The Afghan Whigs: La importancia de los matices

Lunes, 26 de Mayo de 2014 | 11:29 am | Comentarios (3)
The Afghan Whigs: La importancia de los matices

Para muchos, los noventas son una época fácil de catalogar, concentrados en el huracán del grunge que se comió cualquier otra propuesta. Así, todo se clasifica como precursor del estilo (como se hizo pésimamente con la visita de Mudhoney), o como consecuencia de este (como pasó con el llamado postgrunge), dejando a la deriva todos los matices que se alejan de la acotada definición del estilo.

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Difícil escapar a las comparaciones y los prejuicios, pero el tiempo da perspectiva y lo importante prevalece, y lo nimio se queda en los libros de historia. Más o menos así es lo que pasa con The Afghan Whigs, conjunto que se presentó el pasado domingo por primera vez en Chile, en el siempre criticado Centro Cultural Amanda que, seamos justos, fue un lugar más que digno con un sonido decente y ajustado a las muchas necesidades de Greg Dulli y los suyos.

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Fuera de la simpleza de las composiciones noventeras, lo de The Afghan Whigs siempre buscó la manera de darle densidad y contenido a la parte musical de un formato de canción que aparentaba simpleza. Eso lo repitieron con “Do To The Beast, su primer disco en 16 años, cuyo material era el que le daba el vamos al debut de la banda en nuestro país con un doblete intimidante y lleno de intención. “Parked Outside” y “Matamoros” hicieron olvidar de inmediato los 35 minutos de retraso del inicio del show respecto de la hora indicada,  y mostraron desde un principio que la potencia del concierto no pasaría a llevar los matices dispuestos en escena.

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The Afghan Whigs tiene la gracia de no caer en los prejuicios y, pese a tener un sonido muy característico, no dejan de probar cosas nuevas para llevar su propuesta más allá. Esto tiene mucho que ver con el camino que tomó Greg Dulli, nunca siendo un rockero, sino que siendo más inteligente, buscando la forma de llevar las canciones pasando los límites, dejándose llevar por la fuerza de una composición de la que él luego se siente el intérprete. Por ello se le ve tan cómodo en la fluidez brutal con la que se saca la guitarra, se la vuelve a poner, toma el micrófono, increpa a la audiencia con una mezcla de rudeza y sensualidad, y luego se torna sensible detrás de los teclados. Después de todo, The Afghan Whigs ha hecho covers de Frank Ocean, Drake, Fleetwood Mac (como el de “Tusk”, que ya es un clásico en vivo), o hace guiños a Prince (como en el inicio de “Going To Town”), mostrando que la cadencia r&b no fue algo de una o dos canciones, sino que un paso natural en la evolución de la banda.

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Cada canción se siente como una avalancha. El sonido está tan bien calibrado que se escucha cada pista. La batería de Cully Symington, el bajo de John Curley, las guitarras de Jon Skibic y Dave Rosser, y el sobresaliente multinstrumentista Rick G. Nelson. Cada cosa en orden y contribuyendo su cuota para conseguir un todo abrumador, que explota en muchos momentos del espectáculo, tras pausas, susurros, un poco de freno a la neurosis del rock, como ocurre de golpe tras la coreada “Gentlemen” y la irrupción de “It Kills”. Todo va en el manejo de un Greg Dulli que mueve las caderas si quiere, o llega al chillido de los gritos que emite para llegar a nuestros oídos sin muchos intermediarios.

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A veces la entrega de las canciones es inmisericorde, pero en otras también existe espacio para las citas a otros artistas. En medio de “Turn On The Water”, Dulli recita parte de “Helter Skelter” de The Beatles, y en la transición entre “Miles Iz Ded” e “Into The Floor”, cita a Madonna diciendo “vamos, chicos, ¿creen en el amor? Porque tengo algo que cantarles y va más o menos así” (“Express Yourself”). Son todos trazos livianos y gruesos, pero que cuando van conformando la pintura total demuestran su trascendencia, en un show que, a través de 21 canciones y casi una hora y media de duración, deja en claro que The Afghan Whigs no es simplemente otra banda.

