METZ: Bestiarios paralelos

Domingo, 26 de Marzo de 2017 | 2:15 pm | No hay comentarios
METZ: Bestiarios paralelos

Aunque cada concierto es un mundo diferente, existen ciertos elementos que se repiten y una estructura compartida en la sinergia entre una banda, los fans, las expectativas previas, y el ambiente que se genera con la música en el centro, pero cada cierto tiempo hay casos que escapan a la regla y ganan espacio en la memoria con un mérito diferente, y con otros elementos que distraen, pero, en el mejor de los escenarios, terminan generando fechas inolvidables. Este es el caso del regreso de METZ a Chile, que tenía muchos riesgos de caer en la intrascendencia por el marco en el que se hizo, pero que terminó en una verdadera fiesta en un espacio único y, probablemente, irrepetible.

Desde el mediodía del sábado 25 de marzo, el Skatepark del Parque de los Reyes cobijó un torneo de skate como parte de House Of Vans, instancia que en diferentes partes del mundo organiza la marca de zapatillas para unir los diferentes intereses de su público, muchas veces enlazándolo a la música. El ambiente era entusiasta desde temprano, con cientos de jóvenes llegando en sus tablas, apasionados al recibir lijas para ellas, y hasta con un estacionamiento con ese fin. Había sol, había piruetas, aplausos y vítores, aunque la música que sonaba no tenía mayores líneas de dirección que el ser un acompañamiento. Al mismo tiempo podía sonar Limp Bizkit, un sucedáneo irreconocible de Millencolin, o el rap de Lupe Fiasco o Future, pero era la competencia la que emocionaba a muchos, mientras otros en los intermedios practicaban sus mejores trucos con la tabla, sin ademán más que el rodar y caer.

En medio de eso se fraguaba el regreso de METZ. La banda paseaba a media tarde por el recinto desde el escenario a un camarín al lado del proscenio, pero la reja que separaba este espacio del resto del mundo era muy baja y permitía que cualquiera viera esos movimientos. Y ahí, en esa previa, entre skates y un conductor dirigiendo la atención a la competencia, Alex Edkins, Chris Slorach y Hayden Menzies compartieron hasta pastelillos con la gente, vendieron sus propios vinilos, e incluso firmaron baquetas. Todo muy familiar y pulcro, todavía lejos de la hora convenida, y con gente emocionada en diferentes esferas, sea arriba de la tabla, en las gradas o conversando con la banda canadiense que se veía descolocada en esa espera antes de entregar su show. Las bestias parecían estar dormidas.

Más tarde, previo a la final del campeonato de skate, parte del público hacía fila por fotos retocadas por la ilustradora Catalina Bu para ver el trabajo de tatuadores sobre tablas de skate, o para tener poleras serigrafiadas, pero cuando el campeonato culminó pasadas las 5 de la tarde, la ansiedad llegaba y también la gente que sabía que todo cerraría con METZ. La inquietud sobre las rejas que cercaban el skatepark se transformaba en enojo cuando la primera información que se repetía era que las rejas no se moverían, que los skaters casuales seguirían utilizando el skatepark y que habría que ver el show a una distancia irrisoria. Además, otra información indicaba que METZ no tocaría a las 18:30 hrs. -lo que se había anunciado de forma extraoficial-, sino que un rato antes. Uno de los dos datos estaba errado.

La gente se acumulaba detrás de las rejas y la ansiedad subía, sin embargo, a las 18:10 alguien de seguridad llegó a cortar un alambre para abrir las cercas y dejar el paso a la cancha, que era en rigor una sección del skatepark, donde se instaló el escenario. Con avidez, la gente terminó llenando el frente del escenario y parecía perfecto también el espacio para el mosh, que luego sería regla para observar el show. Y si la información de las rejas terminó siendo mentira, la de que la banda tocaría antes sí que se materializaría, porque el trío se subió al proscenio a las 18:15 hrs. para comenzar con su intenso set, el único que darían en esta visita a Sudamérica. El sonido era demoledor, más que en su debut en el Teatro La Cúpula en el Sub Pop Festival en 2014, y el sol que amainó ayudó a que nadie quedara ciego al aire libre viendo a la banda que despachaba los primeros tracks de su disco debut homónimo, “Headache” y “Get Off”, siendo introducción clara a las características del sonido de los de Ottawa: agresividad, pulso constante, líricas furiosas y, aun con ello, un sentido melódico innegable. Las bestias estaban sueltas.

Luego pasarían al material de “II” con “Spit You Off” o la densa “The Swimmer”, ambos sencillos que cerrarían una trilogía de rabia y energía directa con “Eraser”. Estas ganas se traspasaban a un público que mosheaba o que agredía las rejas moviendo todo, hasta chocando con el escenario, algo que incluso debió paliar la seguridad del evento, gatillando que algunos gritaran en contra de la fuerza policial, no necesariamente los vítores más cercanos a lo que expresa METZ (más ligados a la angustia y los sentimientos internos) o lo ocurrido en la jornada (con entusiasmo adolescente más deportivo que rabioso). En todo caso, cada elemento sumaba intensidad y niveles de diversión ante un número indeterminable de gente que, tal vez, podría haber sido más, en especial notando durante la semana la gran cantidad de personas que no tuvieron entrada para ir. Todo podría haber sido aún más emocionante.

La banda no andaba con medias tintas, y cada track denotaba a Alex más y más sudado, con el cabello empapado a mitad de show, mientras había momentos más y más animales, con la gente volviendo a la carga de la reja frontal en “Acetate”, cuyos beats más intensos daban pie a señas más primitivas, las que luego se diluían en la turbiedad y oscuridad de “Nervous System” o “Knife In The Water”. Antes de “Wasted”, Chris dice que no van a “hacer la porquería de salir del escenario para luego volver a tocar un poco más” y que entregarían todo lo que tenían en los últimos tracks, lo que se notó de inmediato.

Este show fue una parada intermedia entre las fases de su actual gira, aislada y hasta inentendible, pero ello hacía que cada detalle pudiera verse como un elemento inconexo, como una historia diferente, mal que mal el contexto ya era lo suficientemente especial como para no esperar que hubiera una imagen estática. El mosh, el escenario, la reja, la plataforma del VIP, todos eran espacios casi delimitables con fronteras escritas, y aun así conformaban un todo que simplemente parecía ser la concretización de la fuerza animal que tienen los recovecos áridos de la música de METZ, que con “Wet Blanket” cerró 65 grandiosos y bestiales minutos que transformaron, por un rato, a un skatepark en un teatro de situaciones paralelas y en un epicentro musical, como pocas veces podemos ver. Ahora las bestias pueden descansar, hasta una próxima ocasión.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Headache
  2. Get Off
  3. Spit You Out
  4. The Swimmer
  5. Eraser
  6. Wait In Line
  7. Dirty Shirt
  8. Acetate
  9. Kicking
  10. Nervous System
  11. Knife In The Water
  12. Wasted
  13. The Mule
  14. Wet Blanket

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