Steven Wilson: La necesidad de los otros

Sábado, 9 de Mayo de 2015 | 1:00 pm | Comentarios (11)
Steven Wilson: La necesidad de los otros

Como compositor, Steven Wilson está varios peldaños más arriba que sus pares contemporáneos. En efecto, son poquísimos los que pueden vanagloriarse de tener en su haber una discografía como la del londinense, y no sólo porque los yerros en ella son casi inexistentes, sino que además porque sus creaciones albergan una complejidad compositiva y un mensaje propositivo que busca trascender. El británico, entonces, es talento y a la vez paradigma de este tiempo; él se sorprende de su arrastre en estas tierras, pero quienes vivimos en ellas sabemos que el eco que produce se debe a que, justamente, nos estamos recién acostumbrando a ser un paraje común en los recorridos de los artistas que definen sus épocas.

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Pero aparte del interés normal reseñado en lo precedente, ayer además existía una especie de avidez por presenciar cuál sería la novedad que tendría en custodia su nuevo espectáculo, en el marco de la gira promocional de su excelente trabajo, “Hand. Cannot. Erase.” (2015). Las dudas a este respecto no eran pocas, toda vez que, al ser su tercera visita en cuatro años, era posible que el factor sorpresa se resintiera. No obstante, el acto planeado por el líder de Porcupine Tree colmó las aspiraciones de sus fans, en lo que se refiere a los aspectos visuales y musicales. En los primeros –si bien no son los centrales- es sabido el cuidado y esmero que pone Wilson por tratar de recrear, hasta donde lo permitan sus posibilidades (y/o su presupuesto), visualizaciones que traduzcan al lenguaje óptico lo que va sucediendo en la música. En tal hipótesis, el concierto de ayer fue bastante preciso, pues la mayoría de los temas contaba con un apoyo en video ad hoc con los temas, lo cual permitió subsumir al espectador dentro del marco narrativo de Wilson, y de esa forma satisfacer las expectativas de las casi 2.000 personas que agotaron las entradas para el show.

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Ahora bien, en lo estrictamente musical, lo más “original” –por llamarlo de algún modo- fue la performance de los cinco músicos. Obviamente, no desde el punto de vista histriónico, sino que desde la ejecución y compenetración. En tal sentido,  existió una especie de “disenso” sonoro que aportó frescura a la interpretación, lo que a la vez mermaba la evocación más íntima del setlist escogido. Bajo este último respecto, hay que señalar que anoche debutó en el país Craig Blundell y Dave Kilminster en batería y guitarra principal, respectivamente, lo que en sí no debiese ser una adversidad, mal que mal, en ninguna de las otras dos ocasiones (2012 y 2013) los bateristas y guitarristas se repitieron el plato. A mayor abundamiento, los nombres con los que contó Wilson anoche fueron de primer nivel. Kilminster, por ejemplo, fue guitarrista de la leyenda Roger Waters, y Blundell es reconocido en Inglaterra como uno de los bateristas de sesión más multifacéticos, con diversas colaboraciones que van desde participaciones en proyectos progresivos, intervenciones en revistas especializadas e incluso profesor.

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Esa extraña particularidad sonora que presentó el show de Steven Wilson, entonces, no se debió a los nuevos integrantes –quienes, dicho sea de paso, respondieron a la confianza entregada por aquél-, sino que el signo distintivo de este concierto respecto a los otros que ha dado  Wilson en el pasado, puede ser explicado como una carencia de sentido de banda que cruzó por largos pasajes a la presentación. Cada uno de los músicos, individualmente considerados, estuvieron portentosos en sus estaciones, pero no lograron formar un “todo” el uno con el otro. En otras palabras, es dable considerar que el proyecto personal de Wilson ha alcanzado tales ribetes de autonomía en relación a su persona, que ya debe ser comprendido como una banda con todas las de la ley, al menos en lo que respecta a las presentaciones en vivo. Apoyando este punto de vista, podemos decir que Marco Minnemann y Guthrie Govan –los ausentes- le otorgan un feeling insuperable a la genialidad más cerebral de Steven, complementaria a la calidad de  Adam Holzman y a la prestancia basal de Nick Beggs en el bajo. Aquellos elementos se disfrutan de sobremanera cuando se escuchan juntos en vivo; pero a la vez, si alguno no está presente, se extraña. Y eso ocurrió anoche en canciones como “The Watchmaker” o “3 Years Older”, en donde si bien la factura no se vio mermada, si faltó profundidad en el solo en la primera, y la sutil precisión de los golpes del alemán, en la segunda.

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Pero que lo anterior no se malinterprete: de igual forma, lo exhibido anoche en el Teatro Cariola fue un espectáculo de primer nivel, desde el comienzo, con la mencionada “3 Years Older”,  y luego con “Hand. Cannot. Erase.”, las cuales aportaron el impacto necesario para entusiasmar a los presentes. En ese sentido, suma en demasía a la intensidad y expresión que busca entregar Steven Wilson en esas composiciones, el hecho de haber sido concebidas y grabadas con la finalidad de ser tocadas en vivo. Verbigracia, “Ancestral” –por lejos la mejor de la noche- fue el arquetipo de la propuesta del inglés en pos de tocar con un sentido de pertenencia del escenario. Misma cualidad se pudo apreciar en “Routine”,  una de las canciones más celebradas, aun cuando la voz en playback de Ninet Tayeb –que no viajó “para que la gira fuera más barata”, según un bromista Wilson- no alcanzó a entregar el calado que requería el tema en directo.

