Mötley Crüe: El renacimiento del Glamour en el metal

Miércoles, 18 de Mayo de 2011 | 9:09 pm | Comentarios (2)

Cuando hablamos de hard rock, siempre se nos viene a la cabeza chillidos histéricos, baterías que corren a velocidades impresionantes y guitarras que simulan los chillidos de un animal degollado.  En ese marco de terror muy pocos se atrevieron a entrar, más aún cuando sus propios protagonistas se encargaban de recrear escenas tan impresionantes como matar un animal en vivo y beber de su sangre sobre el escenario. Análogamente el Glam Rock fue una corriente que se alejó de esa visión dura y explotó un estilo que otorgó tanta importancia a la música como a la estética, donde la ambigüedad sexual era tan primordial como la actitud descarada y provocativa.

De estas dos corrientes imperantes del viejo mundo nace, a fines de los 70, la respuesta americana con su propia visión del rock, el Glam Metal. Caracterizado por el joven rockstar, sexualmente atractivo, provocador y por sobre todo irreverente. Chicos con cabelleras largas y escarmenadas, pantalones de cuero ajustados y torsos desnudos que eran verdaderas pinturas humanas que exhibían tatuajes impresionantes. En este marco surgieron bandas tan glamorosas como Cinderella, Warrant, Poison, Skid Row  y por supuesto Mötley Crüe, banda que fue considerada la propulsora del movimiento y recordada por sus excesos, problemas con drogas, alcohol y la muy expuesta vida de farándula rodeada de chicas rubias, guapas y exuberantes.

De esa época dorada del metal pocos sobrevivieron al acelerado estilo de vida y al estallido Grunge de los 90. Sin embargo, después de 28 años, podemos hablar de un resurgimiento de esos años provocadores que vuelve con uno de sus máximos exponentes, Mötley Crüe. Banda que se presentó por primera vez en Chile frente a un público heterogéneo que colmó hasta las graderías más alta del movistar Arena.

La noche del sábado abrió con unos sólidos Fahrenheit y los carismáticos Buckcherry, banda californiana que revivió eléctricamente los años glamorosos del metal y que actualmente impulsan la nueva oleada de esta corriente. Aunque no es una banda tan conocida en este extremo sur, poseen un sequito de seguidores que corearon con vehemencia cada canción, moviéndose al ritmo de los agudos de su vocalista Josh Todd y los riffs apasionados de su carismático guitarrista que, visiblemente emocionado por ver un estadio hacinado de gente, lanzaba cada tanto uñetas al público y tomaba fotos como cual adolescente con su primera cámara digital.

Luego de esta encendida puesta en escena, cerca de las 21:30 se escucha ¡Crüe!, ¡Crüe!, ¡Crüe! , un gran eco que retumbó en el recinto. En eso cae el telón negro y, entre unas incandescentes columnas de focos blancos y dos gigantescos bombos de la enorme batería Tommy Lee, entra corriendo con su cabellera rubia al escenario el vocalista Vince Neil, seguido del impetuoso bajo de Nikki Sixx y el enigmático Mick Mars, para dar comienzo al show con la potente “Wild Side” de 1997. Canción que inmediatamente inyectó adrenalina a los fans más antiguos de esta banda.  Luego continuarían con “Saints of Los Angeles”,  primer sencillo que da el nombre a  su último disco, álbum que atrajo a seguidores más jóvenes. De esta forma se podía  a ver a un público bastante heterogéneo que trascendía edades y géneros.

Luego de “Shout at the Devil”, “Same ol Situation” y “Primal Scream”, Tommy se acerca al borde del escenario y levantando una botella verde de Jägermeister brinda por la fiesta que se está dando entre el público y ellos. Luego ofrece un trago a todos los fans y regala este elixir germano a los afortunados de primera fila.  Sin duda, un gesto propio de Lee que siempre se caracterizó por su sobre expuesta vida de rock star.  Pero, que más allá de esta visión de eterno joven vividor, demuestra que es un artista impecable y de calidad musical al sentarse frente a un piano y comenzar con las primeras notas de “Home Sweet Home”.

Luego vendría el turno de Mick para mostrar su virtuosismo a través de “Guitar Solo” que por instantes se transformaba en verdaderos gritos desgarradores de su amada guitarra. Aullidos amplificados que eran un fiel reflejo de los sentimientos agónicos de su creador. De esta enigmática figura que permanece inmutable todo el tiempo en escena y que a pesar de su enfermedad (Morbus Bechterew) que lo deja siempre en ese estado inerte, logra de forma milagrosa tocar con gran destreza estos acordes que serán la introducción de uno de sus mayores éxitos, “Dr. Feelgood”.

La fiesta seguía con “ Too Fast for Love”, “ Smokin´ In The Boys Room” para llegar a uno de sus puntos más altos con “ Girls, Girls, Girls”, que muy bien podría haber sido ambientado por unas chicas bailarinas alrededor de un caño. Sin embargo, dejando de lado ese estigma de mujeriegos, decidieron hacer bailar sus atriles robóticos, micrófonos brillantes y acompañados de las miles de manos que se alzaban en cada coro.

A pesar de algunos detalles como, el exagerado contingente de seguridad que todo el tiempo estaba controlando a los fans para evitar cigarrillos encendidos, fotógrafos cerca del escenario y  chicas encima de los hombros de sus acompañantes, esta fiesta se vivió con todo el glamour de aquellos años. Con chicos agitando sus largas cabelleras, mujeres gritando descontroladamente, hombres con pañuelos en la cabeza y haciendo el clásico saludo rockero en fin… todos aquellos clichés del rock que nacen a partir de la excitación que provocan músicos que se entregan por completo a su público. Como lo hicieron la noche del sábado Mötley Crüe, banda que mostró a punta de energía y calidad sonora que el Glam Metal da para mucho más tiempo que sólo una década.

Fotos: Ignacio Orrego – Fotorock

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  1. Lyndee says:

    Short, sweet, to the point, FREE-exactly as infomartoin should be!

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