bailar, y sonreír.

Así pasamos a los temas del disco “Everybody” (2007): “Middlenight”, “Crossing Line” y “Exact To Me”, un poco menos dulzonas, pero precisas para subir el movimiento y el ritmo; aquí nos dan muestra de las infinitas capacidades técnicas que quizás, entre tanta melodía deliciosa e hipnótica, por ahí alguien puede olvidar. Así seguimos en la misma línea con “Scort” y “An Assassin”, el show no baja ni un segundo la atmósfera, acompañada de delicados fondos de colores con fotografías, que solo ayudaban a darle más intimidad al momento.

Con “Midtown” dan una merecida pasada a esos característicos rasgueos bossa que mezclan de manera magistral con los bajos de Claridge y los cantos -en esos momentos casi susurros- de Prekop.

Continuaban con “The Argument”, del disco “The Fawn” (1997), uno de los momentos más altos de la noche, con el ritmo de John McEntire casi marcando el pulso de los oyentes; las guitarras de Prewitt y el bajo de Claridge, rompiendo una y otra vez con los ritmos, subiendo y bajando, nos tenían a todos entregados a esa bella suerte.

Cierran con “Coconout”, pero, al recibir el ensordecedor griterío y aplauso de los espectadores, vuelven inmediatamente con “Lyric” de su último disco, para luego terminar la hermosa noche con el broche de oro de “Parasol”, segunda canción del disco “Nasaau” (1995)

La agrupación nos entregó una pasada por casi toda su nutrida discografía, llevándonos de un lado a otro desde el post rock hacia el bossa, de un lado a otro con una armonía tal, que no permitía siquiera sentir cada uno de los cambios.

Lo más bello de The Sea and Cake es definitivamente la sutileza, lo delicado, lo discreto, la perfección de lo preciso; un trabajo de cirujanos, como una ecuación química perfecta y armónica en busca del equilibrio. Temas mágicos y sin pretensiones, salvo disfrutar. Algo de lo cual, quienes participamos en esta bella noche en Amanda, pudimos disfrutar y seguir recordando como uno de las grandes tocatas del año, aquí en Santiago.

Por Pablo Ruiz
Fotos por Praxila Larenas

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  1. karlakaka says:

    Pucha que queria ir u.u… Mejor no leo ninguna reseña pq me da la pena infinita y amargura para con el mundo y lo vacio de mi bolsillo

    oh no!! Demaciado tarde T.T

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