Opeth: Éxtasis Sonoro

Jueves, 29 de Marzo de 2012 | 9:10 pm | Comentarios (1)

Con una presentación digna de haber sido registrada en un DVD, Opeth deleitó a los miles de fanáticos que llenaron el Caupolicán, en una jornada para el recuerdo. Dueños de una discografía intachable, los suecos regresaban al país para presentar su más reciente producción, “Heritage” (2011), un cambio de registro contundente, que dejó a un lado las voces guturales y riffs metaleros, para sumergirse en los sonidos del rock progresivo de los años setenta. Decisión que sorprendió a propios y extraños, y que ha causado más de una polémica entre los fans que defienden este cambio, y los que están en contra. Más allá de las opiniones que cada uno pueda tener sobre el disco, la calidad de “Heritage” es innegable, y demuestra la necesidad de Mikael Åkerfeldt, por mantenerse en una constante evolución musical. Para nosotros, era la oportunidad de constatar la solidez de esta nueva faceta de Opeth, y de reencontrarnos con una de las bandas más prolíficas del rock y del metal mundial.

Los encargados de abrir la velada, fueron los nacionales de Mar De Grises, quienes ejecutaron un show breve, pero que mantuvo atentos a los presentes, con un sonido potente y una performance que demostraba virtuosismo y seguridad en el escenario. Los chilenos fueron despedidos entre aplausos, cuando ya faltaba media hora para el plato fuerte y el teatro de San Diego recibía a los últimos fanáticos, quienes a coro, clamaban el nombre de la banda.

Unos minutos pasadas las nueve de la noche, Opeth salía al escenario. Los aplausos y gritos, en su mayoría provenientes del público femenino, recibieron a Åkerfeldt y compañía, quienes comenzaron con todo con “The Devil’s Orchard”, el segundo track de “Heritage”, causó el delirio inmediato del público, que comenzó a corear cada una de las letras y melodías. La voz de Åkerfeldt se escuchaba fuerte y clara, al igual que el resto de la banda, y que sumado al fervor del público, marcaron un inicio emocionante. “I Feel The Dark”, también de su último álbum, mantenía una atmósfera misteriosa e hipnotizante. El frontman se toma unos minutos para agradecer al público y bromear mencionando los típicos clichés del rockstar o molestar a Martín Méndez, el tímido bajista, quien más adelante tomó el micrófono para dedicar un no muy amable saludo al público, llevándose un par de pifias por ello. Una actitud que se sale de la regla cuando hablamos de músicos de este estilo y que se transformó en la tónica entre canción y canción.

El primer clásico de la noche llegó con la belleza de “Face Of Melinda”, un momento conmovedor, cuya melodía final de guitarra, fue casi opacada por la voz de la gente. El rock más frenético se dejó caer con “Slither”, tema que fue dedicado a la memoria de Ronnie James Dio, donde se formó el primer mosh pit de la noche. Uno de los momentos más celebrados del show fue la interpretación de “Windowpane” uno de los favoritos de “Damnation” (2003), dejó a todos casi enmudecidos en un éxtasis generalizado.

Para continuar revisando “Damnation”, llegaba “To Rid The Disease”, conservando la atmósfera, que hasta ese minuto, era de contemplación absoluta. Luego de comentar las bondades del pisco sour, el teclado de Joakim Svalberg daba la introducción para “Burden”, donde la voz de Åkerfeldt, junto a la de los presentes, generó otro momento de gran emotividad. “The Lines In My Hand” fue presentada como una canción que, a pesar de sonar simple, contenía una gran complejidad, que jamás habían podido manejar en vivo. Åkerfeldt declara que en Chile las cosas serían distintas, y parece que estaba en lo cierto,  porque sonó simplemente perfecta, en uno de los tantos momentos en que se pudo apreciar la prolijidad de la banda en vivo. La sincronía entre los músicos, el manejo de los tiempos, todo es perfecto, pero a la vez cercano y simple. Escuchar a Opeth en vivo, es escuchar a la virtud en función de la música, y no a la inversa, como ocurre con muchos otros grupos de este estilo. Esa facultad enriquece a las composiciones, cuyos complejos arreglos y estructuras, se llenan de emociones. Muestra de ello, fue la interpretación de “Folklore”, una vez más, bella y poderosa.

El último tramo del concierto, estuvo reservado para tres de las composiciones más extensas y épicas de la banda. “The Grand Conjuration”, trajo de vuelta la agresividad, donde por fin pudimos escuchar los guturales de Åkerfeldt. Le siguió “The Drapery Falls”, monumental y ovacionada por todo el público, mientras la banda daba las gracias y se retiraba del escenario.

Minutos después, los suecos vuelven para recibir el cariño de los presentes. Fredrik Åkesson toma la batuta y se despacha un solo de guitarra, antes de tocar el último tema de la noche. “Deliverance”, del disco homónimo del año 2002, fue la encargada de poner el punto final. En sus trece minutos de duración, condensó todas las sensaciones que se sucedieron durante una noche impecable.

Reverencia final por parte de la banda y la sensación unánime de haber asistido a un show que quedará para el recuerdo. Con permiso del señor Roger Waters, el regreso de Opeth a Chile, se consolida como uno de los espectáculos más importantes del año.

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Sebastián Rojas

 Setlist:

  1. The Devil’s Orchard
  2. I Feel the Dark
  3. Face of Melinda
  4. Slither
  5. Windowpane
  6. To Rid the Disease
  7. Burden
  8. The Lines in My Hand
  9. Folklore
  10. The Grand Conjuration
  11. The Drapery Falls
  12. Deliverance
Enlace corto:
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  1. antonio says:

    increible el concierto, pense que iba a ser mas piola porque venian a presentar el ultimo disco. pero me lleve una gran sorpresa, son musicos secos y la simpatia de mikael siempre es bienvenida. falto que se grabara para un dvd o algo. pero pa eso esta youtube jajaja!!!!!. Grande Opeth CTM!!!!!!;-)

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