Steven Wilson: Hasta lo más alto

Viernes, 17 de Mayo de 2013 | 1:19 pm | No hay comentarios
Steven Wilson: Hasta lo más alto

Hace tan sólo unos días, mi colega, Manuel Toledo-Campos, se enfrentaba a la virtuosa simpleza de Rufus Wainwright, concierto en donde no hizo falta más que un hombre con su instrumento para cautivar a toda una audiencia. Anoche nos paramos ante el extremo opuesto, cuando el inglés, Steven Wilson, realizara su segundo concierto en nuestro país, a poco más de un año desde su última visita al Caupolicán. En aquella oportunidad, el músico dejó boquiabierto a un teatro repleto de enfervorizados fanáticos, los mismos que volvieron a llenar el recinto, en una suerte de déjà vu o secuela de lo vivido en 2012, para adentrarse una vez más en los mágicos parajes de la música del británico.

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La atmósfera era tan familiar y reconocible, que daba la sensación de que esta vez todos estaban al tanto de a lo que iban. Público y banda ya eran caras conocidas, por lo que el recital fluyó de mucho mejor manera que el año anterior, y después de dos horas y un poco más de espectáculo, la satisfacción también fue la misma, confirmando que Steven Wilson es uno de esos artistas ubicados en un estado superior al resto de los músicos; sin querer denostar a nadie, lo del inglés es una experiencia musical única y que vale la pena vivenciar, por lo menos una vez, si uno ha de considerarse un amante de la música.

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La inmensa luna que ilustra la carátula de “The Raven That Refused To Sing (And Other Stories)” (2013), tomaba forma minutos antes de la aparición de los músicos, en formato de video experimental, recibiendo a los presentes que tomaron asiento en la cancha y galerías del recinto de San Diego. Las ansias traicionaron a más de alguno cuando faltaban pocos minutos para las nueve de la noche, y un hombre muy parecido a Wilson ingresaba para afinar la guitarra, despertando aplausos espontáneos que se acallaron de inmediato al corroborar que el tipo no era más que un miembro del staff, prueba mayúscula de las ansias de los chilenos por reencontrarse con el gran genio detrás de Porcupine Tree.

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Nueve en punto, luces abajo y la excelente banda que acompaña al europeo hacía su ingreso al escenario. La alineación era la misma que pudimos ver en su última presentación, a excepción de la guitarra y batería, puestos que fueron ocupados por Guthrie Govan, quien se unió al grupo para el nuevo LP, y Chad Wackerman reemplazando a Marco Minnemann, que tuvo que ausentarse de la gira para acompañar la de Joe Satriani. Sobra decir que la calidad de ambos músicos es superlativa y su presencia en el escenario complementa con virtuosismo las composiciones de Wilson. Con la progresiva “Luminol” como gran carta de presentación, la estrella de la noche se paseaba descalzo por el escenario, invitando a cada uno de los presentes a transmitirle sus energías en medio de un track técnico y lleno de quiebres, que hizo las delicias de los aficionados al virtuosismo y complejidad musical.

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Pasada la euforia del rencuentro, el músico tomaba el micrófono para dirigirse al público y comunicarles, en español, el gran cariño y aprecio que guarda hacia la fanaticada chilena, además de presentar su último álbum, el cual sería interpretado íntegramente en la velada que se extendería por más de dos horas. Siguiendo el orden del disco, “Drive Home” era la primera canción en recibir el apoyo visual de las proyecciones al fondo del escenario que, a diferencia del montaje que pudimos ver hace un año, pasaba a un segundo plano, cortesía del poderoso juego de luces y a la majestuosidad de la banda, sin estar exenta de detalles, como ocurrió con “The Pin Drop”, cuya sección más pesada sonó estridente y saturada, tanto así que el mismo Wilson hizo el comentario de estar viviendo el “infierno”, ya que no era muy amigo de los amplificadores Marshall. “Postcard” ponía énfasis en la parte visual del show, funcionando como banda sonora para el crudo videoclip que se proyectaba al fondo del escenario, dando paso a “The Holy Drinker”, momento en que Wilson intercambia la guitarra con el bajo, apoyando al versátil Nick Beggs.

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“Deform To Form A Star” entregaba más espacio al inglés para brillar entre tanto virtuosismo con su guitarra eléctrica. Si bien, él es el personaje principal de este viaje, es imposible no ver a su banda como ingredientes incondicionales en su sonido, capaces de interpretar hasta la más intrincada nota con tal prolijidad y sentimiento, que hace imposible pensar a Steven Wilson sin este grupo de músicos a sus espaldas. Así lo señaló en 2012 y se ratificó en esta ocasión con la alineación que dio vida a “The Raven That Refused To Sing (And Other Stories)”.

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El concierto seguía adelante y ahora el aparataje visual era el que tomaba por sorpresa al Caupolicán, cuando un telón transparente cubrió al grupo desde las alturas, introduciéndonos al momento más siniestro de la noche, resultando ser “The Watchmaker” e “Index”, los episodios más inmersivos de la jornada. Es extraño que de todas las composiciones, el músico haya elegido estas dos para complementarlas con imágenes, ya que estas relatan historias de seres trastornados, recreando verdaderas pesadillas, que se hacían aún más perturbadoras gracias al efecto de tres dimensiones que lograba el montaje entre el telón y la pantalla de fondo. Espeluznante y asombroso.

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“Insurgentes” instalaba la calma por unos instantes, antes de pasar a la catarsis que significó “Harmony Korine”, con todo el público de pie apreciando el verdadero virtuosismo de Wilson, ese que va más allá de crear composiciones apoteósicamente complejas, y que se basa en la capacidad de poder traducir esta complejidad en emociones que tocan las fibras más sensibles. En ese sentido, “Harmony Korine” suena a conmovedor triunfo. Bajo esta tónica, llegaron las dos composiciones más “cerebrales” de la noche. “No Part Of Me” y los 23 minutos de “Raider II”, terminaron por llevar al éxtasis al Caupolicán. Como un punto aparte, llegaba “The Raven That Refused To Sing”, la más emocional del conjunto. Imposible no sentir la tristeza que emana, dejando al teatro en un solemne silencio entre contemplación y nostalgia. Para el final, el inglés dio en el gusto a los viudos de Porcupine Tree, interpretando la floydiana “Radioactive Toy”, reviviendo las ansias por conocer algún día en carne propia un concierto del grupo que hizo de Wilson, uno de los músicos más prolíficos de nuestra época. Así terminaba esta segunda visita del británico a nuestro país. Emocionante, cerebral y catártico. Steven Wilson hace música de elite, en el buen sentido de la palabra, invitando a todos aquellos que sean lo suficientemente intrépidos a llegar hasta la cima más alta de la música.

Setlist

  1. Luminol
  2. Drive Home
  3. The Pin Drop
  4. Postcard
  5. The Holy Drinker
  6. Deform To Form A Star
  7. The Watchmaker
  8. Index
  9. Insurgentes
  10. Harmony Korine
  11. No Part Of Me
  12. Raider II
  13. The Raven That Refused To Sing
  14. Radioactive Toy (cover de Porcupine Tree)

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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