Opeth: Inalcanzables

Jueves, 6 de Abril de 2017 | 1:50 pm | No hay comentarios
Opeth: Inalcanzables

Recién hace ocho años tuvimos la oportunidad de admirar en este territorio un concierto de Opeth, situación que, sin embargo, ha sido más que compensada mediante las tres presentaciones que hasta ayer existían en el historial de Mikael Åkerfeldt y sus compañeros en Chile. Acá, el carácter temerario del grupo encontró un aliado que siempre responde con entusiasmo y devoción, más allá del debate acerca de la dirección en la que se desarrollan las composiciones en la actualidad y su comparación con el método usado en los comienzos; el púbico de este lado del planeta tiene un vínculo robusto con Opeth y, al igual que el arte en cuestión, evoluciona con el tiempo.

Se entiende de inmediato entonces el hecho de que la cuarta visita del conjunto haya mutado hacia una jornada doble, provocada por la alta demanda de entradas, que incluía una antesala llena de expectación y ansiedad frente a la ejecución del material de su disco más reciente, “Sorceress” del año pasado, mientras que por otra parte punzaba aquella incertidumbre de si aparecería alguna sorpresa, como una pieza que no suelan tocar o algo del inicio de su carrera.

La verdad se reveló de manera puntual según lo anunciado: la pista homónima de su último registro abrió la velada y el teatro de calle Manuel Montt, ocupado en su totalidad, estalló en júbilo. Como era de esperarse, cada instrumento -salvo pormenores de más adelante- se oía con claridad y fuerza, sumando así los elementos necesarios para apreciar en detalle las sutilezas que abundan en general en la propuesta de Opeth, pero, sobre todo, así queda claro que el espíritu del metal más pesado y extremo aún vive en ellos, aunque ahora se manifiesta de otra forma. Para continuar con la grandilocuencia, una de las más indicadas como “The Grand Conjuration”, es buen ejemplo de un punto donde se conjuga gran parte de las tendencias que componen el sonido de los suecos, aunque el paradigma perfecto de la fusión de estilos que realiza la banda fue con “Demon Of The Fall”, la más antigua de la noche al pertenecer a “My Arms, Your Hearse” (1998), tercer eslabón de la discografía y una de las más ovacionadas, debido a que nunca formó parte de los repertorios mostrados anteriormente.

La razón que motiva esta gira es la promoción de “Sorceress”, pero Opeth cerró ese aspecto temprano al interpretar “The Wilde Fowers”, que a su vez fue la encargada de mantener el ambiente encendido y lo logró, evidenciando el beneplácito con el que cuentan las canciones nuevas. Aquellos reticentes y escépticos del buen momento creativo por el que pasan los músicos, se quedarían sir argumentos al presenciar cómo todas las épocas de Opeth conviven sin problemas y fluyen con facilidad en sus actuaciones. La melancolía de antaño de “Face Of Melinda” o “Windowpane” sirve de sendero para adentrarse en los parajes intrincados y revitalizados por la inmersión en el rock progresivo clásico que han experimentado los europeos desde “Heritage” del año 2011, desde donde tomaron una muestra característica de la intención de ese trabajo, como lo es “The Devil’s Orchard”.

Durante las cerca de dos horas que estuvo Opeth en el escenario, hubo una interacción potente y bastante divertida entre los asistentes y un carismático Mikael Åkerfeldt, o “Miguelito” para sus simpatizantes latinoamericanos, con quienes no pierde oportunidad de jugar y bromear al respecto. Ya en tierra derecha de la primera de las dos funciones programadas para el retorno de uno de los actos metaleros más innovadores de la historia, llegó la ocasión de oír algo de “Pale Communion” (2014) y “Cusp Of Eternity” fue la elegida por toda su intensidad y dinamismo, que además la sitúan como una de las cúspides de aquella obra.

La retirada en falso que suelen realizar los artistas para provocar la catarsis en la concurrencia, en este caso fue precedida de un par de temas excepcionales: otro debut en estos suelos como “Hex Omega” de “Watershed” (2008), para luego rematar con tal vez una de las más representativas y reconocidas del “sonido Opeth”, como lo es “The Drapery Falls”, componente irremplazable en el catálogo y que exige lo mejor de cada integrante para su óptima ejecución. Consciente de lo especial de esta fecha adicional, Miguelito y sus colegas prepararon un pequeño medley que incluyó a “Harvest” (requerida a gritos constantemente por muchos de los presentes), “Master’s Apprentices” y “The Moor”, dejando todo configurado para rematar -al igual que en todas las incursiones pasadas en nuestro país- con toda la brutalidad, pericia y elegancia de “Deliverance”, algo que es posible interpretar casi como una declaración de principios que grita, sin importarle los cambios y la evolución, que esta siempre será su esencia.

Aprehensiones aparte, anoche quedó clara la vigencia de Opeth y su trascendencia en el contexto del rock y el metal, reputación construida con perseverancia y originalidad que, independiente de la visión que utilicen para mirar y crear su música, goza de la confianza tanto de la crítica como del público, quienes saben con certeza que nunca recibirán algo insípido y que Åkerfeldt junto a sus camaradas son sinónimos cruzar fronteras, esas de vanguardia y excelencia.

Por Hans Oyarzún

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Sorceress
  2. The Grand Conjuration
  3. Demon Of The Fall
  4. The Wilde Fowers
  5. Face Of Melinda
  6. Windowpane
  7. The Devil’s Orchard
  8. Cusp Of Eternity
  9. Hex Omega
  10. The Drapery Falls
  11. Encore: Harvest / Master’s Apprentices / The Moor
  12. Deliverance

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