The Black Dahlia Murder: Hermandades en el mosh

Jueves, 20 de Octubre de 2016 | 4:30 pm | No hay comentarios
The Black Dahlia Murder: Hermandades en el mosh

Las expectativas a veces nos llevan a sorprendernos mucho cuando algo las supera, y eso fue lo que pasó en la noche del 19 de octubre en el Club Blondie con la tercera vez de The Black Dahlia Murder en Chile. El quinteto estadounidense ya había estado en Chile, y eso explicaba la poca efervescencia previa que se advertía respecto al show, pero todo ello se vio minimizado cuando la banda entró en escena a las 22:27 hrs. Antes de ese jolgorio, vino la sólida presentación de Cenizas, banda nacional próxima a lanzar su disco “Echoes”, tras un extenso proceso de producción.

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A las 21:30 horas, puntuales, los chilenos le dieron a “Our Apocalypse”, para proseguir con un show contundente de principio a fin, donde se ganaron a la gente que estaba en la cancha llenando alrededor de la mitad de la explanada de la Blondie a esa hora. Cenizas tiene un sonido crudo y que a veces, en su afán de jugar con los tiempos, hace que su baterista no parezca tan dúctil, pero lejos de generar errores, esto arma capas que permiten el disfrute de lo ofrecido. Media hora que se hizo corta y que cerraron con “Burn”, en una brutal versión que sería un aperitivo tremendo para TBDM.

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La gente poco a poco llenó la cancha, y quedó no mucho espacio disponible para comenzar con “What A Horrible Night To Have A Curse”, y desde ahí que la fiesta fue completa. No hay espacio siquiera para las delicadezas porque lo de The Black Dahlia Murder fue una fiesta en todo momento. Sea material antiguo como “Statutory Ape” de “Miasma” (2005) o el track que le da nombre a “Abysmal”, el disco editado por el quinteto en 2015, la gente no decaía la energía, y allí hay algo muy interesante porque el sonido de TBDM es claramente uno ligado al metal sinfónico, incluso al black metal, con referencias en las estructuras de las canciones a lo que hacen incluso las bandas más épicas y con más rollo mitológico. Sin embargo, la explosión que logra Black Dahlia es mayor, es duradera, y se desenvuelve como cualquier concierto hardcore, con el mosh como manifestación permanente, casi como un agujero negro o un oráculo, o un portal que se debe cruzar para llegar a un estadio aún más grande.

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La hermandad se ve en los muchachos que nadan por sobre la multitud o la forma en la que se integran los cuerpos en el circle pit en la gran “Nocturnal”, o el que se arma de inmediato cuando Trevor Strnad anuncia que ahora tocarán “Vlad, Son Of The Dragon”, porque allí está la diversión, y el sólido trabajo de Alan Cassidy en la batería y lo bien que se integró este año Brandon Ellis en la guitarra principal tras la partida de Ryan Knight, hacen que el show no decaiga en esa energía y que fluya de forma notoria, mezclando las estructuras más complejas del metal sinfónico tradicional con la urgencia seudoadolescente del hardcore.

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El show condensaba energías mientras se sucedían los tracks y los vítores de la gente, como en “Contagion” o la celebradísima “Miasma”, para terminar el main set con “On Stirring Seas Of Salted Blood”, con 57 minutos de un show tan completo para los fans y con la gente llena de felicidad con todos en convergencia hacia lo mismo, como pocas veces se puede ver, además con casi ninguna pantalla móvil levantada para grabar.

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Pero cuando creíamos que la energía ya estaba en declive, en el inicio del encore Trevor dice que la gente se fije en Marshall, su sonidista, que estaba en la jaula al medio de la cancha con la mesa de sonido e iluminación. Apuntan las luces, las miradas y Trevor dice “hagamos el circle pit más grande y encerremos a Marshall. Hagamos que él tema por su vida”, y la gente de inmediato se acomodó, mientras Marshall –con risa nerviosa y las manos en la consola– se preparaba y monitoreaba el inicio de “Everything Went Black”, del “Nocturnal” (2007), disco que fue el que más sonó en la jornada y que tuvo a la gente corriendo alrededor de la mesa de sonido hasta que el cansancio hizo que la rapidez derivara en movimientos más lentos y graciosos, con personas casi cayéndose al lanzar una patada al aire y moshear con el señor invisible, logrando un tremendo momento que se fundiría poco a poco para llegar a un mosh más tradicional en “Deathmask Divine” y luego la despedida con “I Will Return”, indirecta que la gente, cuando ya eran las 23:37, aplaudía a rabiar para cerrar una de esas jornadas sencillas, bonitas, llenas de sudor y risas, donde nos damos cuenta de que a veces simplemente hay que disfrutar el momento, escuchar una batería furiosa y rápida, y hacerse parte de un mosh, a ver si se nos va la vida en eso.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. What A Horrible Night To Have A Curse
  2. Statutory Ape
  3. Abysmal
  4. Nocturnal
  5. Malenchantments Of The Necrosphere
  6. Vlad, Son Of The Dragon
  7. Receipt
  8. Warborn
  9. Threat Level No. 3
  10. Contagion
  11. Funeral Thirst
  12. Miasma
  13. On Stirring Seas Of Salted Blood
  14. Everything Went Black
  15. Deathmask Divine
  16. I Will Return

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