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Es que uno sabe que una banda habla en serio cuando se para con la impronta y el profesionalismo que hizo The Afghan Whigs frente a una audiencia que no llenaba ni la mitad del Centro Cultural Amanda. Lo más rescatable, en todo caso, fue la disposición casi completa de la gente a recibir estas cargas de energía y, más aún, cómo fue que los muchachos que estaban más adelante fueron capaces de recrear a ratos la pasión clerical que tanto se dice acerca de los fans de esta banda, porque seamos claros, Greg Dulli consigue convertirse en un predicador de su palabra muchas veces, como en “Algiers” o “Debonair”, apoyado en el micrófono o en la guitarra, siempre increpando, siempre provocando algo con su interpretación nada displicente.

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El show pasa por clásicos como “Going To Town” o “Somethin’ Hot”, e incluso se da maña para olvidarse de la letra de una canción, como pasó con “Son Of The South” y que hasta eso se convierta en un momento memorable, con Dulli manejando la situación, primero tratando de comenzar de nuevo, para luego darse cuenta que en el segundo intento no lo consigue y que se hace necesario una medida de shock: “Paren, Miles”. Y así parte de inmediato “Miles Iz Ded”.

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La catarsis final llega, tras el breve receso, con el bis donde The Afghan Whigs toca “Faded”, esa canción con carácter de himno que cierra “Black Love” (1996), el disco que demostró que el grupo es más importante de lo que los historiadores musicales le han dado en reconocer. Si uno lo piensa bien, el desparpajo de Dulli para perseguir las necesidades de la canción por sobre los clichés del estilo son una rareza en los noventa, y así mismo es clara la influencia sobre bandas que hoy son reconocidas en el mundo entero, como Queens Of The Stone Age, y entonces nos queda el sabor amargo. ¿Por qué había 350 personas viendo a una de las bandas más relevantes del rock del último par de décadas? La respuesta nunca la sabremos más allá de un “la gente no se interesó”. Pero lo que está claro es que, a punta de guitarras fuertes, un montón de recursos, y un oficio como pocos sobre el escenario, el de The Afghan Whigs anoche se convertirá en uno de esos conciertos de culto, casi como el carácter de la banda hasta el día de hoy. Una agrupación que reconoce en los matices su fortaleza, y a la que nosotros le reconocemos desde el mismo lugar su trascendencia.

Setlist

  1. Intro
  2. Parked Outside
  3. Matamoros
  4. Fountain And Fairfax
  5. The Lottery
  6. Debonair
  7. Turn On The Water
  8. Uptown Again
  9. Algiers
  10. Royal Cream
  11. I Am Fire / Tusk (original de Fleetwood Mac)
  12. Gentlemen
  13. It Kills
  14. Going To Town
  15. Heaven On Their Minds (original de Andrew Lloyd Webber)
  16. Somethin’ Hot
  17. My Enemy
  18. Son Of The South
  19. Miles Iz Ded
  20. Into The Floor
  21. Faded

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Praxila Larenas

Enlace corto:
(3)
  1. Diego says:

    Un ambiente decepcionante, pero un concierto imborrable: al final sólo queda la música.

  2. wynkykrosty says:

    Estuvo la raja!!!!!!!

  3. Daniel says:

    Concuerdo con Diego y el autor, los Whigs no se merecían ese marco de público, pero el concierto fue inolvidable, ojalá vuelvan pronto. Un detalle: desde donde estaba yo, el sonido no tuvo todos los matices que menciona Manuel, la guitarra de Skibic estaba demasiado alta en algunos temas donde tocaba efectos (Royal Cream) y al bueno de Rick Nelson lo tapó la distorsión en muchos temas. Insisto, un detalle en una noche magnífica.

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