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En cuanto al sonido, en líneas generales, el volumen estaba exagerado para lo que demandan las canciones del inglés, que dependen de la cromática de altos y bajos. No obstante lo anterior, sorprendentemente en algunas, tal aspecto ayudó a imprimirles mayores revoluciones. Fue el caso de “Sleep Together” –una de las sorpresas de la noche, proveniente del catálogo de Porcupine Tree-, la que, por magnitud de amplificación, poseyó un cariz bastante rockero, disintiendo de buena forma del tema más bien electrónico que se escucha en “Fear Of A Blank Planet” (2007). Análogo fue el caso de “Harmony Korine”, presentada por Wilson como un intento de recrear la música de los ochenta, que tanto le gusta. Así las cosas, el torrente ruidoso ayudó en estas ocasiones a encender al público, a robustecer las guitarras cuando fue necesario y a darle mayor protagonismo al estilo directo de Blundell. No obstante, en “A Perfect Life”  y en “Home Invasion” el excesivo volumen produjo una pérdida de nitidez y un acoplamiento del sonido. Esto jugó en contra particularmente de esta última y en la parte final de “The Watchmaker”. Tal rasgo técnico, por lo demás, no ayudaba a que Blundell y Kilminster se hallaran cómodos en el escenario. Por el contrario, les hizo labor más difícil, pues equilibrar el ímpetu en la ejecución de los temas de Wilson requiere de los músicos un grado superlativo de precisión. En cualquier caso, en los momentos de mayor premura, salieron siempre jugando bien.

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Por su parte, “Happy Returns”, “Lazarus” (Porcupine Tree) y “The Raven That Refused To Sing” aportaron la emotividad que siempre debe estar presente en los conciertos de Steven Wilson. A raíz de que estos temas son más sencillos, la banda sonó compacta y hasta tuvieron cierto efecto liberatorio en los intérpretes, circunstancia que el público agradeció con sendas ovaciones al finalizar cada uno de ellos.

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Y así, luego de dos horas y casi diez minutos, terminó el primero de los tres shows de Steven Wilson versión 2015 en Chile, quedando la sensación de que el polifacético artista depende cada vez más de quienes tiene a su lado para formular su concepción de la vida, a través de sus grandiosas creaciones. Siempre es un agrado presenciar su espectáculo en vivo y en directo, y anoche no fue la excepción, pero claramente faltaba una pequeña alma en los corazones de los temas interpretados, cuestión que impidió calificar esta presentación como “esencial”.  En todo caso, el espíritu de Steven es el mismo de siempre y eso es más que suficiente para quienes gustamos del rock más genuino y talentoso que se ha creado en lo que va de esta década.

Setlist

  1. First Regret
  2. 3 Years Older
  3. Hand Cannot Erase
  4. Perfect Life
  5. Routine
  6. Index
  7. Home Invasion
  8. Regret N# 9
  9. Lazarus (original de Porcupine Tree)
  10. Harmony Korine
  11. Ancestral
  12. Happy Returns
  13. Ascendant Here On
  14. The Watchmaker
  15. Sleep Together (original de Porcupine Tree)
  16. The Raven That Refused To Sing

Por Pablo Cañón

Fotos por Luis Marchant

Enlace corto:
(11)
  1. javier romero says:

    Excelente review. Felicitaciones humo negro

  2. Gabriel says:

    Por mas que lo pienso, siento que el sonido estuvo estupendo. En eso discrepo

  3. Jaime says:

    en “The Raven That Refuses To Sing”, es “Refused”, ojo ahi.

  4. Gaston Caro says:

    Sólo puedo decir que fue genial y Wilson nos hace creer mucho en esta música llamada Rock.
    Porque nuestros viejos héroes se nos están muriendo y el ha revitalizado la escena actual.

  5. Pablo says:

    Empece con Porcupine el 2004 cuando iba en la universidad, fue una de las bandas con las que pele cable esa época, se la recomendaba a medio mundo jajaja y luego el solista y sus otros proyectos… me pone feliz que ahora tanta gente le este poniendo oreja, me hubiese encantado ir pero por trabajo no pude, aguante a todos los que estuvieron y a los que asistirán a las otras fechas, saludos!!

  6. Sergio Contreras says:

    Si, muy bueno., acertado todo tu comentario compadre…Esta reseña me interpreto completamente. el mejor tema eso si fue regret numero 9, adam esta al nivel de los mejores tecladistas….grande Wilson!!

  7. lucas lecaros says:

    Te pasaste!!! Qué relato…felicitaciones hermano.

  8. anibal toro says:

    Primera vez que escucho a Porcupine Tree, es muy bueno , pero, con todo respeto, creo está lejos de una “complejidad compositiva” o de ser “paradigma de este tiempo” es muy bueno, pero muy semejante a lo de Anathema. No se cual es el criterio para analizar compositivamente o armónicamente un estilo o composición, pero su música no rompe con nada, ni es nada nuevo… insisto es muy bueno, de hecho acabo de hacerme fan, pero no es algo que no haya escuchado antes.

    Saludos…

    • jebus says:

      Anathema y Porcupine son bandas formadas en epocas similares, PT como Wilson solista es aun algo mas vieja.. si en general en los trabajos del 2000 en adelante son algo similares, pero antes anathema era doom y alternativo PT era bastante mas space rock y sicodelico..Por otra parte Todo esta inventado, lo hicieron en los 70s..

    • Andres Labra G says:

      Concuerdo contigo. De verdad hasta Steven Wilson lo dice, no hago mucho mas que replicar lo que escucho, veo, siento y trato de hacer algo que me guste. Al final vanagloria su forma de componer(la cual es común) no lo hace ser un vanguardista. El tipo es perfectionista y trata de utilizar todo los recursos artístico. Y lo hace muy bien a mi gusto.

  9. CRISTIAN ENCINA DIAZ says:

    Fue una noche que nunca olvidare… “ancestral” lo mejor de la noche

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